“La distancia se suple con la buena acogida”

Arnoldo Pérez es arquitecto y Elena Holguín, farmacéutica. Hace cinco años, en plena crisis económica y sin experiencia previa en el sector editorial, se plantearon la idea de montar una librería infantil y juguetería educativa. Después de trabajar un año en el proyecto, “El Molino de Cienta” abrió sus puertas en Sevilla Este, un barrio con más de 50.000 habitantes que, hasta su llegada, era un desierto en este tipo de comercios culturales de proximidad.

“El Molino de Cienta” es la suma de varios factores: la experiencia de tener hijos y de interesarse con ellos por la literatura infantil. La experiencia de quedarse en el paro y buscar una salida. Después de cuatro años de actividad, esta librería infantil de Sevilla Este es el resultado de aunar afición, necesidad, aprendizaje constante y empeño para conseguir que el proyecto salga bien y siga adelante. Llego a esta librería por recomendación de Joaquín de los Santos, librero de El oso y su libro. De Los Bermejales a Sevilla Este, otra ciudad dentro de la ciudad de Sevilla. Es lunes y, mientras Elena se encarga de resolver las cuestiones administrativas, Arnoldo contesta a las preguntas y nos emocionamos hablando de educación y fomento de la lectura.

¿Por qué elegisteis este barrio para abrir “El Molino de Cienta”?

Conocíamos el barrio porque vivíamos en la zona de la carretera de Málaga. Esta es una zona bastante transitada, está muy bien situada porque hay muchos colegios cerca y muchos niños. En principio, estuvimos pensando en otras zonas pero, al final, vimos mejores posibilidades en este barrio. Sevilla Este nos gustó desde el principio. Fuimos pioneros en este tipo de negocio y mucha gente nos lo ha agradecido. “¡Menos mal que estáis aquí!”, nos dicen. Y no viene sólo gente del barrio, sino también de Santa Clara, Parque Alcosa, Alcalá de Guadaira. Es cierto que es otra Sevilla, en autobús tardas 45 minutos en llegar aquí, pero la distancia se suple con la buena acogida.

¿Cuál es el origen de este proyecto?, ¿por qué os decidisteis por una librería infantil?

Yo soy arquitecto y Elena es farmacéutica, así que podemos decir que el proyecto nació de la casualidad. No teníamos experiencia previa, ni ningún tipo de contacto con el sector del libro. Simplemente teníamos afición e interés por la literatura infantil, por los juegos, íbamos mucho a Rayuela. Yo llevaba varios años sin trabajar de manera continua y, cuando Elena salió de su empresa, nos animamos a emprender en este tipo de negocio. Ha sido un proceso de aprendizaje constante y, después de cuatro años, no dejas de hacerlo. Cuando hablamos con libreros que llevan muchos años en esto, nos dicen eso, que nunca sabes cómo te puede venir un cliente, cómo tratar con una editorial pero algo estaremos haciendo bien porque no es un sector fácil.

La literatura infantil resiste por el empuje de los maestros, de los cuentacuentos, de los narradores, de las bibliotecas y de los padres

Pero, dentro de la crisis general, parece que la literatura infantil y juvenil resiste.

Resiste por el empuje de los maestros, de los cuentacuentos, de los narradores, de las bibliotecas y de los padres. Los padres que vienen a El Molino son de una generación parecida a la nuestra y, en nuestra época, no había ni la mitad de la mitad de la literatura infantil que hay ahora, con una calidad literaria y de ilustraciones impresionantes. Y, además, se recuperan muchos clásicos que vuelven a tener mucho éxito.

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Desde El Molino tratan de incentivar la libertad de elección como medida para el fomento de la lectura

Cuéntame cómo son vuestros lectores porque no sé si hay diferencias respecto a otros barrios.

