“Es hora de hacer políticas de lectura contundentes”

La suya es la voz colectiva más reconocible de las librerías sevillanas y andaluzas por su labor al frente de la Feria del Libro (2002) y como secretario de FAL, la Federación Andaluza del Libro (2009).

Desde mayo de 2015, Javier López Yáñez se encuentra a mitad de camino entre Sevilla y Madrid, donde trabaja como director técnico de Cegal.

En un sector que ha dado muestras de las dificultades para concertar acciones conjuntas, y en un momento complejo pero decisivo, conversamos con él sobre la situación de las librerías y sobre políticas de lectura. 

POR Sonia Domínguez / SEVILLA, 25 ENE 2017

Aquel joven que compraba libros en Reguera, Padilla y Seminario, y que iba de librerías en una época en la que los escaparates y las mesas de novedades “no se habían homogeneizado tanto”, se convirtió en librero con Repiso (1984-2014) “sin tradición familiar, siendo muy joven e inexperto”.

Pero un día sustituyó la gestión diaria de la librería por involucrarse en la Feria del Libro y en FAL.

Hoy, Javier López Yáñez pasa gran parte de su tiempo en Madrid. “Después de muchos años de decir hay que hacer esto, hay que hacer esto, te ponen por delante la posibilidad de hacerlo”, en un momento que él considera “interesante” para el sector.

Tendremos que ver cómo integramos lo digital en el día a día, pero la tecnología ofrece grandes oportunidades”, considera.

Entre sus manos tiene proyectos nacionales como la difusión de las herramientas tecnológicas para las librerías y la coordinación de campañas, así como asuntos municipales como el futuro de la Feria del Libro o la participación en el diseño del Plan de Fomento de la Lectura.

PREGUNTA: Más allá de la locura de compaginar tres trabajos, ¿hay una corriente de ideas entre ellos? ¿Cómo se nutren?

RESPUESTA: Ha sido curioso compatibilizarlo porque, al tener contacto con todo el sector, manejas una visión más global y hay algo muy ilusionante que está sucediendo ahora. Hay unos inicios de coordinación importante en el sector a través de la asociación de Cámaras del Libro, en la que estamos en contacto permanente editores, libreros, distribuidores, incluso industrias gráficas.

Desde Cegal hemos hecho una propuesta para coordinar de alguna manera las distintas campañas que se organizan desde el sector y desde otros segmentos, como las bibliotecas. Queremos ser capaces de crear una gran agenda. Es importante crear sinergias de manera permanente y que unamos esfuerzos.

Pero lo que sí te digo es que esas tres funciones son provisionales. Este es el último año de dirección de la Feria del Libro, que requiere otra dedicación más plena y no es compatible. Quise que hubiera sido el año pasado pero la Asociación me pidió que tuviéramos un proceso de transición adecuado y en FAL no sé cuál será el futuro pero nos estamos reorganizando. Verónica Durán está tomando más funciones.

“Cuando generas una dinámica positiva, cuando convences a los lectores de que las librerías no están muertas, que cierran unas pero abren otras, puedes generar interés. Mostrar un carácter negativo no conduce a nada”

P: Habéis conseguido que las librerías estén de moda, con lo que las modas tienen de positivo y de negativo.

R: Hace un año y medio teníamos un discurso muy negativo asumido por todos. Se unían la crisis del sector, que a mi juicio está más originada por los cambios en los sistemas de distribución y en toda la estructura logística, así como en comunicación, con las listas de libros más vendidos y la centralización de la información sobre qué libros hay que leer, con una crisis económica brutal, en una época tremenda. Y se nos viene encima un cambio tecnológico que nos convence a todos de que el libro en papel tenía los años contados.

Los grandes gurús hablaban que a día de hoy el papel sería el 20%. Sigue siendo el 80%. Todo eso llegó a crear una imagen del fin de las librerías, su muerte. Un mensaje que fue calando y que genera una respuesta de resistencia a la defensiva.

Lo que planteamos es que hay que lanzar mensajes diferentes sobre los valores que tienen las librerías en sus distintas tipologías. Cuando generas una dinámica positiva, cuando convences a los lectores de que las librerías no están muertas, que cierran unas pero abren otras, puedes generar interés hacia ellas. Las redes sociales han jugado mucho a favor. En un año ha crecido mucho la presencia en redes de las librerías, de las organizaciones gremiales, de las ferias del libro. Mostrar un carácter negativo no conduce a nada.

