Sevilla pone el foco sobre el fomento de la lectura

La Feria del Libro de Sevilla ha dedicado su próxima edición al fomento de la lectura. Será una ocasión para presentar en sociedad a la comisión que, desde hace un año, está trabajando en el rediseño de las políticas locales en la materia.

Su pretensión es reunir a las administraciones implicadas para que expliquen sus líneas de actuación, así como realizar un muestreo de buenas prácticas en animación lectora.

Tras años de abandono, la lectura está volviendo a las agendas políticas desvelando un panorama de luces y sombras.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 20 ABRIL 2017

El fomento de la lectura es un concepto recurrente. Viste bien. Adorna mucho.

Es un concepto complejo, en el que se mezclan el ámbito íntimo y el social, la esfera pública y la privada; que contempla acciones y estrategias, medios y fines, y que engloba todo tipo de políticas, de las educativas a las culturales pasando por las sectoriales.

Es, en definitiva, un gran saco en el que, como explica Lola Gallardo, pedagoga y librera de Rayuela, “caben demasiadas cosas. Conceptos, ideas y maneras de hacer” porque “promover la lectura es algo que se puede realizar desde la familia, el primer y más valioso mediador, y también desde la escuela, desde la biblioteca, desde las librerías… cada parte aportando lo que puede, lo que sabe, lo que intuye”.

Sin embargo, tal y como esta especialista diferencia, “fomento de la lectura revela la creación de estructuras, programas y planes que velen por la coordinación de todos los agentes mediadores de un territorio y sabe a la unión de esfuerzos y a compromiso”.

Después de años de abandono, este concepto está volviendo a encontrar su hueco en las agendas políticas.

Hay movimientos en el Ministerio de Cultura, que tiene previsto presentar en mayo un Plan de Fomento de la Lectura y lo ha incluido como eje estratégico del Plan 2020.

Pero, de momento, en los presupuestos generales de este año sube mínimamente la partida destinada para bibliotecas, con 43.682.140 millones de euros y muy lejos todavía de los 116 millones que se invertían en 2007. Además, según la herramienta Civio, hay 622.830 euros reservados para la lectura, dentro del capítulo de Promoción del Libro.

El Ayuntamiento de Sevilla sigue insistiendo en que la lectura es el “frontispicio” de su política cultural y está intentando desarrollar un Plan lector y, en medio, la Junta de Andalucía, con competencias en Educación y Cultura, continúa paralizada en inversiones e iniciativas.

Ante este panorama, la Feria del Libro ha apostado por dedicarle su próxima edición a este tema.

Javier López Yáñez, en la dirección por último año, concibe este evento de carácter comercial y cultural como un lugar de encuentro de “lectores y creadores”, de “profesionales y entidades”. Una fiesta en la que la lectura se muestra como “valor social”. Pero también es una de las piezas sectoriales que recibe ayudas públicas y puede orientar en la toma de decisiones.

Del 18 al 28 de mayo, en la Plaza Nueva, será la ocasión para presentar en sociedad a la mesa sectorial que, desde hace un año, está trabajando en el rediseño de las políticas locales en la materia.

Hasta ahora, no hay grandes avances. Este órgano ha nacido sin representantes de todos los sectores implicados, sin capacidad de maniobra presupuestaria y con una ausencia manifiesta de datos cruzados con los que empezar a trabajar.

Su pretensión es reunir a las administraciones implicadas para que expliquen sus líneas de actuación, así como realizar un muestreo de buenas prácticas en animación lectora.

En un evento que suele generar más de 200 actividades, y en el que la atención mediática se centra en la figura literaria, este gesto puede ser infructuoso si no sirve para contextualizar algunos de los problemas que están encima de la mesa y proponer soluciones: falta de financiación, precariedad en las bibliotecas escolares, carencias en las bibliotecas públicas, insuficiencia de datos sobre la realidad lectora y escasa interrelación entre quiénes están trabajando en esta área.

La sala infantil de la Biblioteca Julia Uceda lleva seis años cerrada. El equipamiento se está estropeando por la falta de uso

Las prácticas culturales cambian. El papel de la lectura debe ser repensado y necesita una constante reflexión de todos los agentes implicados, algo que en Sevilla nunca se ha hecho, ni por separado cada uno de los protagonistas, ni en conjunto”, asegura Miguel Ángel Garfia, bibliotecario de Julia Uceda y especialista en el fomento de la lectura en la UNED.

