Entre el desencanto, las dudas y la exigencia (III)

El escepticismo, el desencanto y la necesidad de plantear un cambio de políticas culturales son algunos de los pensamientos comunes entre quienes trabajan diariamente en este ámbito.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 19 MAY 2015

Los ciudadanos estamos todos desencantados. Los políticos no hacen que nos sintamos parte de dónde estamos viviendo”. Este pensamiento de Eduardo Baraja, librero de Céfiro desde hace 30 años, no sueña extraño en un tiempo en el que, como dice Sergio Harillo, gestor cultural, “la realidad política está separada de la realidad que vivimos los demás”.

Tampoco este otro de Luis Gallego, de La Fuga. “Más que la separación entre política y cultura, es la separación entre política y todo. Una cosa es la política institucional y otra, la política del día a día, que se crea entre todos, buscando una lucha común o que, entre todos, decidamos lo que queremos hacer. La política como mucho tiene que ser una herramienta para que entre todos podamos decidir”.

¿Y este otro de Miguel Ángel Escalera, librero de Rayuela? “Los políticos están ahí para plantear cambios y para modificar una estructura social. Estamos formando personas no libres y muy manipulables y eso tendrá sus consecuencias. Se apuesta por una cultura de grandes eventos, como el flamenco, pero luego los niños de los colegios no saben ni lo que es una seguiriya ni un compás. No hay cultura de base. Se ha fomentado la cultura que trae turistas, que es la gran inversión de estos políticos”.

El esceptiscismo, el desencanto y la necesidad de plantear un cambio radical de políticas culturales son algunos de los pensamientos comunes entre quienes trabajan diariamente en este ámbito. Personas, en su mayoría, alejadas de las estructuras de poder que se preocupan por aportar su granito de arena a “lo básico”. Y, como subraya Miguel, “lo básico no somos las librerías, son los ciudadanos. Nos iría mejor si tuviéramos más nivel educativo y más cultura”.

El sector cultural reclama participación, diálogo y colaboración

Ante las próximas elecciones municipales, con 19 candidaturas en campaña y con la pérdida de mayorías absolutas según las encuestas, la voz que se repite una y otra vez es participación. Diálogo. Colaboración. 

“Los gestores culturales no están pidiendo la luna, sino sensatez: que cuenten con ellos a la hora de desarrollar políticas culturales, que haya un diálogo, un intermediario“, explica Sergio.

Se trata de crear una estructura de diálogo con los libreros, como lo tienen las cofradías”, concreta Miguel.

REACCIONES A LAS PROPUESTAS PARA EL SECTOR DEL LIBRO

La cultura ocupa una pequeña parte de los programas electorales. “En el conjunto de la sociedad, la educación y la cultura, siendo importantes, -dice Sergio Harillo- están en un nivel mucho más bajo que otros problemas”. Dentro de ella, el mundo del libro ocupa una parcela todavía más mínima.

La palabra fomento de la lectura apenas aparece mencionada y las bibliotecas no se contextualizan en propuestas generales relacionadas con el conocimiento, el ocio o la participación. “Falta concreción en los programas y se echan de menos estrategias a largo plazo”, comenta Javier López Yáñez, secretario de FAL-CEGAL.

El único partido que ha incluido la palabra librería en sus propuestas es el PSOE. Juan Espadas ha mantenido reuniones con el sector cultural, en general, y con el editorial, a través de la Federación Andaluza de Libreros. Con el resto de partidos, ha habido conversaciones, sobre todo durante sus visitas a la Feria del Libro que acaba de terminar.

El programa socialista recoge muchas de las propuestas formuladas, tanto en Sevilla como a nivel nacional, por la organización de los libreros: exenciones fiscales, planes de apoyo a las actividades que se realicen en las librerías, campañas específicas dentro del apoyo al comercio cultural o la prioridad de los pequeños y medianos negocios en los planes de adquisición de títulos por parte de las bibliotecas.

