Alicia Bululú: “Imaginar es un lenguaje”

Lo de transportar cuentos en la maleta no es tan sólo un recurso escénico para Alicia Bululú. Cuando esta cuentera se viste y respira como Alicia Remesal, de su bolso también salen esos objetos llamados libros, que devora de tres en tres y a los que atribuye algún que otro poder mágico, como la emoción, la reflexión y la imaginación.

Se nota que Alicia Bululú está acostumbrada a ganarse a su público con las palabras. Pocas personas son capaces de expresar con tanta naturalidad y tanta pasión porqué los libros, los cuentos, las historias, son tan importantes en nuestras vidas.

Llego a ella por invitación de la librería El Molino de Cienta. Cuando la entrevisto, lleva tres libros en el bolso, está representando su primera obra de teatro como actriz profesional (‘Los Monólogos de la vagina’, de Eve Ensler) y prepara nuevos proyectos para este otoño, como la VIII edición del FINOS, la programación estable de cuentacuentos en la Biblioteca de Montequinto, además de proseguir con una agenda cargada de actividades y sesiones.

Fue hace tres años cuando Alicia Remesal decidió convertirse en Bululú. Tras casi una década implicada con la compañía Bi Blio BLA, trabajando con una cartera de editoriales en campañas de animación a la lectura y con un ritmo frenético de producción, decidió emprender una carrera en solitario.

Con Bi Blio BLA teníamos una cartera de muchas editoriales, once o doce editoriales distintas, y trabajábamos con distintas áreas de los Ayuntamientos, con colegios, bibliotecas. El volumen de trabajo era agotador y poco rentable, tenías que montar sesiones a pedido y era efímero porque no volvías a trabajar con el mismo libro”, recuerda Alicia, quien tiene muy claro que ha ganado “calidad laboral” con la independencia.

Me siento muy identificada con el personaje solitario que va de un sitio a otro llevando la palabra o el arte

Los bululús eran artistas que venían de la disolución de una compañía y terminaban asumiendo todos los papeles. Yo estaba haciendo eso en mí, el papel comercial, artístico y viajando muchísimo. Era una bululú, que iba de camino en camino contando historias. Me siento muy identificada con el personaje solitario que va de un sitio a otro llevando la palabra o el arte”.

Ahora puedo tener un montaje de cinco meses de una obra de títeres, antes era impensable. Estoy satisfecha porque la calidad de creación es maravillosa, me reenamoro una y otra vez de las sesiones de cuentos, el poder investigar, leer, escribir reseñas de libros, viajar”.

Alicia Bululú mantiene un diálogo constante con los libros. FOTO: Producciones Green

Alicia Bululú mantiene un diálogo constante con los libros. FOTOS: Producciones Green

Libros y narración oral

Alicia trabaja de forma habitual en la Biblioteca Los Carteros, además de en librerías como El Oso y su Libro (en las imágenes) y en La Extra-Vagante (Alameda de Hércules). En ella, la relación entre libros y narración oral es muy fuerte. “Yo no podría contar cuentos si no existiesen los libros”, asegura.

Vivimos en un tiempo en el que estamos muy desvinculados de las historias que se contaban antiguamente. Si no hay una investigación profunda desde el punto de vista antropológico, filológico o etnológico, no vas a tener historias a mano que te hayan contado y que puedas seguir compartiendo -explica-. He encontrado las historias en los libros. Es un diálogo constante, cuento álbumes ilustrados que son obras de arte que merecen la pena”.

Además, “los libros también son necesarios para dejar registro de versiones, de historias que cada vez se cuentan menos, y son un medio para conectar con la oralidad viva que tiene la gente. Hay cuentos de tradición oral que he leído y he ido a contarlos a sitios, y luego se me acercaba la gente mayor para decirme que se lo sabían de otra manera”.

A Alicia Bululú le gustaría poder contar más cuentos para adultos, que Sevilla se contagiase de la tradición que mantienen países como Colombia, donde la cuentería es todo un fenómeno, se estudia en la Universidad y las personas llenan los teatros por miles.

Pero, de momento, centra su trabajo en el público infantil. Compagina sesiones de cuentos con sesiones de títeres. “Siempre me han encantado las artes plásticas, poder construir y jugar con materiales, disfraces, atrezzos. Los títeres son el lenguaje del ritmo y del movimiento. No dialogan, se comunican a través del ritmo. Construir una historia contada con acciones, y no con el verbo, es un reto”.

“No sé imaginar”

¿Qué beneficios tienen los cuentos para los niños?, le pregunto.

Les ayudan a construir un imaginario que luego les permite conectar muy bien con la lectura porque ya están acostumbrados. Estamos en un momento en que la imaginación se da hecha visualmente, la tele, el iPad, el iPhone, todo tiene una construcción visual. Estamos destruyendo la capacidad de sentarse e imaginar”, lamenta.

Ha habido niños que me han dicho: yo no sé imaginar. De repente, esa palabra les viene grande porque no se han parado a pensar que pueden hacerlo. El ejercicio de imaginar es un lenguaje. Si tú tienes referentes a través de la oralidad, y eres capaz de construir un soporte imaginativo de lo que te están contando y estás creándote un mundo propio, luego cuando cojas un libro es más sencillo de sostener. Si conectas con el libro te va a hacer mucho más jugosa la lectura, vas a tener mucha más fluidez porque ya tienes ese aporte de imaginación”.

Para aprender a desenvolverse en el mundo, para encontrar soluciones en la vida, ante la depresión o la búsqueda de empleo, es necesario tener una construcción mental creativa

Alicia Bululú no se cansa de reivindicar la importancia del juego simbólico entre los más pequeños. “El juego simbólico se practica muy poco. Los niños han sustituido las agujas, los palos y la creación de mundos ficticios por el móvil. ¿Cómo van a pararse a pensar que la taza puede ser una casa o una cama cuando vivimos en una sociedad que te vende una cama mega X cósmica? Para aprender a desenvolverse en el mundo, para encontrar soluciones en la vida, ante la depresión o la búsqueda de empleo, es necesario tener una construcción mental creativa que te ayude a rehacer tu vida constantemente”.

Y hay más: “Si te lo dan todo hecho y no has sido capaz de jugar, ¿cómo vas a jugar luego en la vida? Cada vez hay más gente frustrada y creo que es falta de creatividad”.

Con semejantes argumentos a favor de la literatura, de la imaginación y de la creatividad, la última pregunta es casi obligada.

¿Escribes?

Sí pero no”, responde.

Tengo épocas. Hay épocas que soy una voraz escritora y otras en las que no. Una de las motivaciones para entrar en el mundo de los cuentos fue el de la escritura pero no me siento en la necesidad de ver publicados los cuentos, sino que son algo muy mío. Hay un cuento con el que llevo ocho o nueve años y no hay vez que lo lea que no diga “uy”. No sé cuántas veces lo he pulido”.

NOTA: Como esta sección se construye siguiendo las recomendaciones de los entrevistados, Alicia Bululú invita al escritor, director y dramaturgo Juan Arjona a ser el siguiente protagonista de este reportaje.

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