“Escribir es como estar con alguien en tiempo real”

Si una librera se enamora de una novela, no se cansará de recomendarla. La mantendrá viva, temporada a temporada, selección a selección, y tendrá siempre argumentos a mano para defender su lectura, no ya entre lectores convencidos, sino entre escépticos y contra prejuicios.

A Rosa Rojas-Marcos, de Yerma Librería, le pasó con Una madre (Siruela), la historia de Amalia y sus tres hijos que ha marcado un punto de inflexión en la trayectoria de Alejandro Palomas.

A su paso por Sevilla para la promoción de Un perro (Destino), escritor y librera han compartido presentación y conversaciones. De una de ellas, hemos sido testigos.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 10 MAR 2016

Sentados frente a frente un viernes a mediodía, después de cerrar la persiana, librera y escritor conversan sobre esa conexión que, a veces, se establece entre librería-libro-lector.

En un determinado momento, Rosa Rojas-Marcos le comenta a Alejandro Palomas: “te voy a decir un piropo. Eres autor de librería pequeñita, aunque a todos os guste vender en grandes superficies”.

Él asiente y confirma: “soy de librero y de librera. Soy material de librería”.

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) está recorriendo la geografía española para presentar Un perro (Destino), la novela que retoma las vidas de Amalia, Fer, Silvia, Emma (y el recuerdo de la abuela Esther). Estos personajes nacidos con Una madre (Siruela) han marcado un antes y un después en la trayectoria de este escritor, traductor y poeta.

El libro va ya por la 9ª edición y comparte espacio en las librerías con la nueva entrega sobre la historia de una familia sin apellidos, que ha enganchado a los lectores por su naturalidad, por las torpezas y los desórdenes de unos seres más personas que personajes, por la vida en tiempo real y el tiempo más pausado de las reflexiones. Por la risa que surge y por la emoción de la palabra justa en el momento preciso.

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Esta familia ha enganchado a los lectores por su naturalidad y cotidianeidad

¿Qué hubo antes? La escritura de once novelas, algunas de ellas premiadas o finalistas, como El tiempo del corazón (2002), El secreto de los Hoffman (2008) y El tiempo que nos une (2011) y la búsqueda de sello editorial: “He tenido que llamar a muchas puertas y he recibido muchos portazos en la cara, que me han ayudado mucho por otra parte”.

También un recorrido como traductor y otra búsqueda más interna, la de una voz poética. “Lo que más me interesaba era la poesía pero no me atrevía a escribir porque no encontraba la voz. Me daba mucho reparo. Así como con la narrativa soy muy suelto y muy descarado, con la poesía… ¡ay! No puedes jugar. Hasta que un día la encontré”.

Lo que vino después fue el calor del público. La traducción de su obra a diez lenguas. La publicación de Un Hijo (La Galera Editorial), que no tiene nada que ver con la familia, a pesar del título. La reedición en bolsillo de El tiempo que nos une (Destino/Booket).

Hoy, el nombre y los títulos de Alejandro Palomas resuenan en prensa, blogs y redes sociales. Hay quien lo tilda de “fenómeno silencioso”, otros de fenómeno sin calificativos. Él prefiere hablar de “un ritmo pequeño y constante”, de “mucho trabajo”.

“El último año y medio ha sido de mucho curro, de ir a todas partes, hablar, convencer, hacer el actor por todos lados. He tenido que ser actor, director, productor”.

Alejandro Palomas visitó Sevilla, Granada y Málaga de la mano del Centro Andaluz de las Letras y, a su paso por la capital andaluza, se celebró esta conversación-entrevista entre la librera y el escritor.

ROSA ROJAS-MARCOS: Llevo 22 años con la librería y, cuando un libro te llama, raramente te equivocas. Una madre me llamó. Lo leí y empecé a recomendarlo. Para mí era muy señora Dalloway, muy Virginia Woolf, pero con toques actuales de nuestra sociedad. Cada vez había más gente que me decía ¡qué bueno! ¿quién es este escritor? El cliente asiduo de la librería lee lo mismo que tú, se hace fiel a algo que está en tu misma línea, que es coincidente.