Es difícil establecer una tipología de lectores. Hay niños muy chiquititos, con uno, dos, tres años, y padres que no saben muy bien qué comprarles, se dejan asesorar y vuelven porque ha funcionado el tipo de libro que recomiendas; hay niños que vienen sabiendo exactamente qué quieren, sus colecciones de Geronimo Stilton y de El Diario de Greg; hasta niños que son muy lectores y te dicen “no, no, eso es muy infantil. Yo quiero leerme ‘El señor de los anillos’ o la saga ‘Crepúsculo’ y otros que vienen por obligación. Hay maestras que se llevan un montón de libros para sus clases, alguna biblioteca escolar y los enamorados de los libros, que se llevan el álbum ilustrado.

Pero ¿crees que hay diferencias con otros barrios?

Más que diferencias entre la gente o los barrios en sí, hay diferencias entre las librerías. Depende del estilo de librería que quieras tener. Aquí vendemos más las colecciones, los cuentos y los álbumes ilustrados más conocidos. Hay libros que son más difíciles de vender y estoy seguro que en otras librerías se venden con normalidad porque la gente ya las conoce y van a buscar ese tipo de libro. Nosotros tenemos una estantería por la que apostamos y, a lo mejor, vendemos dos libros al mes pero queremos que esté ahí para que la gente los vea, se acostumbre. Podríamos tener best sellers, tipo libros Disney o de licencias pero preferimos hacer esa apuesta.

“¿Qué los niños no leen? Claro que sí, el problema es que no se focaliza bien hacia dónde leer

Por lo que cuentas, hay milagros cotidianos con esos niños lectores.

Hay niños que se rompen su hucha para comprarte un libro. Lo decía Joaquín en su entrevista y es así, se gastan quince euros de su dinero. Son niños que también van a las bibliotecas pero vienen todas las semanas a comprar un libro porque los quieren tener, se los releen y los padres te dicen: “si le gusta leer, ¿cómo le voy a decir que no?”. Te estoy hablando de niños de ocho a diez años, que se leen unos tochos impresionantes. Es genial. ¿Qué los niños no leen hoy en día? Claro que sí, el problema es que no se focaliza bien hacia dónde leer.Los niños tienen que tener más libertad para elegir los libros, y cada uno buscará su sitio en la literatura que más le guste. No puede ser que se les obligue a leer obras que, en mi opinión personal, consiguen todo lo contrario al fomento de la lectura, que son libros muy buenos para estudiarlos y si te quieres dedicar a la Literatura, pero no como lectura obligatoria porque no me extraña que odien leer. En un momento dado, los niños se pierden y van hacia otro lado.

el molino y el ajedrez

Con sus actividades, esta librería ha conseguido ganarse la fidelidad de sus lectores

¿Cómo es vuestra relación con los colegios?

Las formas de trabajar con los colegios son diversas. La primera es participar en las ferias del libro que nos proponen, la del ‘CEIP Jacaranda’ es la cuarta que hacemos. La otra parte muy importante es el contacto directo con el profesorado, en un gran porcentaje, maestros de infantil. Aparte de los descuentos, intentamos conseguirles todo el material que nos piden, a veces algún título en concreto y a veces algún tema en cuestión. Incluso hemos llegado a tener una relación que va más allá de la mera relación comercial. Ya hay mucha confianza por las dos partes y la comunicación es muy directa. Creemos que son un pilar fundamental en nuestro crecimiento y posible éxito como librería. Les debemos mucho.

No hay esa mentalidad de libertad para que el niño escoja lo que en realidad le gusta

Lo mencionabas antes. Las lecturas obligatorias son enemigas de la creación de lectores.