Hace más de 30 años que Javier López Yáñez trabaja en el sector del libro / FOTO: PEPA PONCE

P: En la rueda de prensa del Día de las Librerías, cuando las periodistas preguntaron detalles sobre la situación de las librerías en Sevilla -número, tipología, distribución por la ciudad, facturación- desde FAL no se supo dar respuesta porque no existen análisis ni informes.

R: Sí existen. Existe un estudio, que es el Mapa de Librerías.

P: ¿Pero local?

R: Existe de toda España. Sevilla es una ciudad muy peculiar. El efecto de la cadena Beta en el sector del libro ha sido muy considerable. No hay otra ciudad en la que una cadena tuviera tal presencia. Eso sí ha causado un efecto que no sé si ahora podrá tener alguna modificación. El número de librerías que pertenecen a la organización andaluza sí ha aumentado. En este momento somos 14.

P: Ha sido un final de año un poco convulso para las librerías. Cierres, traspasos, traslados. ¿Qué dice de Sevilla como ciudad su paisaje de librerías?

R: Hace unos cuantos años, antes del período electoral en el que ganó Zoido, nos reunimos con todos los grupos políticos y les hablamos de la necesidad de un concepto urbanístico de protección de los espacios culturales en determinadas zonas de la ciudad. Hablamos del centro pero también de los barrios. Los barrios se estructuran en base a sus dotaciones culturales.

Sevilla sigue siendo un poco pueblo. Todavía tiene esa reminiscencia del centro y de barrios poco dotados de infraestructuras”

En otras ciudades ocurre. Ocurre en Barcelona, en Madrid. Determinados barrios de Madrid funcionan con sus propias calles comerciales, donde se ubican sus espacios culturales, donde la población gira alrededor de ese espacio. Sevilla sigue siendo en ese sentido un poco pueblo. Todavía tiene esa reminiscencia del centro y de barrios poco dotados de infraestructuras. En otras ciudades sucede un problema parecido.

Podemos tener otras peculiaridades con los niveles de lectura, que siguen siendo escasos en Andalucía en general, y otro factor que ha influido bastante es que los hábitos de usos culturales se han ido reduciendo. La persona que va al teatro es la misma que va al cine, que lee, en definitiva, que siente curiosidad cultural.

Cuando en los medios de comunicación la información cultural es escasa, eso influye y en una ciudad como Sevilla, en la que la información que se genera sigue siendo escasa, pues lógicamente no tenemos estructuras.

¿A eso se le pone remedio? Hemos hecho algo que espero que termine siendo positivo, que es el Sello de Calidad de las librerías. Es en lo que podrán basarse las administraciones para apoyar a ese segmento de las librerías.

“Si en Sevilla tuviésemos ahora mismo diez librerías que se hubieran lanzado a solicitar el sello, podríamos estar pidiendo a las administraciones con más fuerza que crearan una línea de ayuda porque ya les estamos dando el instrumento para poderlas conceder”

P: De momento no se ha presentado ninguna sevillana.

R: No. No hay ninguna. Lo irán haciendo, son muchas las librerías sevillanas que podrán obtener el Sello de Calidad.

Este sello se ha entendido en algunos casos como una campaña de comunicación. Obtienes el sello, te ponen una pegatina donde dice Librería de Calidad y ya está. No. Por supuesto que tiene una repercusión de imagen pero, por ejemplo, el concurso María Moliner de dotación de bibliotecas, entre sus requisitos, ya incorpora una puntuación alta del Sello de Calidad.

Esta iniciativa parte de un librero de Canarias que lo propone hace ocho años y se retoma desde todo el sector con el Ministerio. Lo homologa el Ministerio. Eso se va a ir incorporando, no sólo a nivel estatal, sino también a las autonomías e, incluso, tiene una parte local con el IBI para las librerías.

Si en Sevilla tuviésemos ahora mismo diez librerías que se hubieran lanzado a solicitar el sello, podríamos estar pidiendo a las administraciones con más fuerza que crearan una línea de ayuda porque ya les estamos dando el instrumento para poderlas conceder. Porque las administraciones tienen el mismo problema a la hora de determinar qué es una librería. Cuando hablas con ellos para cualquier tipo de ayuda o política de comunicación se plantean pero ¿qué librería? ¿Las grandes superficies también entran? ¿Cómo diferencio entre una u otra? ¿Con qué criterio objetivo? El sello es fundamentalmente ese criterio objetivo, el instrumento.