ALEJANDRO PALOMAS: Para mí fue una sorpresa. Siruela es una editorial pequeña, apostó por la novela lo mismo que por otra novedad, pero yo tenía muchísima confianza en Una madre. Empecé trabajando mucho y apostando mucho. Me decía: esto es la caña, esto tiene que gustar a la gente, no puede ser que no guste. Me daba miedo el sentido del humor porque es muy heavy, muy mío, a ver si no lo van a entender. Pero la gran sorpresa fue que todo el mundo se meaba de la risa. Si te paras a pensar, Amalia está diciendo unas burradas todo el rato, es tan políticamente incorrecta… Menos mal que ese sentido del humor se lo he puesto a ella porque está perdonada de antemano. Se lo pongo a Silvia y sienta a cuerno quemado.

RR-M: ¿En todas las novelas has tenido esa sensación de “me ha quedado muy redonda”?

AP: Antes, con El tiempo que nos une.

RR-M: ¿Y después?

AP: Sí. De otra manera pero sí. Esto lo puedo defender a muerte donde sea. Eso da mucha tranquilidad porque si tengo alguna duda se me nota enseguida.

“La experiencia del lector y mi experiencia es exactamente la misma”

RR-M: Con Una madre se ríe y se llora. Lo dice muchísima gente y es algo que pasa muy pocas veces, que se te salten las lágrimas con un libro y que te rías de verdad.

AP: Pero eso es lo mismo que me pasa a mí. La experiencia del lector y mi experiencia es exactamente la misma. Entiendo muy bien lo que dices, entiendo muy bien dónde te ríes y dónde lloras porque es donde he llorado yo y donde he reído yo. Lo bueno es que se puede hacer esto, eso es lo bestia…

RR-M: Que tú rías o llores tiene su lógica porque para ti lo escrito tiene muchas más implicaciones que para nosotros pero que consigas transmitírnoslo…

AP: Claro, eso es lo curioso, ¿no?

RR-M: Eso es lo difícil. ¡Es lo que me parece la parte artista del escritor!

AP: Me parece curioso, no difícil, porque tampoco he hecho mucho esfuerzo adicional. He escrito y he contado lo que iba viviendo. Mientras lo iba contando, me iba pasando porque yo estaba actuándolo. ¿Me explico? Es un poco raro. Escribir es como estar con alguien en tiempo real.

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Imagen promocional del autor con Rulfo, su perro

RR-M: Estoy enamorada de Una madre y creo que conseguía lo que no consigue Un perro, quizás porque esas historias ya me habían emocionado en su momento, cuando las había leído en Facebook.

AP: Colgué en Facebook cuatro posts de Rulfo conmigo y tres de ellos están en la novela, son importantes. La gente que me sigue en Facebook ya los había leído, los conoce y le resta el factor sorpresa pero hay mucha gente que no me sigue en Facebook ni me conoce.

“Hay mucha gente que me sigue en redes que no me lee fuera”

RR-M: ¿No crees que la mayoría de tus lectores sí te siguen en las redes?

AP: No. Hay mucha gente que me sigue en redes que no me lee fuera. Este es el peligro de las redes. Que todo lo que es, no es. No hay cifras reales nunca, es un magma. Hay mucha gente a la que no conozco y hay otra que me sigue pero que no se da a conocer. Cuando lo hacen, es, a lo mejor, en una presentación, fuera de las redes.

RR-M: Las redes tienen su parte buena, porque puedes hacerte tu propio marketing, pero también un peligro que me llega como librera. Tengo clientes que se forman una determinada imagen de ti y me ha costado decirles: no hagas caso, léete el libro.

AP: No lo puedes controlar todo. ¡Es tan complicado! Es el riesgo de hacer las cosas y de no hacerlas. Hay que asumir el riesgo. Lo que sí te digo es que mi siguiente novela será sorpresa. No voy a poner nada en Facebook. Nadie sabrá nada hasta que aparezca, nadie tendrá ninguna información de antemano. Ya lo he visto ahora, que se crea como una expectativa y no quiero. Voy a jugar al despiste total y absoluto.

Ficción y realidad

El narrador, Fer, escribe en Un perro: “Ficción y realidad no compiten: trabajan a cuatro manos como el poli bueno y el malo, juntas y muchas veces también revueltas, porque ambas mezclan deseos, recuerdos, años, sorpresas, tránsitos, las experiencias comunes y las no compartidas”.

La duda en torno a cuánto hay de biografía y cuánto de imaginación en las novelas y en los personajes de Alejandro Palomas es una de las preguntas más recurrentes en presentaciones y entrevistas.

RR-M: ¿Cuánto hay de tu familia en estas novelas?

AP: Hay mucho, aunque no en el orden que parece. Hay muchos datos familiares que mezclo y voy sacando, los voy repartiendo, reduciendo y no están donde deberían estar.

