Vivir, leer, escribir, vivir (IV)

La búsqueda de la naturaleza de la poesía y los procesos de creación han generado no pocos versos y reflexiones a lo largo de la historia.

Tienes prisa por escribir, / Como si fueras con retraso respecto de la vida’, escribió René Char. “Sobre ese inmenso campo de la realidad experimentada pero no conocida opera la poesía. Por eso toda poesía es, ante todo, un gran caer en la cuenta”, razonó José Ángel Valente. ‘Para nosotros sólo está el intentar. / Lo demás no es asunto nuestro’, clarificó Eliot.

Como colofón a esta serie de reportajes y entrevistas, queremos acercarnos al proceso de creación, a ese momento en el que nace un poema, y luego otro y otro más, hasta que acaba construyendo un poemario que entra en contacto con el mundo exterior, a través de la publicación. Nos lo cuentan dos autores sevillanos: Braulio Ortiz Poole, que acaba de presentar ‘Cuarentena’ (La Bella Varsovia), e Iván Onia Valero, con ‘Hermanos de nadie’ (Karima Edición).

“Uno piensa que trabajando pronto puede llegar a la excelencia y todo es más lento”Braulio Ortiz Poole

Los poemarios de Braulio Ortiz Poole viajan de la oscuridad a la luz. FOTO CEDIDA POR EL AUTOR

Sus poemarios viajan de la oscuridad a la luz. FOTO CEDIDA POR EL AUTOR

Braulio Ortiz Poole (Sevilla, 1974) trabaja diariamente con las palabras. Es periodista cultural en ‘Diario de Sevilla’ desde 2007. Cuando decidió adentrarse en la literatura, lo hizo con la ficción. Una novela y un libro de relatos. Ya era lector de poesía, había escrito ripios en la infancia y versos en la adolescencia, pero optó por la prosa “porque me parecía que profanaba menos un territorio sagrado”.

Ese respeto mayúsculo (‘Un pobre idiota irrumpe en el Parnaso / No es digno de tomar ningún testigo’) desapareció ante “la necesidad de contar ciertas cosas, ciertos estados de ánimo. La necesidad de desnudarme me llevó a los versos y a trabajarlos. Vencí el pudor de estar exponiéndome”.

Se refiere a la rabia juvenil y sus búsquedas, que centran ‘Defensa del pirómano’ (EH Editores, 2007); a la muerte y sus huellas de ‘Hombre sin descendencia’ (Colección Vandalia, 2011); y al paso del tiempo y los balances de ‘Cuarentena’ (La Bella Varsovia, 2015).

Tres libros íntimos, “mi poesía pretende ser muy honesta, el autor se disfraza poco en ella”, con guiños entre ellos y una estructura común, que viaja de la oscuridad a la luz, de la confrontación a la reconciliación, de la herida a la cicatriz. ‘Primero viene un grito, después un poema’. Un proceso de depuración que dice que las razones que aparentemente no importan, también son razones.

Los tres tienen el mismo proceso. Empieza el autor dándose mucha caña, realiza un ejercicio de autoexploración muy descarnado y acaba aceptándose. Escribir hace que te entiendas y te toleres. Acaba siendo como una especie de terapia, de confesión de la que sales aliviado”.

Esa característica de espejo es la que marca la diferencia con otros géneros literarios. “Como prosista soy más cómico, no me desnudo tanto. No me lanzo tanto a las regiones oscuras del alma”.

Y también la que dicta los tiempos de escritura. Cuando está absorto en el proceso de creación, Braulio Ortiz Poole aprovecha las horas que le permite su trabajo. Al tiempo disponible, sólo necesita sumar café y una idea. “Hay escritores que sí tienen una liturgia para ponerse a escribir. Yo no tengo manías especiales. Escribo en una mesa de mi salón, con el portátil. Quizás sí necesito un poco de silencio”.

Optimized-poema

Estos versos hacen referencia a un texto de Mark Strand

Normalmente, tienes una idea, un par de versos, una imagen. Es un hilo del que hay que tirar”. Una foto antigua, el jugo de la naranja, unos versos ajenos. “Es un poco intuitivo, tienes algo claro pero vas forjándolo. Sabes el camino, no hay giros inesperados”. Por eso, trabaja siguiendo una estructura, un orden, aunque puedan surgir sorpresas. “Mantengo una estructura pero puedo ir añadiendo poemas. En ‘Cuarentena’, por ejemplo, se metieron en medio los poemas de amor. Me parecía interesante, en un libro que hablaba de los cuarenta años, mantener un diálogo con alguien más joven, una especie de diálogo clásico sobre el cuerpo y la juventud”. 

