Una voz para las bibliotecas de Sevilla

Con independencia del resultado de las elecciones del 20-D, una de las conclusiones de la pasada campaña electoral fue que los grandes partidos políticos no dedicaron su tiempo a hablar sobre Cultura.

POR Sonia Domínguez / SEVILLA, 29 ENE 2016

Si descontamos las escasas referencias al IVA cultural, los debates sectoriales en algunas ciudades (por ejemplo, en el que se celebró en Sevilla no se habló ni un momento sobre lectura) y la atención de los medios de comunicación y numerosos blogs; muy poco se discutió sobre la gestión pública de la cultura, competencias y transversalidades, modelos de financiación, el papel de la ciudadanía o el paradigma digital.

Al silencio de los políticos nos hemos acostumbrado con más o menos resignación y fuerte escepticismo. Lo raro sería que hablaran de un asunto al que, el resto del tiempo, no dedican casi atención ni recursos.

En Andalucía, por ejemplo, el presupuesto de Cultura para 2016 representa un 0,54% del total. 168 millones de euros. (Un 1,5% de esta cantidad se destina a archivos y bibliotecas, mientras que el fomento de la lectura recibe un 0,28%).

Tras el silencio de los partidos políticos, se agazapa el silencio de la ciudadanía y la desconexión de la comunidad cultural con las bibliotecas

Pero, tras esta indiferencia política, se agazapan otras dos impresiones: el silencio de la ciudadanía, y la desconexión de la comunidad cultural con las bibliotecas y viceversa.

El ciudadano común ha dejado de entender la cultura como un servicio público fundamental, como esa herramienta eficaz que permite afrontar un presente complejo y en continua transformación. Ni opina, ni participa, ni exige. Es más, los que se animan a intervenir, suelen justificar los recortes porque la palabra cultura se relaciona, directamente, con subvención y con ayudas mal gestionadas.

De alguna forma, durante los años de bonanza, se ha puesto al sector y al producto cultural en el centro de las políticas culturales olvidando que es la ciudadanía el centro de ellas, la que debe sentirse protagonista y no un simple receptor que elige recepcionar o no, pasivamente, según sus intereses”, reconocía la Federación Estatal de Gestores Culturales en el Pacto por la Cultura aprobado en 2015.

La crisis económica y la transformación tecnológica está cambiando el día a día de las bibliotecas

La crisis económica y la transformación tecnológica está cambiando el día a día de las bibliotecas

Por otra parte, el ámbito bibliotecario está tan concentrado resolviendo sus propios problemas (recortes presupuestarios, el fin de la era del préstamo del libro y la resignificación de su propio concepto) que apenas sale de su isla. Y quien trabaja en el sector cultural (también con una larga lista de problemas) no suele incluir la situación de las bibliotecas entre los problemas urgentes que solucionar.

Esta desvinculación es llamativa cuando las bibliotecas se están esforzando por romper su imagen como almacén de libros, y mostrarse como centros de formación, más allá de las competencias lectoras, y como un servicio cultural y artístico, abierto y gratuito para todo el mundo.

Sevilla no es ajena a este fenómeno. “Sí que existe una desconexión importante”, reconoce Pedro Jiménez, uno de los responsable del colectivo de gestión cultural ZEMOS98.

Cuando preguntas a cualquier persona por centros culturales de referencia, citarán a teatros u otros espacios pero las bibliotecas no lo son”.

Pese a los esfuerzos de las bibliotecas por adaptarse, no se rompe su imagen de rigidez e inmovilismo

Lo que le lleva a formularse varias preguntas: “¿Hasta qué punto son polos dinamizadores, más allá de su función normal de préstamo de libros y conexión a internet? ¿Porqué siguen tan circunscritas al ámbito de las letras, cuando cualquier disciplina artística, de la música al arte, usa las letras para algo? ¿Son espacios atractivos para la programación cultural y la generación de nuevos públicos?”

En un escenario en el que los agentes culturales reclaman que es necesario involucrar a los ciudadanos en el desarrollo de las políticas, y cuando para muchos ciudadanos las bibliotecas son el único punto de acceso a la cultura, al conocimiento y a la integración, ¿por qué no hay más diálogo y colaboración entre los colectivos culturales y las bibliotecas?

¿Qué debería pasar para que las bibliotecas reclamasen su importancia y ejerciesen un papel más activo? ¿De quién es la responsabilidad?