RR-M: ¿Y ellos qué dicen?

AP: Están encantados, se divierten mucho. Piensa que no es reconocible. Para quien nos conociera, no reconocería ni esos datos ni esas situaciones en cada uno de nosotros. Hay muchas cosas que han pasado en la novela que no han pasado nunca, y que me parece que tendrían que haber pasado, y hay otras que sí han pasado y que no las pongo porque no me gusta que hayan pasado. Es como reescribir tu historia familiar a tu gusto.

RR-M: ¿Es cierto que Un hijo la escribiste sentado en un pupitre, con lo alto que eres?

AP: Necesitaba mantener la visión de nueve años. Mido metro noventa, no tengo esa perspectiva física. Fui a un colegio y pedí prestados una silla y un pupitre. Durante el tiempo que estuve escribiendo, me sentaba ahí. Era muy difícil porque no cabía pero estaba a esa altura, veía cosas que normalmente no veo. Iba a la ventana y veía mucho cielo. Pensaba: ¿cómo llego a los muebles de la cocina?, ¿cómo hago? Todo era distinto. Fue muy interesante. Además, había cierto dolor en los huesos y me gustaba tener ese dolor porque me mantenía en el papel. Me duelen los huesos porque estoy en un pupitre de un niño de nueve años, mi mente estaba refrescando eso. Este caso es el más gráfico de cómo actúo mis personajes.

“Cuando leo, quiero salir de mí un rato para volver a mí de otra forma”

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Alejandro Palomas, a su paso por Yerma Librería

RR-M: En Yerma tenemos una sección de psicología y hay muchas publicaciones y demanda sobre terapia narrativa. Al leerte, siempre me pregunto ¿cuánto habrá expuesto de sí mismo? ¿le habrá servido positivamente?

AP: Me sirve mucho porque comprendes y te sitúas, te quitas de aquí y pones de allá, juegas mucho, juegas con tu árbol y te diviertes. Me lo paso muy bien. Ese pasármelo muy bien lo nota el que lo lee porque lo que quiero es que la gente se lo pase bien. Esa es mi preocupación. Que te lo llores, que te lo rías, que te lo estrujes, pero que te lo pases bien siempre porque, cuando leo una novela, lo que quiero es pasármelo bien. Soy así de bruto. Y cuando digo me lo paso bien, me da igual si es sufrido, pánico, me da igual pero, cuando leo, quiero salir de mí un rato para volver a mí de otra forma.

RR-M: Siempre he pensado que la lectura es una búsqueda de placer. En un momento la necesitas de una determinada manera y en otros, de otra, pero búsqueda de placer total y absoluta.

AP: Exactamente. Y eso es lo que no se te puede olvidar nunca. Hay gente a la que se le olvida y luego se queja. Siempre estoy pensando quién hay al otro lado porque estoy escribiendo para alguien que no soy yo. Si tengo que escribir para mí, no escribo, me lo digo. Lo bueno es que los que están fuera lo perciben como tú quieres que lo perciban y hay como una súper empatía. Te sientes muy acompañado.

RR-M: Lo que también nos pasa es que no sabemos separarte del narrador, de Fer. Tú sí sabes dónde está la separación.

AP: Es lo complicado. Si no supiera dónde está la separación, no podría escribir. Me volvería loco. Lo hago porque sé perfectamente que él es él y yo soy yo. Además, no hay mucho que ver entre el personaje de Fer y yo. Curiosamente, es con el que menos tengo que ver, por eso lo puedo trabajar tan bien. Cuando estoy metido en faena, sí soy Fer y lo soy mucho porque si no, no me lo creo. Vivo como él pero, cuando termino la novela, se acabó. Ya no soy él. Es el más alejado, soy mucho más Amalia, muchísimo más, pero con Fer no me cuesta nada. Lo actúo, lo encarno, lo hago y salgo. Ya está. No es el personaje al que echo de menos cuando no está. Echo de menos a los demás. Soy mucho más todos los demás. Él me ayuda a narrar. Me pongo en él como si me pusiera en un guante, voy manejando pero salgo y Fer se queda en el guante. Los demás, no. Los demás se vienen conmigo. Por eso sigo con ellos, no con Fer. Sigo con ellas tres todo el rato.