Fran Nuño, librero, autor y dinamizador con casi 20 años de experiencia, comenta que “Sevilla tiene una muy destacable red de profesionales que trabajan el fomento de la lectura: autores, ilustradores, dinamizadores, narradores orales, bibliotecarios, editores, libreros, gestores culturales, educadores, periodistas”.

Lo que tenemos que exigir entre todos es que toda esta labor que se realiza día a día en la ciudad, y que hemos conseguido con tanto esfuerzo, vaya cada vez a más. Que no se estanque, que no pongamos el piloto automático o se den pasos hacia atrás, que evolucione en cada temporada cultural”.

Como dice Lola, “se necesita una apuesta de fomento de la lectura por parte de la ciudad y ojalá que por parte de la sociedad”.

Medio lleno o medio vacío

Todas las teorías señalan a la escuela como pieza clave en el fomento de la lectura y en la adquisición de competencias lectoras.

José Carlos Román es maestro de Educación Infantil, asesor de formación en el Centro de Recursos del Profesorado, escritor y componente del blog Soñando Cuentos.

La tarea de la escuela en el fomento de la lectura es crucial. Las escuelas son, o han de ser, un foco de cultura, especialmente en las que el acceso a esta, por las características sociales o económicas del entorno, no son las más favorables”, afirma.

En su opinión, “para fomentar la lectura no basta con poner a los niños a leer y punto. Leer por leer, sin entender lo que se lee o sin interés previo, no sirve para nada y consigue el efecto contrario al deseado. Hay que fomentar el placer de la lectura y eso sólo se consigue si el niño o el adulto disfrutan haciéndolo, si leen cosas que le interesen, y ahí el papel de familias, escuelas, librerías y bibliotecas es esencial”.

La biblioteca del CEIP Carlos V de Torreblanca es un ejemplo de funcionamiento por la implicación de una profesora convencida

Antes del estancamiento por los recortes presupuestarios, Andalucía fue una de las pocas comunidades autónomas en elaborar un andamiaje normativo y documentos de referencia sobre la organización y funcionamiento de las bibliotecas escolares.

Existe, de hecho, una Red Andaluza de Bibliotecas Escolares y hay una estructura administrativa dedicada a este fin, entre otros muchos.

Un repaso a la situación actual desvela lo que Pablo López Fernández, bibliotecario de San Julián, resume en “papel mojado”. “Las normas por sí solas no bastan, si no se ponen los medios y no se obliga a su cumplimiento”.

Las bibliotecas escolares siguen siendo las perjudicadas del sistema y sólo funcionan por el esfuerzo individual del profesorado”, asevera Miguel Ángel Garfia.

En Sevilla capital existen 316 centros docentes. Según la web de la Consejería de Educación, son 22 centros de Infantil y Primaria y 16 institutos de Secundaria los que están mostrando en la red el trabajo desarrollado con sus bibliotecas escolares.

Las estadísticas existentes sobre el funcionamiento de éstas se desgranan por provincia, no por ciudades, pero algunos datos son elocuentes.

José Carlos Román señala que “en todos los centros educativos de Andalucía hay un responsable de la biblioteca escolar pero hay que reconocer que su labor y empeño está lleno de dificultados a diariono tienen horas libres para dedicarle a la biblioteca, no cuentan con la ayuda necesaria y se cargan solos todo el trabajo de un centro, se quejan de la escasez de medios y recursos”. 

Un ejemplo de estas dificultades lo encontramos en el CEIP Andalucía que, tras unos años de estabilidad y con una profesional contratada, se ha quedado sin financiación y están siendo los propios profesores quienes, hasta junio, pagarán de su sueldo el de la bibliotecaria para no perder el que consideran que es su “centro neurálgico”. No saben qué pasará el próximo curso escolar.

Además, llevan años reclamando al Ayuntamiento de Sevilla una obra para abrir su biblioteca al vecindario de las barriadas Murillo y Martínez Montañés en el Polígono Sur que no acaba de llegar.

En el CEIP Joaquín Turina son las madres y los padres quiénes se están encargando de catalogar los libros para recuperar la actividad y aumentan sus fondos con mercadillos solidarios y donaciones, mientras que en el CEIP Valeriano Bécquer fueron los Cazadores de Libros, grupo de Facebook, quienes consiguieron donar 400 libros. En el IES Leonardo da Vinci la biblioteca funciona gracias a la implicación de profesorado y alumnos, quienes están demandando que, al menos, pase por Palmete el bibliobús.

Román concluye: “Hay muchos profesionales implicados en el fomento de la lectura pero en ocasiones se encuentran muchas trabas para poder desarrollar su trabajo como les gustaría”.