“Los años de impasse han redefinido el modelo de Feria del Libro”

Con una historia cincuentenaria, La Feria del Libro es el evento de promoción del libro más longevo de la ciudad

P: Hablemos ahora de la Feria del Libro, que cumple 50 años.

R: No. Cumplimos 47.

P: 47 ediciones pero 50 años. ¿Lo vais a celebrar?

R: Hay que celebrar ediciones. Hemos tenido años en que no se ha hecho la Feria y eso no es para celebrarlo, aunque es verdad que nos sirvió. Los años de impasse han redefinido el modelo de Feria del Libro.

P: ¿Cuáles son las perspectivas de este año?

R: Todavía es pronto, no hemos definido la dedicatoria. En la organización será un año de transición. Estamos afianzando el equipo de trabajo. El papel de Verónica Durán y de Nuria Lupiáñez, con el equipo de comunicación de Édere, va a estar más visible. Tienen experiencia suficiente como para afianzar su papel y desarrollar más funciones, incluso.

Cuando termine esta Feria, la Asociación decidirá cómo y qué formato de organización es el que decide finalmente y qué personas van a ocupar qué funciones. Nos tomaremos un cierto tiempo para evaluarla y tomar decisiones para el año que viene pero la base está sustentada. El equipo sigue.

El papel de Verónica Durán en la coordinación se va a reforzar y el de la comunicación también porque vamos a intentar avanzar. Volver a la línea que dejamos en su día por la crisis, hacer los cambios que en su momento fueron innovadores. Mejorar la presencia en redes, estar en Instagram empieza a ser importante, y cambiar el aspecto visual de la web. De contenido está bien pero de imagen se queda pobre y hoy en día ya hay herramientas para mejorar la imagen y no perder información.

“Me hubiera gustado, el día que deje esta Feria, haber conseguido acuerdos de más plazo con cada una de las administraciones. Las instituciones tendrían que aportar más estabilidad”

P: ¿Cuál es la salud financiera de la Feria del Libro?

R: No tiene deuda. Cuando digo deuda me refiero a importes pendientes no documentados. Lo que tiene, está todo pautado, va cumpliendo todos sus compromisos y tiene una salud llevadera porque, además, tiene una estabilidad. Eso sí está claro.

En los años de crisis, estuvimos a punto de plantearnos si esto podía seguir o no, hubo una caída brutal de presupuestos. Esas consecuencias las tienes que ir soportando durante los años siguientes. Haces los acuerdos con los proveedores para poder solventarlo en unos plazos razonables y vas cumpliendo. Hemos cumplido con los plazos y en ese sentido está todo en orden.

No estamos para tirar cohetes y nos preocupa mucho, año a año, los acuerdos que hagamos con cada uno de los colaboradores y patrocinadores. La estabilidad en los apoyos sí es un problema que tiene la Feria, igual que lo tienen las librerías y todo el sector. Espero que se repitan los mismos apoyos que el año pasado pero me hubiera gustado, el día que deje esta Feria, haber conseguido acuerdos de más plazo con cada una de las administraciones. Las instituciones tendrían que aportar más estabilidad.

P: Cuando Isabel Ojeda dice que la Feria del Libro necesita que se le dé una vuelta, que hay críticas al modelo, ¿qué piensas?

R: Hacemos tres evaluaciones de la Feria todos los años. Una, a base de entrevistas personales, otra encuesta exhaustiva que se les pasa a los expositores, que están entre satisfechos y muy satisfechos, y lógicamente tenemos que elaborar un informe para cada uno de nuestros patrocinadores, en el que se explica y se justifica todo. Con el ICAS siempre hemos compartido esta información.

A partir de ahí, las opiniones que surgen sobre la Feria intento clasificarlas de dos maneras. Las que vienen del propio sector, de librerías o editoriales que no están pero podrían, y opiniones de lectores o personas cercanas o interesadas.

