Los Carteros: Lectura y cultura a pie de calle

Una biblioteca pública es capaz de explicar los cambios sociales que experimentan los barrios y sus habitantes. La de Los Carteros, ubicada en el distrito Norte sevillano, ha registrado el envejecimiento de esta zona y el traslado de las nuevas generaciones a Entreparques (que también cuenta con su propia biblioteca). Constató cómo, durante los primeros años de crisis económica, la lectura se convertía en la única posibilidad de ocio veraniego para muchos vecinos. Por no hablar de los cambios tecnológicos, que han reorientado su labor hacia los lectores ocasionales porque los fieles han mudado sus hábitos.

La Biblioteca Los Carteros abrió sus puertas en 1993, en el barrio y en el centro cívico del mismo nombre. Un artículo del periódico ABC de aquella fecha refería que era la cuarta biblioteca municipal que entraba en funcionamiento, después de las de Triana, Polígono Sur y San Jerónimo.

Clara Sánchez y Mercedes Aguilar llevan trabajando juntas en ella desde 1999. Carmen Llacer se incorporó en 2004 y las tres son el rostro visible de un espacio que, en 2014, realizó 18.925 préstamos y recibió 51.716 visitas.

Una biblioteca que, por las mañanas, es ocupada por estudiantes y opositores, mientras que por las tardes el uso es más infantil y familiar, sobre todo los miércoles, con el veterano programa de cuentacuentos que está en marcha desde 1998. Un centro que ha hecho malabares ante el recorte presupuestario y la falta de novedades rotando algunos de los 9.000 ejemplares de su colección, y que sitúa a las actividades y su continuidad en el centro de las prioridades. En una ciudad que tiende al centrismo en su oferta cultural, son la única opción para que vecinos y usuarios se acerquen a distintas propuestas artísticas, de la música clásica a la fotografía.

Son, como ellas dicen, una biblioteca a pie de calle, que ha ido ajustando sus ritmos al de los usuarios y que se beneficia del trasiego continuo de gente en el centro cívico, “un centro neurálgico para la población”, el único referente social y cultural de un barrio trabajador y humilde.

De las colas a la recomendación personal

Hay una parte del trabajo bibliotecario que es común a todas las integrantes de la Red Municipal de Bibliotecas de Sevilla: préstamos y devoluciones, catalogar y expurgar o tramitar los carnés. Las mayores diferencias entre unas y otras se encuentran en cómo destacan y organizan sus fondos, en las actividades que proponen y en la personalidad que se va creando, mezcla de quién trabaja y quién la frecuenta.

En Los Carteros, el trato es muy cercano, el silencio y el ruido se gestionan con paciencia y comprensión, y se apuesta por ofrecer al barrio lo que habitualmente no tiene.

Sus bibliotecarias todavía recuerdan cómo, antes de que entrara en funcionamiento Entreparques, las colas para el préstamo daban la vuelta al edificio del centro cívico. Hoy, sus principales usuarios son niños y mujeres mayores de 40 años.

En los últimos años, reconocen que “hemos perdido grandes lectores. Aquellos lectores que venían cada semana y se llevaban cuatro libros, que tenían muy claro lo que querían leer, los hemos perdido por el libro electrónico. Ahora trabajamos más con el lector indeciso, que tienes que guiar. Lectoras que vienen y les gusta pedirnos recomendación, comentar sus impresiones”, explica Clara Sánchez.

En Los Carteros comenzaron a crear una colección de álbum ilustrado, que ha dejado de crecer ante los recortes presupuestarios

En Los Carteros comenzaron a crear una colección de álbum ilustrado, que ha dejado de crecer ante los recortes presupuestarios

Para los niños, empezaron a crear una colección de álbum ilustrado, que ha parado de crecer por los recortes presupuestarios; reciben algunas donaciones ciudadanas y se han esforzado por mantener las sesiones de cuentacuentos, sí o sí, pese a las dificultades, “porque hemos visto la trayectoria. Es un programa que consigue crear lectores y usuarios de la biblioteca”.

En 2014, Los Carteros tenía 1.700 socios infantiles.

Alicia Bululú trabaja habitualmente aquí y destaca la implicación de estas tres profesionales. “Podrías tener a un bibliotecario que te dijese que esa no es su responsabilidad, pero ellas son espectaculares, hacen las labores de bibliotecarias y de dinamizadoras culturales, dinamizan los fondos como pueden y están ahí, al pie del cañón, intentando ofrecer una programación buena y equilibrada”.

La cultura y la lectura forman gente independiente, con conciencia, sensible y con un pensamiento críticoAlicia Bululú

Para esta cuentera, “los beneficios que tiene una hora de cuento son muchos. La capacidad de expresarse lingüísticamente, en los diálogos, en la escucha. Los niños se sostienen en una conversación a nivel de atención”. “Crear el hábito lector en un barrio es fundamental. La cultura y la lectura forman gente independiente, con conciencia, sensible y con un pensamiento crítico”.