Pero, después de la exposición, se impone el silencio. “El barbecho”, como él lo llama. “No tengo prisa. Me concedo tiempo para volver a encontrar referentes y motivación”.

La intimidad que acompaña el proceso de escritura desaparece en contacto con los lectores, a través de la publicación. “Cuando recibes los libros es un momento muy feliz. Si racionalmente te paras a pensarlo, te preguntas: ¿porqué este lío de presentar libros, de hablar de ellos, de enseñárselo a la gente, como si fueras un maniquí en un escaparate?. Pero te pasan cosas muy gratificantes. Uno piensa que está solo en su piso, haciendo tonterías, y se da cuenta que llega a la gente”.

Todo ha sido como un engranaje en el que he entrado de manera inconsciente. El primer poemario salió con una editorial pequeñita de Jerez y el segundo con la Fundación José Manuel Lara, en la colección Vandalia. Escribí ‘Cuarentena’ y, cuando Elena Medel de La Bella Varsovia me preguntó si tenía algo, se lo mandé y ella, y Alejandra Vanessa, decidieron publicarlo”.

Aunque ‘Cuarentena’ es un ejercicio personal de ajuste de cuentas, también es hijo de su tiempo y recoge el desencanto de una generación “que no imaginaba que iba a vivir esta sensación de precariedad. El libro tiene ese desencanto como telón de fondo. Creo que hay una generación anterior que no nos ha dejado sitio, que se ha aferrado, pero no quería que fuese una acusación a otros, sino un ejercicio de alumbramiento propio”. 

Ahora Braulio está trabajando en dos novelas porque se concede tiempo para encontrar referentes y motivación.

Ahora Braulio trabaja en dos novelas porque se concede tiempo para encontrar referentes

Uno de los poemas preferidos de Braulio, uno de los que suele leer en las presentaciones es ‘Una joven promesa se enfrenta a su fracaso’. “El título es muy obvio. Te inculcan que hay que triunfar en la vida, una idea de éxito engañosa, cuando, más allá de los valores externos, es más importante la realización personal que muchas veces dejamos de lado. Es una poesía en cierto modo moral”. Pero no es sólo una reflexión sobre la ecuación éxito-fracaso, sino que también certifica cómo las palabras maduran con el tiempo.

Gané unos cuantos premios cuando era veinteañero, pensaba que todo iba a ser más rápido, más fácil y que mi obra iba a ser mejor. No hablo sólo de la repercusión externa, sino de la calidad de lo que escribes. Uno piensa que trabajando pronto puede llegar a la excelencia y todo es más lento”.

“La honestidad es leer mucho para escribir algo”Iván Onia Valero

Iván Onia firmando ejemplares de 'Hermanos de nadie' en la Feria del Libro

Iván Onia firmando ejemplares de ‘Hermanos de nadie’ en la Feria del Libro

El primer recuerdo poético de Iván Onia Valero (Sevilla, 1980) se refiere a Antonio Machado. No a unos versos sueltos, como muchos otros estudiantes de 3º de BUP, sino a las ‘Obras Completas’. Porque él es de completas: Jorge Luis Borges, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda, Félix Grande, toda la prosa poética de Francisco Umbral. Él es de subrayar y de anotar. De ir explorando hasta el más mínimo rincón de aquellos universos literarios que le hayan deslumbrado.

Hace mucho tiempo que no leo una novela. En cierto modo, sí echo de menos leer por leer, escribir por escribir. Ahora lo que voy buscando siempre son esos autores que me sienten a escribir, que te den ganas de superarlo y cada vez es más complicado”.

Así es la relación de Iván con la poesía. Permanente, absorbente, posesiva.

Antes del estallido de la autoedición y de las redes sociales, Iván Onia recopilaba sus poemas en una especie de cuaderno, creaba una portada con cartulina y “los llevaba a una imprenta para que me los cortara con una guillotina. Los recuerdo con muchísimo cariño porque me hacía ilusión regalárselos a los amigos”.

Confiesa que esa ingenuidad y naturalidad han ido desapareciendo a medida que la suerte, y el trabajo concienzudo en su cuarto (‘la oblea simple del folio, donde hiberna la esperanza de lo que puede ser’), han transformado la entrega solitaria en una voz expuesta.