“Hay muchos periodistas que no saben con qué compararte y van preguntando para ver qué pueden sacarte y relacionarte así con algún autor o con algún título”

RR-M: Te escucho y me estaba acordando de Lola Herrera, cuando tuvo que dejar de representar Cinco horas con Mario porque el personaje no la abandonaba 

AP: ¡Fíjate! En Granada, la librera-presentadora me dijo: he leído Un perro y me parece como Cinco horas con Mario. ¡Qué fuerte! Muchas veces me han dicho que El tiempo que nos une es como Bernarda Alba y, es verdad, es muy Bernarda Alba. Y ella me dijo que todo el rato tenía esa sensación. Estos aquí sentados, dando vueltas, no hay un cadáver pero están ahí, alrededor de una mesa, hay como una llamada que tiene que llegar, hay una tensión… Esto me encantó. Le di las gracias y le contesté que esto lo voy a usar en alguna entrevista porque hay muchos periodistas que no saben con qué compararte, con qué relacionarte y van preguntando para ver qué pueden sacarte y relacionarte así con algún autor o con algún título. Yo no les doy nada porque no sé con quién me relaciono. No me relaciono con nadie.

RR-M: Te he visto de tú a tú, en la Feria del Libro de Sevilla, y también en las presentaciones en grupo y tienes una conexión con la gente muy, muy fuerte. ¿Es parte de tu personalidad o forma parte de tu marketing de escritor? 

AP: Siempre he sido así, lo que pasa es que antes no lo compartía. Soy delante de cincuenta o cien personas como antes era delante de tres. Antes no me exponía pero no tengo vergüenza ninguna. Tendría vergüenza si tuviera que crear un personaje y ver si gusta o no. No construyo nada, ya construyo en las novelas y con eso tengo bastante. En la cena en Málaga hablábamos de política y me pregunto porqué no hay ningún político que sea, no populista, que esto ya sabemos lo que es, sino natural. Que sea realmente natural.

“Me gusta la escritura, me gusta la lectura, me gusta esa parte de la ura pero ¿la literatura? ¿y la teoría sobre la literatura? ¡uy, qué pereza más grande!”

RR-M: En nuestro sector también hay poca naturalidad y mucho clasismo cultural. Hay gente que necesita alardear de conocimientos continuamente. 

AP: Cuando la gente se pone a hablar de literatura, no me interesa. Me gusta la escritura, me gusta la lectura, me gusta esa parte de la ura pero ¿la literatura? ¿y la teoría sobre la literatura? ¡uy, qué pereza más grande! Me aburre mucho el ruido, la gente que hace ruido por ser algo más que ruido. Esto no me interesa nada. La gente debería aprender a callarse un poquito, más a tiempo.

Contar antes de hora

Una de las frases de la abuela Esther en Un perro es “contar antes de hora es asfixiar el corazón”. Aún sabiéndolo, le pregunto al escritor si no piensa que continuar con la familia le puede conducir al agotamiento creativo.

AP: No quiero pensar mucho en los previos. Cuando me ponga a escribir, haré lo que me da la gana. Si lo siento aquí (se señala el corazón) pasaré por todos los peligros, por todos los riesgos, no escucharé a nadie, me caeré. Si no lo siento aquí, no lo haré. Intento que mi cabeza no piense mucho en eso, intento guiarme por la intuición. Tengo una portada y esa va a ser la portada de la novela que escribiré.

“Creo que voy a seguir con la familia porque hay algo que no he tratado nunca en una familia y pienso que es el momento de tratarlo conmigo mismo”

RR-M: ¡Qué gracioso que empieces por la portada!

AP: La portada es tan explícita que ya sé hacia dónde voy. Si lo veo y me llama, me enamoro y se ha acabado. Tengo que descubrir que hay dentro. Ya he descubierto cuál es la portada, he descubierto cuál es el título, está muy cantada la historia, está muy cantado hacia dónde voy. Creo que voy a seguir con la familia porque hay algo que no he tratado nunca en una familia y pienso que es el momento de tratarlo conmigo mismo y a través de eso. Y creo que va a salir muy bien, aunque es pura intuición porque no sé ni cómo lo voy a hacer. En la medida en que no sé cómo lo voy a hacer, va a ser muy intenso. Pensaré: no voy a ser capaz pero lo voy a hacer y lo voy a sufrir tanto, voy a estar tan emocionado en cuanto salga la primera frase… que me va a dar igual todo. Y la primera frase ya sé cuál es.

FOTO de portada: Versos de ‘Hábito (III)’, poema perteneciente al poemario Aunque no haya nadie (Baile del Sol)

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