“No concebimos la práctica educativa sin biblioteca”

Hace ocho años que el C.E.I.P. Andalucía, ubicado en el Polígono Sur, decidió apostar por transformar el almacén de libros en una biblioteca que ejerciese como “centro neurálgico” de la acción educativa. Con 11.000 volúmenes, los propios alumnos eligieron su nombre, Biblioteca Fantasía, y qué animal querían como mascota, CanguLibro. Una de sus características es que los libros están en continuo movimiento: de la biblioteca a las aulas, del patio del colegio a las casas e, incluso, a las plazoletas más conflictivas de una zona marcada por la marginación y la pobreza.

Una biblioteca escolar no puede hacer milagros, sobre todo si actúa en una zona de exclusión social y analfabetismo, como son las barriadas Murillo y Martínez Montañés. Pero “sí hace magia. El primer libro que entra en las casas de muchos de nuestros alumnos sale de aquí y consigue que madres y niños lean cuentos juntos”.

En el C.E.I.P. Andalucía están convencidos de que la educación es motor de cambio y, desde abril de 2007, su biblioteca actúa como centro neurálgico. “No concebimos la práctica educativa sin la biblioteca”, asegura la directora, Ángela Molina. Su próximo proyecto: trasladarla a la planta baja del colegio y abrirla completamente al barrio. “Creemos que la biblioteca puede ejercer un papel de transformación, que la lectura y la escritura son una herramienta para el desarrollo comunitario y personal”.

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Fotograma de un reportaje realizado por el Observatorio de la Infancia

Pero empecemos por el principio.

Hasta 2006, no existía biblioteca como tal en este colegio. Era un almacén de libros. Ese año, el mismo en el que se declararon Comunidad de Aprendizaje para trabajar colectivamente profesorado y familias en beneficio del alumnado, un grupo de nueve maestros creó una Comisión de Biblioteca para limpiar, ordenar y hacer expurgo de materiales. “Teníamos muchas ideas pero nos faltaba formación”, recuerda Ángela Molina. La formación llegó, se catalogaron los libros, se diseñó el programa de dinamización y consiguieron ponerla en marcha.

Esta Comisión se reúne todas las semanas y, junto a Vanessa Zamudio, maestra especializada en bibliotecas escolares, la mantienen abierta durante las 25 horas lectivas del centro.

Le damos dos usos distintos. Cada grupo clase, desde Infantil hasta Primaria, pasa dos horas a la semana en la biblioteca. En una de las sesiones, el grupo de maestras de la Comisión preparamos una actividad, que tiene que ver con la formación de usuarios y alfabetización informacional”, explica Ángela.

Los libros están en continuo movimiento en este centro. FUENTE: OBSERVATORIO DE LA INFANCIA

Los libros están en continuo movimiento en este centro. FUENTE: OBSERVATORIO DE LA INFANCIA

La otra hora es de uso libre. Se destina, en primer lugar, al préstamo de libros. “Todos los días salen libros para casa. Al principio teníamos dudas, luego llegamos a la conclusión de que hay que cuidar los libros pero se trata de un material fungible que se desgasta con el uso. Y de lo que se trata, sobre todo en un contexto tan difícil como el nuestro, es de que los niños usen esos libros”.

Como trabajan por proyectos, y no siguiendo un libro de texto, “los proyectos de investigación también se hacen en la biblioteca y solemos programar tertulias literarias”.

La biblioteca es una parte esencial en los presupuestos anuales del colegio

En estos ocho años de funcionamiento, la biblioteca ha llegado a contener 11.000 volúmenes y los fondos se van renovando continuamente, ya que este espacio es parte básica en los presupuesto anuales, además de haber recibido donaciones.

Cada año, cuando empieza el curso, vemos que proyectos vamos a trabajar, el agua, el cuerpo, los animales, y la Librería Rayuela nos hace una selección bibliográfica –explica Ángela-. Primamos la diversidad y la calidad. Preferimos tener la libertad de elegir y confiamos mucho en el criterio de Rayuela. Las colecciones de las editoriales no siempre dan respuesta a nuestras necesidades”.

Promoción lectora

Esos fondos son utilizados en una serie de actividades que extienden la acción de promoción de la lectura por todo el colegio. La cartelera de cuentos es una de ellas. Una vez al trimestre, un grupo de quince personas entre familiares, maestros y alumnos más mayores seleccionan una serie de cuentos, se elaboran carteles de cada uno de ellos, se instala una taquilla simbólica y cada clase tiene que elegir qué cuento quiere escuchar.

También hay un programa de apadrinamiento lector, otro de lecturas compartidas, los niños redactan noticias para un periódico y este año quieren recuperar la animación a la escritura con la edición de libros colectivos. “Hemos hecho libros coeducativos, de aventuras, de los gitanos del mundo, sobre África y este año queremos volver a incidir en la expresión escrita de manera colectiva”. Y, además, siguiendo la petición de una alumna, cada día, a la hora del recreo, un mueble con libros sale al patio.

El fomento de la lectura se practica en cada rincón del colegio Andalucía. FOTO CEDIDA

El fomento de la lectura se practica en cada rincón del colegio Andalucía. FOTO CEDIDA

Hacemos una dinámica de sueños con toda la comunidad para que, después, esos sueños se hagan realidad. Una niña soñó que hubiese libros en el patio. Nos gusta que, dentro de un espacio de ocio, nuestros niños vean que la lectura es una opción más. Siempre desde la libertad. Hay días que ves cinco niños y otros, ninguno, pero los libros están presentes”.

Después de estos años de funcionamiento, el profesorado ya está plenamente convencido de los beneficios de incluir este espacio en sus dinámicas educativas y “a final de curso, hacemos una encuesta a todo el alumnado, incluso a los niños de tres años, en la que la biblioteca está extraordinariamente valorada”.

Su uso no es exclusivo de los alumnos, también se hace extensible a las familias, que tienen su propio carné de biblioteca. “Todavía es un grupo muy reducido pero ya hay familias que se llevan libros a casa. A raíz de la cartelera de cuentos, por ejemplo, hay una madre con una experiencia de vida muy dura, que dejó el colegio en Primaria, y que ahora se ha puesto a escribir sus propios cuentos y a contárselos a los niños”.

Aunque la tasa de fracaso y abandono escolar a partir de los 16 años sigue siendo alta en una zona marcada por la droga, el paro y la marginación, Ángela Molina destaca que ya ha habido alumnas que han acabado el Bachillerato o los ciclos formativos y han llegado a la Universidad; logros que se convierten en “ejemplos para sus propias familias. Y, como decimos, 1 es más que 0, así que el crecimiento es del 100%”.

Que la biblioteca esté abierta al barrio es el sueño de una comunidadÁngela Molina

Este proyecto bibliotecario ha podido salir adelante gracias a la “riqueza humana de un claustro que trabaja unido, vamos todos a una” y gracias a los premios recibidos por sus buenas prácticas, que llevaban asociada una cuantía económica. Durante un tiempo, contaron con el apoyo de la Fundación Cajasol y, actualmente, de la mano de una de las asociaciones que trabaja en el centro, han presentado un proyecto a La Caixa para que no se interrumpa la financiación.

Además, están pendientes de que el Ayuntamiento de Sevilla realice una obra para poder trasladar la biblioteca a la planta baja, ya que la sala actual no sólo se ha quedado pequeña, sino que “que la biblioteca esté abierta al barrio es el sueño de una comunidad”.

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