A raíz de su blog Las puntas del tiempo, publicó su primera plaquette con Ediciones en Huida, titulada ‘Tumbada cicatriz’ (2011). Fue uno de los poetas andaluces incluidos en la antología ‘La vida por delante’ (2012) y los mismos editores de En Huida le ofrecieron publicar ‘Galería de mundo y olvido’ (2013).

Este ha sido un año de buenas noticias. Estrenó con ‘Hermanos de Nadie’ la colección de poesía del nuevo sello Karima Editora, proyecto emprendido por Sara Castelar Lorca, y, aunque no consiguió ganar el Premio Joven de Poesía Antonio Colinas, convocado por La Isla de Siltolá, su poemario ‘El decapitado de Ashton’ será publicado en 2016 por la editorial que dirige Javier Sánchez Menéndez.

Será un paso más, en un proceso que no ha sido buscado. “Publicar siempre ha sido una consecuencia, no un principio. Prefiero escribir bien a publicar. Una de las cosas malas que tiene publicar es que es inamovible. Como te equivoques, sabes que ese poema que está ahí, al pasar la página, te mata. Por eso, trabajo mucho más los poemarios”.

Un sentido de la responsabilidad y autocrítica, casi de otra época, que le lleva a “ser más exigente”. “Inconscientemente, vas adoptando una serie de mecanismos porque sabes que tendrás que recitar esos poemas, que la gente los va a leer”.

La mayor diferencia que he notado estos años es la paciencia. Antes quería empezar un poema y acabarlo en el mismo día y, ahora, no pasa nada si tardo meses. Un poema se sigue escribiendo guardado porque lo tienes en la cabeza y lo vas modificando. Corriges y corriges correcciones hasta que le coges asco al poema, literalmente”.

firma

Tras ‘Hermanos de nadie’, en 2016 aparecerá publicado ‘El decapitado de Ashton’

Iván escribe mucho de noche, primero dibuja un esqueleto o un borrador inicial. (‘Sin embargo, es dulce comprobarse tecla sola / en la noche, tocando tu misma nota una y otra vez / como un sonsonete o un aceite goteando. Individuo / que se va durmiendo dentro de su propia voz / con la nana que le canta’). Como es autónomo y tiene que desplazarse continuamente en coche, “me llevo el poema en el asiento del copiloto y lo voy corrigiendo. Lo vuelvo a imprimir con las correcciones y, al día siguiente, me lo vuelvo a llevar. Así, de noche y de día. De noche y de día”.

¿No es obsesivo?, le pregunto. ¿Excesivamente trabajoso? “Es trabajoso y apasionante porque, cuando algo te queda redondo, la sensación de ser el primer lector de eso es emocionante. Hay momentos en los que sabes que sí, que esa es la palabra y que la persona que lo lea va a sentir exactamente la sensación que estás describiendo”.

Este enfoque milimétrico le lleva a trabajar cada poema de una manera aislada, no con una estructura prefijada. “Soy lector y escritor de poemas, no de poemarios. Un conjunto de poemas buenos va a ser siempre un conjunto de poemas buenos”. Sin embargo, se ha propuesto un nuevo reto, fruto también de la evolución que está experimentando en la escritura, del verso a la prosa poética. “En el poemario actual, sí me he trazado una estructura y voy a escribir ex profeso para esos huecos”.

Su fijación son las metáforas. “Me ha deslumbrado siempre la unión de dos imágenes, dos realidades, que hasta que no las ves juntas, las desconocías. La esencia pura, pura, es una especie de luz, o de nacimiento, que tú no habías visto hasta ese momento”.

Con paso lento, ya lo habéis leído, noche y día, noche y día, Iván Onia considera que “para triunfar hoy en la poesía, en un momento en el que no hay corrientes, y todo es heterogéneo, además de escribir necesitas un personaje, una vida poética, que es lo que favorecen mucho las redes sociales. Importa cómo envuelvas tu poesía”. “Yo no tengo una vida poética más allá de la poesía. Me agotaría”.

Cuando se desconcentra, tiene una voz de alarma que le dice: “Iván, vuelve a tus principios, a tu cuarto, a tus completas. Vuelve a leer hasta que escribas algo en condiciones. La honestidad es leer mucho para escribir algo”.

Comenta