Es complicado, cuando los exámenes están centrados en esos libros. Hay profesores que sí recomiendan. En el colegio ‘El manantial’, por ejemplo, recomendaron la lectura de una colección de fútbol y no veas cuántos niños se engancharon a esos libros, una colección de 20. Pero se recomendó, no se obligó y los niños venían libremente con sus padres porque veían al amigo, que a lo mejor es más lector, que se lo había leído y oía hablar maravillas. Lo que mejor funciona para la literatura infantil es el boca a boca entre los niños. Un niño se lee una colección y el resto quieren hacer lo mismo. Tenemos niños que actúan casi de comerciales nuestros. Son los que nos dicen “llevad estos libros a la feria del del cole porque se van a vender un montón” y sucede así. En realidad no sé quién es el que decide las lecturas obligatorias, pero creo que debería ser algo mucho más meditado y acorde a los tiempos en los que estamos viviendo. A lo mejor se eligen libros de temática social o grandes clásicos, que no funcionan tan bien porque son más dramáticos o de otro tiempo, cuando hay libros con enigmas, libros de aventuras, diarios con los que los niños se sienten identificados porque hablan de ellos mismos, de cosas que les pasan a los niños a su edad, pero a lo mejor de una forma más divertida, más atrayente. Creo que deberíamos aprovechar mejor el material que tenemos en la actualidad. No hay esa mentalidad de libertad para que el niño escoja lo que en realidad le gusta. A veces están muy influenciados por los padres, que les dicen “pero ¿cómo te vas a llevar eso? ¡cómprate algo más serio!”. Libertad para elegir significa que tú le das un abanico de posibilidades. Sutilmente, les invitas a que lean. Pero es muy complicado hacer que alguien a quien no le gusta la lectura se enganche. 

“El fomento de la lectura es un problema educativo, que no se resuelve sólo con campañas”

¿Qué crees que se podría hacer para mejorar el fomento de la lectura?

Es cuestión de educación y de mentalidad de la sociedad. Magisterio debería ser de las carreras más duras, porque el que sale yo creo que no es consciente de lo que puede llegar a influir en los niños y por añadidura a la mejora de la sociedad. No porque los profesores tengan la culpa o la responsabilidad, nada más lejos de la realidad, sino porque tienen la herramienta para posibilitar la transformación que necesitamos. Esos niños serán padres algún día y se tendrá que notar lo que estamos hablando. El fomento de la lectura es un problema educativo, que no se resuelve sólo con campañas. Eso es dinero puntual que se invierte pero se debería trabajar más la educación de base. Es fascinante el proyecto de los jesuitas en Cataluña, que han suprimido el libro de las aulas, los deberes.  Mis hijos con 4 y 6 años saben muchísimo más que yo a su edad pero llega un momento en que se tuerce. ¿Por qué? si tienen una base increíble… Están mucho más preparados pero tienen que aprender a pensar y a valerse, deberían desarrollar más sus recursos y no saturarlos tanto de deberes.

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Los juguetes educativos son otros de sus puntos fuertes

¿Cómo estáis viviendo el proceso de transformación digital? 

No sé si algún día se acabará el papel y será todo digital. En Estados Unidos, ya vemos que un porcentaje alto de regalos son ebooks para niños. Venimos de una cultura con reminiscencias de otras épocas: el olor del estuche, las ceras, la goma de Milán. Pero, dentro de diez años, los niños que nacieron en los noventa, con la PlayStation, tendrán hijos y no sentirán nostalgia del papel. El papel será para minorías, como una especie de revival, como nos sucede ahora con el vinilo, por ejemplo.

“Los niños van creando una estructura mental, un aprendizaje, un conocimiento, mientras trabajan sus relaciones sociales”

De los ocho principios de El Molino, como descubrir, conocer o aprender, me llamó la atención el de conservar. ¿Por qué lo incluisteis?

Lo de conservar es herencia de mi profesión de arquitecto, por el concepto de sostenibilidad: cuando quieres dejar a los que vienen una sociedad mejor que la que te has encontrado tú. Si aplicas eso al mundo del libro, se trata de conservar físicamente un libro o juguete pero también de dotar a los niños de unas herramientas importantes para su desarrollo. Conozco mucha gente que, a raíz de un libro o un juego, cambian su vida y piensan de una forma diferente. No sé si los lectores son mejores o no pero creo que disponen de más herramientas. Nosotros lo comprobamos con las actividades. Los niños van creando una estructura mental, un aprendizaje y un conocimiento, mientras trabajan sus relaciones sociales. Si eso sirve para crear una sociedad mejor ¡bienvenido sea!

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