Juan Espadas dialogó con los gestores culturales en la sede de Microteatro

Juan Espadas se reunió con los gestores culturales en la sede de Microteatro

Muchas de estas medidas suscitan dudas: ¿qué impuestos municipales estarían exentos, cuando muchos de ellos no dependen del Ayuntamiento y no aligeran la mayor carga impositiva de los autónomos, por ejemplo?, ¿qué baremos se aplicarían para entrar o no en las campañas de promoción o de qué manera concreta se apoyarían las actividades, sin intervenir en ellas?

Es cierto que con el IBI se dan situaciones muy variopintas -reconoce Antonio Muñoz- pero, al igual que en medio ambiente existen los espacios naturales protegidos, en el medio ambiente urbano existen determinados comercios que hay que proteger y una vía es la fiscal. Si existen ejemplos en otras ciudades, ¿porqué no estudiar cuál es la mejor manera de llevarlo a cabo”?

Sobre los microcréditos, Muñoz explica que “hay muchos actores del mundo editorial, como las pequeñas editoriales, los autores que se quieren autoeditar un libro o librerías en proceso de modernización digital, que no tienen respuesta de las entidades bancarias. A través de un convenio del Ayuntamiento con los bancos, el crédito puede llegar a ese tejido”.

Un punto especialmente importante para los libreros es que la adquisición del material de las bibliotecas públicas se haga a través de las librerías de la ciudad, aunque también genera dudas acerca de las posibilidades reales de lograrlo.

Miguel Ángel Escalera comenta que “existen pegas por los problemas administrativos y de concurso público cuando las cantidades superan cierto nivel, pero yo creo que con voluntad política es posible”. Antonio Muñoz explica que la idea es incluir otros criterios en el concurso de adjudicación, además del precio.

Además del precio, se incluiría el desarrollo de actividades en los barrios como criterio de adjudicación

Si además del precio, incluyes otros criterio, como el desarrollo de actividades en los barrios, no sólo estás favoreciendo a las librerías independientes, sino que no perdemos de vista el objetivo final, que es el fomento de la lectura. Donde no haya una biblioteca pública, habrá que arbitrar medidas para que los libros se acerquen a los barrios. A lo mejor hay que hacer pequeñas ferias del libro en esos barrios. Las librerías que se impliquen y se conviertan en activador cultural del barrio tendrán más puntos en la adjudicación”.

Eduardo Baraja no confía en que puedan primar factores distintos al económico en este tipo de adjudicaciones, con grandes distribuidoras que ofrecen descuentos superiores, aunque sí reconoce que “es buena idea sacar el libro a la calle y acercarlo a las barriadas”. Recuerda que hace unos años, con motivo del Día del Libro, los libreros y editores de Sevilla ocupaban la Plaza del Salvador, “con una mesa colectiva, en la que no se distinguía quién era quién y era muy interesante”.

Luis Gallego, de La Fuga, añade que otro punto importante sería la reducción del tiempo de pago. “Como pequeño negocio, yo no puedo hacer de financiador de las instituciones públicas. Si a mí me dejan una deuda durante un año de 10.000 euros, ¿cómo hago frente a los proveedores?”.

Además, considera que este tipo de medidas, aunque representan un avance, no resuelven el debate existente en España sobre qué modelo cultural queremos: si el francés, la cultura como derecho, o el anglosajón, la cultura como recurso económico.

Hay una tensión constante en los diferentes gobiernos, ya sea nacional, municipal o autonómico. Dicen que la cultura es un derecho pero la línea es neoliberal. Tú eres un emprendedor y te tienes que buscar la vida y, si no funcionas económicamente, no vales. En el mundo de la cultura, no sólo en el libro, la producción cultural, se ha derivado a un modelo de recurso económico”.

SOBRE BIBLIOTECAS Y SU FUTURO

Entre la euforia del Plan Director de Bibliotecas, aprobado en 2004 por el anterior gobierno socialista y que preveía una red de 30 espacios por toda la ciudad, y la política restrictiva del Partido Popular en materia de cultura de base ha mediado la crisis económica. La situación de la Red Municipal de Bibliotecas es lo bastante alarmante como para que todos los partidos políticos, incluido el PP, la hayan incluido en sus programas políticos.

