“La vida del escritor está llena de pasos inseguros”

Hubo un día en la vida de Eduardo Parody, biólogo de formación con filósofa deformación, en el que apostó por la escritura.

Aquella afición que cultivaba de niño, que practicaba en su blog Mi mundo descalzo y en artículos de opinión, se transformó en una decisión firme. Escribir, publicar, seguir aprendiendo, sostenerse. Todas esas inquietudes se materializaron en La soledad del escribido, una novela dentro de una novela, en la que se narran las dudas y las obsesiones de ese proceso creativo.

En diciembre, la editorial sevillana Triskel Ediciones volverá a apostar por este lector, viajero, utópico y con un ideal de justicia, con la publicación de La parte olvidada, un retrato sobre la divergencia entre la individualidad y la masa social. 

POR Sonia Domínguez / SEVILLA, 8 NOV 2016

PREGUNTA: La soledad del escribido. ¿Es una desfachatez o una temeridad aterrizar en el mundo literario con un título que le da una patada a la RAE?

RESPUESTA: Eso me lo comenta mucha gente. De hecho, fue lo primero que me dijo mi padre, que sonaba muy mal. Pero la palabra escrito no refleja lo que quería decir. Escrito suena a papel y escribido significa las dos caras de una moneda, algo más subjetivo, el propio personaje en sí.

P: ¿Hasta qué punto hay diferencias entre Edu Parody y los dos personajes de la novela, Ernesto Perdido y Roberto?

R: No hay muchas diferencias, la novela juega un poco con esa dicotomía. Yo soy el escritor y Ernesto Perdido intenta serlo, los paralelismos son muy grandes. Hay mucha parte biográfica que está escondida ahí. Cuando escribes, no lo haces sólo sobre las cosas que eres, sino sobre las que te gustaría ser, tus éxitos, tus fracasos, lo que estás preparado para decir y lo que no.

P: ¿Por qué escribir una novela sobre una novela y no escribirla directamente?

R: Me gustaba la idea de utilizar esas dos vías. Una novela dentro de una novela te permite hablar de más cosas, de la inseguridad del escritor y de las ilusiones del escribido. Jugar con más espacios y más temas.

P: Nos quejamos de la fugacidad de la vida pero quedarse atrapado en el tiempo como uno de tus personajes no parece muy alentador. ¿Qué te pasaría por la cabeza si tuvieras la oportunidad de vivir más de 300 años?

R: Tiene que ser una condena. Uno aprende muchísimo escribiendo, no sólo porque tengas que buscar información y te documentes, sino por el proceso de reflexión. Cuando escribía, pensaba en esa situación: si yo tuviera más de ochenta, noventa, cien años, incluso mejorando aspectos como la salud, volver a vivir muchas cosas o estar en un mundo que tampoco cambia tanto, me parecía una auténtica condena.

“Cuando uno se mete en la creación de algo, en este caso de escribir, te entra ya un veneno en el cuerpo del que no te puedes liberar”
eduparody

Viajar es, como escribir, algo irrenunciable. En la imagen, Parody en las ruinas de Ingapirca (Ecuador)

P: Tu plan B de dedicarse a escribir se convirtió en A y ha vuelto a B. ¿Cómo ha sido el proceso?

R: Haces ese planteamiento con un montón de ilusiones y sabiendo que lo más normal es que te la pegues. Hay un 90% de probabilidades. Pero hay algo que tenemos en la cabeza, no sé si es porque la selección natural la ha provocado para que vayamos a mejor o para que nos jodamos la vida, que es que, aunque las cosas aparenten que van a chocar, tú sigues pensando “pero yo lo voy a conseguir”.

Si no consigo esto que es lo que mejor sé hacer, el resto de cosas… Cuando tienes que volver de nuevo a la realidad es un choque gordo. Esperado, es lógico, pero siempre piensas ¿y si…?

Cuando uno se mete en la creación de algo, en este caso de escribir, te entra ya un veneno en el cuerpo del que no te puedes liberar. Muchas veces lo comparo con viajar. Cuando viajas, te das cuentas de que quieres que viajar sea siempre parte de la vida. Lo mismo pasa con la escritura. Cuando trabajaba, después de ocho o más horas delante de un ordenador, lo último que me apetecía era sentarme y escribir. La creatividad está totalmente agotada después de redactar informes pero creo que es inevitable. Tendré que dedicarle mucho tiempo a escribir en mi tiempo libre porque cuando descubres la magia de crear cosas nuevas ya no puedes parar.

P: Has sido visto leyendo compulsivamente y en las presentaciones de escritores consagrados.

R: La base de la escritura es la lectura, siempre he leído mucho pero la diferencia ahora es que publico en Twitter todo lo que voy leyendo. Al final, lo que escribo acaba teniendo relación con lo que estaba leyendo en esa época. No es premeditado pero se cuela.

Y con las presentaciones igual, sobre todo porque de estas cosas se aprende siempre: cómo hablan los escritores, qué preguntas les hacen, cómo responden. Se aprende tanto de lo bueno como de lo malo. He visto a escritores que te gusta más leerlos que conocerlos. Pero, sin duda, es un camino por las relaciones que se crean en este tipo de actos. Para una persona sola entrar en este mundillo es muy difícil, si no tienes detrás un gran apoyo. Es la única forma de entrar poco a poco.

P: En un pasaje de la novela, tu personaje se pregunta por qué escribir un libro en un mundo inundado de libros ¿Es una duda que te surge a menudo?

R: Totalmente. No tienes más que fijarte en el lugar en el que estamos, en la Biblioteca los estantes están repletos de libros. Siempre me pregunto lo mismo. ¿Por qué una persona va a elegir mi libro habiendo tantísimos libros? Esa es una de las inseguridad más grandes de un escritor. Saber que lo que tú estás haciendo ha habido millones de personas que ya lo han hecho y que tú acabas de llegar. Eso genera una gran inseguridad.