Del silencio a una voz

“¿Cómo es posible que no se articulen demandas sociales para una mayor defensa de la cultura? ¿Tanto nos hemos distanciado de la ciudadanía que ante una situación de emergencia del sector de la cultura no ha habido una reacción social de protesta o de exigencia para revertir la situación?”.

Esta reflexión recogida en el Pacto por la Cultura se parece bastante al lamento no pronunciado en voz alta por quiénes trabajan en la Red Municipal de Bibliotecas de Sevilla (RMBS), que han visto cómo la brutal reducción de presupuestos durante los últimos cuatro años de gestión del Partido Popular de Juan Ignacio Zoido no se traducía en una protesta social de dimensiones considerables.

Las bibliotecas están siendo una de las instituciones más dinámicas en la reducción de la brecha digital

Las bibliotecas están siendo una de las instituciones más dinámicas en la reducción de la brecha digital

El amargo “nadie dice nada” con el que una usuaria protestaba en la prensa por la falta de novedades en las bibliotecas municipales se hace extensible a una sociedad que no ve prioritario reactivar las infraestructuras existentes (las quejas son continuas en los mostradores pero no pasan de ahí) ni completar un mapa que presenta vacíos considerables.

Sería necesario actualizar los datos sobre ‘Hábitos de Lectura y compra de Libros’, que el Observatorio Andaluz de la Lectura realizó en 2011, pero, en aquel barómetro, el 74,8% de la población sevillana entrevistada reconocía que no era usuaria de bibliotecas.

Del 25,2% que sí lo era, un 8,6% acudía con frecuencia, el 14,5% ocasionalmente y un 2% de manera esporádica.

Aún así, las bibliotecas siguen presentando cifras anuales de visitantes nada desdeñables. En 2014, 548.620 personas visitaron los catorce centros de la Red municipal, mientras que 297.871 personas acudieron a la Biblioteca Infanta Elena, de titularidad estatal y gestión autonómica.

Sería interesante preguntarse qué resultado tendría en nuestra ciudad la reciente encuesta realizada en Navarra sobre los múltiples beneficios atribuidos a las bibliotecas y la disposición de la ciudadanía a que se financien estos espacios con sus impuestos.

El “nadie dice nada” de aquella ciudadana también se aplica a los trabajadores de la RMBS, que se han esforzado notablemente para que no se notase el empeoramiento de unos servicios que, ante la crisis económica y la transformación tecnológica, les estaba planteando nuevas demandas. Pero no han hecho oír su voz fuera de las cuatro paredes de sus bibliotecas o de los despachos. No lo han contado.

Documentos como “Bibliotecas en acción”, promovido por el profesor José Antonio Merlo Vega y desarrollado de forma colaborativa, demuestra que, durante estos años, se han desplegado diversas estrategias contra la crisis. Y el silencio no era una de ellas.

Ante semejante perspectiva, ¿quién debe empezar a hablar y a tender puentes? ¿Quién debe buscar cómplices y aliados? ¿Es sólo un problema económico o de mentalidad? Una vez más, ¿de quién es la responsabilidad?

Antonio Tomás Bustamante, presidente de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios (AAB), cree que es fundamental la concienciación de los responsables políticos. Sin ellos, es difícil poner en valor la labor de las bibliotecas y resaltar hasta dónde son capaces de llegar.

7. Biblioteca El Esqueleto

“Las bibliotecas no van de libros, van de democracia”

Pero también del personal que trabaja en ellas, que debe creer en lo que hace, contarlo, transmitirlo, venderlo. Vencer las barreras visibles e invisibles que, muy a menudo, establece la comunicación en la administración.

Una de las quejas más comunes entre las pequeñas bibliotecas es la falta de visibilidad del trabajo que realizan pero se descuida que la tecnología ha puesto los medios y las posibilidades al alcance de cualquiera.

Puede que las bibliotecas de barrio no se caractericen por su glamour pero no estamos hablando de estética, sino de contenido. Si no fuera por ellas, habría personas de todas las edades que jamás leerían un libro, escucharían un concierto de música clásica, asistirían a distintas propuestas artísticas, conseguirían resolver sus trámites digitales con el INEM o Hacienda, redactar un currículum, solicitar una beca o aprender a utilizar las redes sociales.