El fomento de la lectura no aparece prácticamente mencionado en los programas políticos

El fomento de la lectura no aparece prácticamente mencionado en los programas políticos

No obstante, no van más allá. Hablan de participación, brecha digital, conocimiento, visibilidad de la diversidad cultural y cultura de base pero no se sitúa en el contexto de las bibliotecas. Tan sólo Izquierda Unida hace referencia a la búsqueda de un papel más activo de las bibliotecas municipales. ¿A qué se debe esto? ¿Desconocimiento de los políticos? ¿Limitaciones de las infraestructuras? ¿Falta de comunicación de los bibliotecarios acerca del valor social de estos espacios?

Para Antonio Tomás Bustamante, presidente de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, esta “falta de interés y desconocimiento algunas veces roza el absurdo”. “Hoy día las bibliotecas públicas se han convertido en centros multiculturales, en centros de alfabetización informacional de la población, en lugares de encuentro con la ciudadanía y en verdadero lugares con valor social por culpa de la crisis“.

Desde las bibliotecas debemos reivindicar ese valor social y esa visibilidad de nuestros centros”.

El gestor cultural Sergio Harillo considera que sería necesario hacer un esfuerzo importante, tanto de inversión como de voluntad política. “La Biblioteca ejerce un gran papel de centro cultural y de generación de público pero, actualmente, tenemos centros cívicos con un par de salas que se usan como bibliotecas. Son muy pequeñas, no hay sitio para más, y deberían ser el lugar de acceso de los ciudadanos a la cultura”.

Antonio Muñoz reconoce que “el fomento de la lectura es un tema crucial”. Como medida urgente, los socialista se plantean solucionar el déficit de personal y de compra de libros pero reconoce que, de cara al futuro, hay que replantear el Plan Director, ya que se redactó en una coyuntura económica diferente y sería conveniente actualizar las necesidades y consensuar las decisiones.

Pero, advierte, no es momento de grandes inversiones. “Nos tenemos que acostumbrar a que cada vez que haya una intervención pública para adecuar un espacio no hay que poner mármol de Carrara. Hay experiencias en cultura donde los espacios se ocupan de una manera no tan costosa. Si hay barrios que demandan bibliotecas, y tenemos locales de Emvisesa, por poner un ejemplo, a lo mejor habrá que utilizar alguno de estos espacios, mientras se construyen las grandes bibliotecas. No se trata de repetir el modelo de la Biblioteca Infanta Elena en todos los barrios por que no se puede”.

SEVILLA, CAPITAL DEL LIBRO

Si hay una propuesta que parece encontrarse a una distancia estratosférica de la realidad sevillana, es el impulso a la candidatura de Sevilla como capital mundial del libro. El socialista Juan Espadas la anunció ante los participantes de la Feria del Libro, como horizonte de una estrategia de apoyo al sector editorial.

La Unesco acaba de conceder ese reconocimiento a Incheon, en Corea del Sur, y en 2016 lo recibirá la polaca Wroclaw. Ser capital mundial del libro no sólo significa que hay un compromiso público, a todos los niveles, en torno al fomento de la lectura, sino que hay un programa desarrollado, en cantidad y en calidad, que demuestra la cooperación entre agentes, así como la alta predisposición y participación de la ciudadanía en torno a la lectura.

Antonio Muñoz aclara que “no estamos buscando un macroevento, sino que esta candidatura puede ser un buen pretexto para desarrollar una serie de actividades de fomento de la lectura, que tire y aglutine a todo el sector y que pueda dar resultados a medio plazo”.

¿A medio o a largo plazo?, pregunto. “A medio”, insiste.

Estoy convencido que una ciudad que lee más es más justa, más libre y más tolerante. No estoy diciendo nada nuevo. Hace falta que desde los poderes públicos fomentemos este aspecto”.

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