La vida del escritor, imagino que el de todas las artes y de la cultura, está llena de pasos inseguros. Desde el momento en que escribes y enseñas la obra por primera vez, cuando la lee un editor y no te responden, hasta que por fin consigues publicarla y empiezas a ver a la gente cómo responde. Si te dicen me ha gustado mucho, tú piensas que se están callando algo porque no se atreven a decirlo. Y, después, cuando te das cuenta que es imposible vivir de esto. Ahí llega el mazazo. Has ido dando pasos pero, al final, siempre llega el mazazo.

“El hecho de saber que las palabras que antes estaban en tu cabeza han pasado a la cabeza de otro, eso es la alegría más grande”

P: ¿Y qué te hace no desfallecer?

R: Soy muy cabezota, en verdad. Muchas veces desfallezco pero es que esto es una droga. Escribo desde que era chico, el proceso de publicar ha comenzado hace dos o tres años. Hay una serie de cosas elementales en la vida, correr, viajar, escribir, y no puedo luchar contra no hacerlo. Y si se convierte en droga es porque tienes muchos momentos de subidón. El simple hecho de que alguien te diga ‘te he leído’… cuando alguien te dice que ha dedicado su tiempo a leer algo que has producido, nada más que ese momento te llena de energía.

Como escribo artículos en Sevilla Actualidad, cuando la gente empieza con su reflexión, piensas ‘a alguien le ha llegado lo que yo he escrito’. A lo mejor le ha llegado completamente diferente o no he logrado reflejar el mensaje pero el hecho de saber que las palabras que antes estaban en tu cabeza han pasado a la cabeza de otro, eso es la alegría más grande.

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En diciembre Parody regresa a las librerías con La parte olvidada / FOTOS CEDIDAS POR EDUARDO PARODY

P: Ante tus obras, ¿benevolencia o crítica constructiva?

R: Crítica constructiva. Se lo digo a todo el mundo. Destrózame. Quiero que seas conmigo como el Boyero del cine… quiero aprender. Como en cualquier trabajo, cuando lo haces la primera vez no está bien del todo y vas mejorando poco a poco. Acepto totalmente la crítica.

“¿Cuál es la magia y la injusticia que sostiene este sector? ¿Hasta cuándo los escritores pueden seguir haciendo esto altruistamente?”

P: ¿Qué similitudes hay entre un agricultor y un escritor?

R: Creo que son casi idénticos. El mundo editorial es una industria en la que todo el mundo puede vivir de esto excepto el que produce, quien está en la base de la pirámide. En la agricultura sucede lo mismo, todo el mundo puede vivir más o menos bien dentro del proceso, el distribuidor, el transportista, el supermercado, las grandes superficies, pero el agricultor no vive bien. Si lo hace, es porque tiene alguna subvención o ayuda. Comparando ese sector con el de los libros, la única diferencia es que al escritor no le ayuda nadie, no hay ningún tipo de ayuda pública.

¿Cuál es la magia y la injusticia que sostiene este sector? ¿Hasta cuándo los escritores pueden seguir haciendo esto altruistamente? ¿Qué calidad se deriva de todo esto? Porque no es lo mismo tener tiempo para dedicarle a una obra que hacerlo en tus ratos libres. Siempre he pensado que esta situación algún día tiene que explotar, aunque al final acaba sobreviviendo el sector y no el escritor, que tiene que trabajar en otras cosas.

“La mayor de las censuras es la autocensura que nos hace pensar que hay cosas que son imposibles”

P: En la novela se habla del New Time’s Day, un nuevo tiempo en el que se corregirían muchas de las desigualdades y de los excesos de la actualidad. Algo que puede pecar de ingenuidad pero, a la vez, tan lógico, tan posible… ¿Qué adjetivos te merece el mundo actual?

R: Creo que la palabra que hoy define al mundo es injusticia porque hay mucha gente, la gran mayoría de la gente de la gran mayoría de los países del mundo, que viven en situaciones injustas o que podrían ser mucho mejores. La gente suele decirme que soy muy utópico o demagogo. Suelen decirte eso cuando utilizas argumentos que son lógicos o de cajón.

Si tú empiezas a preguntar a cada uno de nosotros individualmente, si crees que el mundo es injusto, te dirán que sí. ¿Crees que se deberían vender armas? No. La mayor de las censuras es la autocensura que nos hace pensar que hay cosas que son imposibles. Simplemente tienes que mirar la historia para darte cuenta de la cantidad de cosas imposibles que han pasado. Esa ingenuidad de la que hablas… cuando escribo artículos o libros, yo lo veo como si hace 400 años estuviera escribiendo un libro contra la abolición de la esclavitud y yo sí creo que alcanzaremos un momento más justo.

P: En diciembre se publica una nueva novela tuya. ¿Qué podemos esperar?

R: Cuando se publicó La soledad del escribido, estaba terminando La parte olvidada. Ambas pertenecen a esta época que me he dedicado a escribir y juegan con las dos dimensiones. Si la primera es mi cura y mis mierdas internas, la segunda es mi visión del mundo, mis mierdas externas, con la historia de un protagonista que vive en Sevilla entre 1950 y 2014.

Es una crítica al ser humano y a la sociedad, a la forma en que somos individualmente, personas admirables, con buenas intenciones, pero que, cuando actuamos en grupo, perdemos la inteligencia. Es como esa frase que suele decirse: un estadio lleno con las personas más inteligentes del mundo, se convierte en una inteligencia de un niño de cinco años. Hay muchos ejemplos de eso.

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