Las que vienen de librerías y editoriales procuro analizarlas y evaluar si defienden intereses colectivos o particulares. En todos estos años he recibido críticas en todos los sentidos, también elogios. Hemos recibido críticas de que nos centrábamos en las grandes editoriales y críticas de que nos centrábamos en las pequeñas. ¿Cuál es la realidad?

“La Feria del Libro es uno de los pocos eventos organizados por el sector y, fundamentalmente, por las librerías”

La Feria tiene que ser abierta, equilibrada y responder al sector. La Feria del Libro es uno de los pocos eventos organizados por el sector y, fundamentalmente, por las librerías. Cuando vamos a la presentación de un libro en la Fundación Cajasol, por ejemplo, o en una sala de arte, genial porque están promoviendo cultura, pero no lo gestiona el sector del libro. La Feria del Libro sí, el Día de las Librerías sí.

La Feria del Libro está hecha para vender libros y para promocionar el libro. Tenemos que ir cambiando las cosas para que las ventas que se producen se salgan de esa dinámica de la concentración en muy pocos títulos, de venta de libros de escasa calidad, de conseguir que cada vez haya más pluralidad, que lo que se venda no sea el best seller sino lo que el librero está recomendando en su caseta. Pero no nos olvidemos que también hay que vender el best seller para que el librero rentabilice su estancia en la Feria y pueda regresar al año siguiente.

Observo críticas desde una tipología de librería o editorial que surge en los últimos tiempos y que, a mi juicio, intenta marcar una imagen muy diferenciada del resto. Opta por una permanencia en la oposición de las cosas de una manera generalizada, está defendiendo unos intereses particulares y se organiza para tal.

La Feria del Libro representa a todo el sector y cuando no lo haga se equivoca. Hay que dejar entrar a todos los segmentos. Cuando he oído alguna crítica sobre que es poco participativa, hay que resaltar que participan más de 70 entidades, sobre todo librerías y editoriales.

P: Entiendo que las críticas sobre la participación se refieren a involucrarse más de raíz en todos los procesos, a una elaboración conjunta del proyecto. 

R: Para participar en todo, en la vida social y política, hay que generar organizaciones. En la Feria del Libro no tenemos, y me alegro de que haya sido así, un funcionamiento asambleario.

“No nos llegan propuestas organizativas novedosas y, sobre todo, no se canalizan a través de las organizaciones del sector, que son las que tienen representación ante las administraciones; algo que ha costado mucho construir”

Tenemos un funcionamiento canalizado por las organizaciones del sector, en torno a dos pivotes, la Federación Andaluza de Libreros y la Asociación de Editores de Andalucía. Luego hay una serie de personas, instituciones y empresas que están dentro de la Asociación, que aportan muchísimo y que hay que elogiar, pero el respeto a qué dice FAL y qué dice la AEA es muy amplio.

Una librería o una editorial que tenga una opinión la tiene que canalizar a través de sus organizaciones y si queremos cambiar organizaciones, tenemos que pelear por cambiarlas. Lo que es muy fácil es hacer críticas desde fuera, en un umbral de comodidad que es muy frecuente en cultura. No nos llegan propuestas organizativas novedosas y, sobre todo, no se canalizan a través de las organizaciones del sector, que son las que tienen representación ante las administraciones; algo que ha costado mucho construir.

Un instante de la entrevista realizada en el nuevo espacio de Un Gato en Bicicleta, en la calle Pérez Galdós / FOTO: PEPA PONCE

P: Actualmente, parece que hay más movimiento respecto a la lectura. Desde el Ministerio ya han dicho que van a hacer un plan de lectura “como Dios manda” y en la presentación del Informe de Lectura se hizo hincapié en que todo depende de inversiones en bibliotecas y cambios educativos. ¿Qué perspectivas tenéis?

R: Valoro muy bien el papel de Mónica Fernández, que ha sido subdirectora del Libro con varios Gobiernos y ha peleado mucho, por lo menos, porque las cosas se mantuvieran, por lanzar varias ideas. El equipo nuevo tiene una voluntad muy similar y hay gente muy competente.