Una tendencia que han apreciado en los últimos años es que las madres y los padres, en la veintena o treintena, “están más implicados con el fomento del hábito lector entre los niños que con sus propias lecturas”, mientras que los jóvenes son esa “franja crítica” que más que leer, picotea. Ellos usan más la biblioteca para estudiar y las lecturas obligatorias, para el préstamos de películas y música.

Respecto a los adultos, Mercedes comenta que sus usuarias más asiduas son mujeres mayores de 40 años, la mayoría amas de casa, que tienen incorporada en su rutina la biblioteca y el centro cívico. “Son muchas las ventajas de estar en un centro cívico porque hay mucha gente que no vendría a la biblioteca si estuviese aislada. Vienen a bailar, a hacer deporte o a pintar y, de paso, se acercan a la biblioteca, les recomendamos un libro, lo comentamos, se lo cuentan a otras compañeras y empiezan a valorarla cuando la descubren”.

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Ante los recortes, imaginación en la rotación del fondo

La lectura tiene, así, una función social. “El trato personal es muy importante. Hay mucha gente sola y los libros son una gran compañía”.

Les pregunto si los usuarios han protestado por la falta de novedades. “Continuamente. ¿Seguimos igual, no?, nos dicen”, cuenta Clara. “La gente se engancha a las novedades, atraen porque es como un escaparate, los libros nuevos son un gancho”.

Muchas veces les decimos ¿cómo que no hay nada? Si tenemos más de 9.000 libros… Hay tanta buena literatura en la biblioteca, que te la pierdes. Ahora estamos leyendo más clásicos y de manera más relajada. Vamos moviendo el fondo y proponiendo temas: autores nórdicos, por ejemplo, la semana del terror o la semana de la botánica”, añade Mercedes.

Esta Biblioteca también mantiene una relación muy especial con la Escuela de Adultos San Diego-Los Carteros, que funciona en el Centro Cívico. Una de sus profesoras, Amparo Huertas, explica que este espacio les sirve como “complemento a todas nuestras actividades”, ya sea ofreciendo “pequeñas tertulias sobre libros concretos, recomendaciones de lecturas, además de para el estudio y el uso de ordenadores”.

Acceso a la cultura

La política cultural del anterior alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido (PP), dejó a las bibliotecas con escaso margen de acción para organizar actividades culturales. El presupuesto anual se redujo a 3.700 euros por biblioteca y año. Actualmente, entre diciembre y febrero no hay más programación que la que el equipo interno sea capaz de llevar a cabo por sus propios medios.

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La Biblioteca quiere ofrecer propuestas culturales de calidad

Mejorar esta situación es una de las prioridades para Los Carteros.

La gente de los barrios no se desplaza al centro para una actividad cultural, y menos la gente mayor. El centro es una excursión”, comenta Clara. “En esta ciudad hay lagunas, hay zonas completamente ajenas a los grandes eventos que hay en Sevilla”, añade Mercedes. “Este es un barrio trabajador pero no tiene un alto poder adquisitivo. En tiempos de crisis, deberían distribuir más y volcarse en los actos culturales de los barrios. La política cultural de atraer turistas está muy bien pero los sevillanos somos nosotros”, apostilla Clara.

Ante esa ausencia de propuestas culturales y artísticas, en esta biblioteca apuestan por organizar menos, pero de más calidad.

Con los niños, por ejemplo. “Tenemos relación con los colegios pero preferimos no tener muchas actividades escolares, de actividades manuales, porque eso ya lo cubren los colegios. Preferimos organizar algo que les impacte”. Y, con los adultos, lo mismo. “La gente no suele ir a conciertos de música clásica, por ejemplo, pero vienen a escuchar a Alberto y Beatriz, chelista y pianista profesionales, y hablan con ellos, preguntan, se preocupan”.

La falta de presupuesto ha provocado, además, que una de las actividades características de esta Biblioteca, que relaciona Botánica y Literatura, se haya expandido a otras bibliotecas, como Entreparques y Sevilla Este.

El conocimiento botánico lo aporta Clara y el literario, Carmen. Entre las dos organizan distintas propuestas, como la flor en el Renacimiento, en la poesía, los terrarios en la época victoriana.

Aprovechamos para seleccionar bibliografía de cada tema y, mientras aprendes una parte de la literatura, trabajas con flores y plantas, que es un tema muy terapéutico y relajante”, explica Clara.

Ambas defienden que las actividades son una forma de atraer nuevos usuarios. “Nos gusta proponer actividades desde la Biblioteca, vienen aquí, se establece una relación, hay una continuidad, se sacan el carné”. Y, sobre todo, porque “todo el mundo debería tener acceso a propuestas culturales de calidad”.

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