Antonio Tomás Bustamante recalca que a quien trabaja en bibliotecas no le queda otra que “insistir, insistir, insistir”.

 “Hoy día las bibliotecas públicas son centros culturales de la comunidad a la que atienden sin ninguna duda, pero además se han convertido en centros multiculturales, en centros de alfabetización informacional de la población, en lugares de encuentro con la ciudadanía. Desde las bibliotecas debemos reivindicar ese valor social y esa visibilidad de nuestros centros”.

La Biblioteca Infanta Elena ha pasado de organizar 194 actividades en 2010 a 552 en 2015, a falta de sumar los datos de diciembre

En esta renovación de concepto, las actividades culturales son hoy uno de los principales pilares de defensa de las bibliotecas. En nuestra ciudad, la Biblioteca Infanta Elena ha pasado de organizar 194 actividades en 2010 a 552 en 2015, y aún faltan por sumar los datos del último mes de diciembre.

En la RMBS, una de las principales reclamaciones es la continuidad en el calendario de actividades, que permita paliar la imposibilidad de programar entre diciembre y febrero.

Aún así, sigue pesando sobre ellas una imagen de rigidez, inmovilismo y escasa innovación.

Creo que, fundamentalmente, hay que partir de una mejor partida presupuestaria para las actividades en bibliotecas y, a partir de allí, buscar un quiebre con el continuismo. No sólo de cuentacuentos vive una biblioteca”, comenta Marco Flecha, cuentero y promotor del festival de narración oral FINOS.

Las bibliotecas como templos del saber deben desacralizarse, abrirse no sólo a la lectura de libros, sino a ser un espacio de encuentro, placentero, atractivo para niños, jóvenes, pero también para padres y madres. Confío en que la mayor forma de participación debería darse si los vecinos son protagonistas, mediante consultas de intereses o de propuestas de las mismas bibliotecas a salir de sus edificios, buscar espacios de extensión que, desde la calle, desde las plazas, busquen generar ese interés”, sugiere.

A excepción de los vínculos que sí existen con la Feria del Libro de Sevilla, la mayoría de las grandes citas culturales, financiadas en parte con dinero público, no tienen su reflejo en las bibliotecas de la ciudad, ni como parte viva de la programación, ni como centros difusores o aprovechándolos para el movimiento de sus propias colecciones.

Un aislamiento que contribuye a esa desconexión y que no facilita que personas no acostumbradas a ir a las bibliotecas, las descubran.

Una oportunidad de cambio

A nivel municipal, la presentación de los presupuestos de 2016 ha sido la primera oportunidad de comprobar hasta qué punto son ciertos los compromisos adquiridos por el equipo socialista, en el Gobierno desde el pasado mes de junio.

La intencionalidad política manifestada por Antonio Muñoz, delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo, es ésta: “Queremos que las bibliotecas sean lugares de encuentro de la Cultura, espacios de participación, de mediación e intercambio cultural, y, sobre todo, motores y generadores de usuarios de la Cultura, partiendo del libro y de los audiovisuales, con un espacio físico y digital”.

Aunque todavía falta por saber cuál es el montante global destinado a la RMBS, y las partidas que se destinan a personal, ya se conocen algunas cifras sobre el programa de fomento del libro y la lectura, que atiende tanto al sector público como al privado. La dotación para adquisición de material asciende a 60.000 euros, desde los 12.000 actuales y la partida más importante, aunque no es exclusiva de bibliotecas, es la relativa a actividades. 234.652 euros.

Muchas bibliotecas de barrio consideran este aspecto prioritario, incluso más que seguir la fiebre de novedades que impone un mercado editorial sobresaturado, ya que, en una ciudad que tiende al centrismo y se olvida de los barrios, la única oferta cultural pasa por sus espacios.

El nuevo presupuesto contempla también una línea de subvención para el fomento de la lectura y apoyo a las librerías, con un montante de 100.000 euros. Será interesante comprobar si se articulan espacios de colaboración entre los dos agentes que más activamente trabajan en este campo, así cómo saber qué papel juegan las bibliotecas en el diseño y programación de las actividades.

¿Se conseguirá romper esa desconexión entre bibliotecas y agentes culturales para favorecer una mayor participación de la ciudadanía?

 NOTA: Este texto fue publicado originalmente en el primer número de la revista DESIDERATA y ha sido actualizado con los últimos datos conocidos del presupuesto de 2016.

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