“Si todo esto no se basa en acciones muy concretas en educación, planificadas y a largo plazo, pues no sirve de nada”

Yo lo que echo en falta son presupuestos. Pero echo en falta presupuestos a nivel estatal, autonómico y local. Hablar de un Plan de Fomento de la Lectura requiere hacer acciones de un impacto brutal, en varias líneas. Inversiones en bibliotecas respetando el canal de la librería, porque si no no estamos construyendo nada a la larga; coordinación con las acciones culturales y atender a los derechos de autor sensatamente, sabiendo comunicarlo bien. Y algo que es fundamental. Si todo esto no se basa en acciones muy concretas en educación, planificadas y a largo plazo, pues no sirve de nada. De nada. Todo esto que hablamos de dotación de bibliotecas, de potenciar librerías, si no tiene una base en educación, no nos sirve de nada. Por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte lo que nos plantean es que hay una intención de coordinarlo con Educación.

P: Al menos ya hay otra disposición…

R: Sí, pero fíjate. Nos encontramos siempre con que tenemos responsables muy capacitados, con una intención y las ideas claras. En este caso y en este momento, las tenemos en las tres administraciones pero lo que no tenemos son presupuestos. O hay una política a nivel de gobiernos –estatal, autonómico y local- que comprenda que hace falta una inversión que tendrá beneficios a largo plazo o seguiremos trabajando como se pueda, con migajas de presupuesto.

“La pregunta clave es si es fundamental o no incrementar los niveles de lectura. A todos se nos llena la boca pero, si es fundamental, se tiene que reflejar en los presupuestos”

P: Ya que hablas de migajas. La Junta de Andalucía destinó en 2016 un 0,007% de sus más de 30.000 millones de presupuesto a la lectura y es una cuestión que lleva paralizada muchos años. ¿Hasta cuándo hay que comprender a la administración?

R: Ya no podemos comprender más. Creo que toca ahora, es una cuestión de Gobierno autonómico. Es hora de hacer políticas de lectura contundentes. Un Gobierno que se llame progresista tiene que adelantarse en sus políticas a gobiernos conservadores que, teóricamente, su interés sobre el efecto social de la lectura y la educación no es tan patente. Digo en teoría porque a lo mejor tenemos que cambiar esa premisa.

O se hace una política de apoyo a la lectura y al sector del libro o estamos mostrando otro criterio. Las preferencias están en otro sitio. Comprendo los problemas presupuestarios de una administración autonómica, que a su vez depende de presupuestos estatales, pero es hora de hacer algo. Sobre todo, porque esto no ocurre con otros sectores en los que llegado el momento se invierten grandes cantidades.

La pregunta clave es si es fundamental o no incrementar los niveles de lectura. ¿Es fundamental o no es fundamental? A todos se nos llena la boca pero, si es fundamental, se tiene que reflejar en los presupuestos.

“Un Plan no es unir lo que hace cada cual, se necesita mucho más. Hay que ser muy ambicioso en eso si queremos resultados”

P: Respecto al Plan de Fomento de la Lectura local, ¿tiene riesgo de encallar sin haber zarpado?

R: Está en inicios. Está en previos. Hay que valorar qué es lo que se puede hacer desde el ámbito municipal y en qué línea. Cometeríamos un error si simplemente agrupamos la información, que puede ser interesante, pero no es la clave.

Si hay algo que me parece importante, es que nos hemos puesto en contacto para identificar el problema, analizarlo, compartir nuestras informaciones y que cada parte, bibliotecas y librerías, exponga sus necesidades. Valoro positivamente la iniciativa, aunque va más lenta de lo esperado porque la administración tiene sus inercias y cuesta.

Lo que tenemos que definir es cuáles son las necesidades y a eso ponerle programa y presupuesto. Un Plan de Fomento de la Lectura no es nunca, ni a nivel ministerial ni autonómico ni municipal, una serie de actividades que haces para que los niños lean más, o una serie de anuncios que pones en televisión. Es una estrategia que tiene que obtener resultados a corto, medio y largo plazo.

Hace 20 años participé en una reunión en el Ministerio porque ya se hablaba de la necesidad de un Pacto de Estado por la Lectura. Hay que ir a máximas. Si es un tema primordial, es un tema primordial. ¿Qué contenido ha tenido aquí el Pacto Andaluz del Libro? Lo único bueno que salió fue el Centro Andaluz de las Letras, con un equipo que desarrolla un trabajo excelente, pero ¿lo dotamos o no lo dotamos de presupuesto?

Un Plan no es unir lo que hace cada cual, se necesita mucho más. Hay que ser muy ambicioso en eso si queremos resultados.

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