Una biblioteca, una raíz

Laura Serrano es lectora y madre. Pertenece a la parte convencida de la sociedad, “quizás demasiado ingenua al creer que por una parte los libros son una fuente inagotable de felicidad y a la vez, el instrumento definitivo para descifrar el mundo”.

En su opinión, se ha instaurado en la ciudad un modelo de fomento de la lectura en el que “las iniciativas privadas han ocupado un espacio que las administraciones públicas han dejado huérfano, supongo que por una falta de recursos y una desidia política”.

Hay un desalojo casi físico, de los espacios públicos: se expulsa a la gente de ellos y se le indica que si quiere consumir cultura vayan a otros espacios, espacios privados que, además, por lo general, están localizados geográficamente en sitios muy concretos de la ciudad: el casco histórico. Espacios no accesibles para todo el mundo. El acceso a los libros y a la lectura parece ser una cuestión de planeamiento urbanístico: va por barrios”.

Andalucía cuenta con la mayor Red de Bibliotecas Públicas de España: un total de 705. Además, ha dado pasos decisivos para la construcción de una casa tecnológica, con la creación de catálogos colectivos que reúnen tanto a bibliotecas públicas, como a centros especializados y bibliotecas universitarias, así como con su incorporación temprana a eBiblio.

Pero esta dimensión no se acompasa en los presupuestos. Las ocho bibliotecas públicas provinciales, entre ellas la Infanta Elena, cuentan con 186 mil euros para actividades de asistencia y 135 mil para dinamización. La Consejería de Cultura destina 15 mil euros para equipamientos e infraestructuras bibliotecarias en municipios de más de 20.000 habitantes.

Además, las bibliotecas universitarias han reducido un 50% sus presupuestos de adquisición de libros desde 2011; una tendencia que continúa.

Si hasta 1992 Sevilla no empezó a construir una red municipal de bibliotecas por toda la ciudad, quiso recuperar el tiempo perdido y elaboró en 2004 un ambicioso Plan Director que no se cumplió y que, tras ser revisado y actualizado, duerme en los cajones casi dos años después del cambio político en el Ayuntamiento.

Pablo López asegura que “nadie se toma en serio la inversión en bibliotecas. El caso de Sevilla es especialmente sangrante. Mientras una población como Palma de Mallorca, con 430.000 habitantes, tiene una red de bibliotecas de 20 centros, nosotros tenemos 14, algunas de las cuales funcionan a medias y otras cierran periódicamente por falta de personal. Más de media ciudad carece de servicio bibliotecario, por más que sea un derecho respaldado por la ley y por el sentido común. Todos pagamos los mismos impuestos”.

María del Carmen García Hidalgo, bibliotecaria de San Julián, reconocía que había sido positivo el incremento de presupuestos experimentado en 2016, tanto en adquisición de libros como en actividades, pero es insuficiente para solucionar algunos problemas.

Por ejemplo, las actividades se desarrollan sólo durante cinco meses al año y “hay un sector, que es el de la población juvenil, que está desatendido. Es importante tenerlo en cuenta porque es entonces cuando muchos adolescentes que han sido niños lectores pierden este hábito”.

Además, actualmente, con las normas de contratación del ICAS, que sitúa en seis meses el plazo de resolución de un expediente de contratación, es posible que las novedades para préstamo no estén disponibles hasta el mes de noviembre, lo que supone, según Federico Medrano, director de la Red, “un torpedo en la línea de flotación”. “Los usuarios no entienden estos trámites administrativos. Lo que queda, al final, es que estamos dando un mal servicio”.

Desde el ICAS han explicado que “la gestión administrativa en los tiempos que corren implica una mayor planificación que no siempre coincide con los tiempos políticos de aprobación de presupuestos” y que, en este caso, “se va a gestionar a través de un procedimiento reducido que acorta los plazos. Se adquieren por un lado los libros y por otro los recursos audiovisuales”.

En una ciudad en la que el sector del libro no habla de las bibliotecas, los medios de comunicación no hablan de las bibliotecas, las bibliotecas hablan poco de sí mismas y los usuarios no se quejan por escrito, es difícil encontrar voces activas en defensa de la única institución que garantiza el acceso libre, universal y gratuito a la cultura.

Alicia Remesal, narradora oral, es una de ellas.

El desarrollo de una comunidad siempre se verá favorecido cuando cuente como lugar central con una biblioteca actualizada, donde poder consultar, leer, investigar y, en definitiva, aprender. Pero eso sólo sucede cuando la comunidad invierte en la biblioteca. Hay estudios que sugieren que por cada euro invertido en una biblioteca, estas retornan entre 3 y 4 euros en lo que a desarrollo económico y social se refiere”.

Y añade: “En una ciudad donde estamos condenados a tener la cabeza vacía y el estómago lleno de cerveza se hace más necesario aún demostrar que existen otros centros de encuentro que no tienen que ver con el alcohol o con el gasto”.

Todos ellos lo tienen claro.

Uno de los factores que explica los bajos índices de lectura en España es la menor implantación y desarrollo de bibliotecas públicas”, explica Garfia.

Se pueden hacer muchas cosas en el fomento de la lectura, pero siempre después de haber establecido una sólida red de bibliotecas, no antes ni desde luego en vez de”, matiza Pablo.

2017 no va a ser año de grandes cambios. Si bien el equipo socialista está haciendo énfasis en la inclusión de las bibliotecas como un equipamiento cultural más, normalizando su visibilidad en una ciudad cargada de eventos y modernizando su programación cultural, el programa presupuestario de Fomento de la Lectura y el Libro, pese a los aumentos, sigue siendo bajo.

La cercanía del Año Murillo, que tendrá reflejo en sus actividades, y la concepción de nuevos proyectos, como la biblioteca poética de Abelardo Linares para la Casa natal de Cernuda o el Centro de Documentación de la Semana Santa, plantean qué futuro está reservado para el crecimiento de la Red, sobre todo, cuando no se reciben aportaciones extraordinarias de la Junta de Andalucía y del Gobierno central desde 2010.

El suelo que pisamos

Con ocasión del Día del Libro Infantil, la librería La Isla de Siltolá hizo pública una encuesta realizada entre 430 estudiantes de entre 6 y 19 años, provenientes del distrito Sur, Cerro Amate, Santa Justa, San Pablo y Nervión, que habían participado en un programa de visitas escolares.

En ella, un 49% de los encuestados entre 6 y 13 años afirmaba que le gustaba mucho leer frente a un 2% que respondía que nada; mientras que estos porcentajes se situaban en el 19% y el 9% entre adolescentes de 14 a 19 años.

Esta iniciativa resulta sorprendente en una ciudad y en un sector poco dado al análisis, ni siquiera a la simple recopilación de datos. Quién, para quién y de qué manera está trabajando en el fomento de la lectura son algunas de las incógnitas que están en el aire, por no mencionar la ausencia de datos específicos sobre hábitos de lectura.

Han pasado seis años desde la última vez que se actualizó el Barómetro de lectura de los andaluces y cinco desde que cayó en el olvido el Observatorio Andaluz de la Lectura.

Los datos más recientes hay que buscarlos en la encuesta sobre Consumo y Conocimiento Cultural en Andalucía, realizada por el Centro de Estudios Andaluces. En el último año, un 4,9% de la población fue a una biblioteca pública y un 7,2% acudió a una feria del libro. La lectura de libros no profesionales la realiza diariamente un 0,2% de la población y nunca un 54,5%.

En un momento en el que se quieren rediseñar las políticas de fomento de la lectura, Lola Gallardo argumenta que “un buen plan obedece a objetivos y la evaluación de esos objetivos marca un nuevo camino. Y los objetivos se marcan en función de las necesidades y esas necesidades las marca el conocimiento del suelo que pisamos, es decir, de la realidad lectora que partimos en nuestra ciudad, cuánto se lee y qué se lee. Con qué naturalidad se lee y cuánto se impone la lectura. Cuántos lectores son cautivos, al igual que, por ejemplo, los visitantes de museos, y cuántos son libres”.

Estrategia seria

Para Javier López Yáñez, son signos positivos la línea de apoyo a librerías, el incremento de presupuesto para bibliotecas municipales, la iniciativa de crear un Plan de Fomento de la Lectura, el apoyo público a eventos culturales de gestión privada, así como la labor del Centro Andaluz de las Letras en el ámbito autonómico.

Pero añade: “Abruma lo muchísimo que queda por hacer”.

Las estrategias hemos de diseñarlas conjuntamente con las administraciones públicas las organizaciones del sector o de profesionales relacionados con el libro y la educación. Han de ser diseñadas a corto, medio y largo plazo. Incluyen políticas públicas, promoción e imagen, coordinación entre mediadores, etc. Un plan de fomento no puede ser simplemente un programa de actividades. Hay que generar estrategias de forma innovadora. Y hay que destinar recursos, esto es fundamental”.

E insiste:No es posible avanzar en una estrategia seria si no existen dotaciones presupuestarias de verdadero impacto, y esto requiere un compromiso serio. Si no, difícilmente podremos conseguir algo importante a largo plazo”.

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