La crítica es una forma de compartir criterio

Hace casi seis años, una noche de euforia tras la presentación de un proyecto que unía microrrelatos y fotografía, un grupo de lectores impenitentes empezó a elucubrar qué podría hacer para ser más productivo. A aquellos lectores no les bastaba con ser periodistas o profesores, con publicar novelas o poemarios, sino que querían compartir con el mundo sus impresiones y opiniones.

Esa búsqueda de “algo más” se concretó en “Estado Crítico”, un blog de crítica literaria, diletante la califican ellos, que se alimenta desde julio de 2009 con una reseña literaria diaria. Hagan cálculos. Abran la ventana de categorías y elijan. Han construido una biblioteca de 1.300 referencias de literatura contemporánea.

Sumergirse en sus contenidos tiene algo de locura. Es una locura intentar seguir el ritmo a estos 16 estadistas. Y no todas las métricas son cuantitativas porque también tiene mucho de exigencia. Si ellos mismos participan en esta historia por amor al arte, porque quieren crecer como lectores, mediante la práctica de una lectura atenta y alerta, es normal que los seguidores de este blog, si quieren jugar, lo hagan en serio, exprimiendo al máximo las capacidades intelectuales de las que disponen.

Una de sus pautas es la libertad: para seleccionar libros y para opinar sobre ellos, de género o de editorial, formal o de estilo. Una libertad que, en sus palabras, se traduce en anarquía de la que cada uno de los firmantes se responsabiliza con su nombre. Y, entre los nombres, están los de Fran G. Matute, Sara Mesa, Antonio Rivero Taravillo, Carolina León, Rafael Roblas, Daniel Ruiz García y Coradino Vega, entre otros.

LECTURA CRÍTICA

El periodista y poeta Alejandro Luque es uno de los promotores de “Estado Crítico”. Recuerda con una sonrisa aquella noche en la que empezaron a hablar de la posibilidad de hacer “algo que nos dinamizara y nos hiciera sentir productivos. Era un momento de auge de los blogs, podías montarte tu propia historia, rápida y económicamente. Nos sentíamos todos lectores, con muchísimas cosas que contar y echamos a andar”.

Algunos estadistas acompañaron a Daniel Ruiz García en la presentación de su novela "Todo está bien" FOTO: María Fernández-Melero

Algunos estadistas acompañaron a Daniel Ruiz García en la presentación de su novela “Todo está bien” FOTO: María Fernández-Melero

En este tiempo, ha habido variaciones en la composición de los estadistas pero no se ha modificado el espíritu del blog: publicar una reseña al día de libros editados en el último año, seleccionados según el criterio personal y con total libertad para opinar, positiva o negativamente.

Entendemos el ejercicio de la crítica no como una forma de participar en el aparato promocional de las editoriales, sino de compartir criterio, compartir herramientas de lectura con los lectores, que puedan servir para otros libros, puntos de vista, ideas. Dentro de esa filosofía, un libro puede tener una reseña positiva o negativa o cuestionarse algunos aspectos. Durante muchos años, la crítica ha sido sospechosa de ser muy complaciente y cortesana o destructiva, por razones personales. Hemos querido romper en la medida de lo posible con eso”.

“Lo bueno de internet es que ha democratizado la crítica. Ya no es una casta de elegidos que dictaminan, sino que hay gente que comparte libros e ideas”

Una de las transformaciones que ha propiciado internet es el desplazamiento del papel de prescriptores que, hasta hace poco tiempo, jugaban críticos literarios y periódicos culturales. Para Luque, “lo bueno de internet es que ha democratizado la crítica. Ya no es una casta de elegidos que dictaminan, sino que hay gente que comparte libros e ideas. Lo malo es que hay mucha morralla porque hay quien se dedica a copiar la solapa de los libros o fingir que se los ha leído. Pero hay gente que se lo toma muy en serio y eso es muy sano para la literatura y para la vida cultural del país”.

Esto ha obligado a los medios de comunicación a renovarse porque, de repente, las formas se han quedado obsoletas. “Internet te permite una gran libertad formal. Nosotros hemos publicado desde una reseña como una carta de amor que hizo Ilya U. Tooper hasta una parodia de Antonio Orejudo, que hizo Fran. ¡Nos falta hacerla en verso! Tenemos ese punto de desenfado y de desacralización”. Y ahí entra la anarquía: “Cuando no hay directrices, te haces responsable de lo que firmas. El blog es una especie de techo que nos cubre a todos pero tú eres el que firma. No hay ni seudónimos ni reseñas sin firmar. Te retratas delante de tus lectores. Es una forma de responsabilidad”.

En “Estado Crítico” no se preocupan por medir el alcance de sus textos. “Para nosotros no es un negocio, es un lujo que nos permitimos. No queremos vernos condicionados. Si hay que escribir sobre un libro raro, que atraiga poco, se hace con la misma libertad que sobre la última novela de Pérez-Reverte”.

Lo que sí les decepciona es la ausencia de debates o participación en los comentarios del blog que, en el fondo, demuestra que, a pesar de la democratización de la red, “no hay tanta gente que quiera debatir. No veo que haya debates interesantísimos ni apasionados. Hay adulaciones o exabruptos pero el público no está preparado o dispuesto a entrar en eso”.

Aunque Alejandro Luque asegura que no sueñan con el papel porque su espacio natural es el virtual, sí se vuelven físicos mediante la organización, con el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus), de “Encuentro Crítico”. Juan Bonilla, Ignacio Echevarría y Mercedes Cebrián han participado, hasta el momento, en esta iniciativa que también estará presente en la próxima Feria del Libro.

Será los días 12, 13 y 14 de mayo, con tres encuentros que abordarán el mundo de la escritura, de la edición y de la crítica y que traerá a Sevilla al escritor Luisgé Martín, al poeta y crítico extremeño Álvaro Valverde y a los editores Enrique Redel (Impedimenta), Raquel Vicedo (Sexto Piso) y Pablo Mazo (Salto de Página).

LECTURA REFUGIO

En una conversación con lectores tan empedernidos, no renuncio a preguntar si no nos estaremos despistando con tanta parafernalia tecnológica en torno a la lectura y su respuesta es sencilla. “Se está confundiendo un mercado que tiene que abrirse camino, donde el negocio está en vender soporte y no contenido, con la lectura que es un ejercicio íntimo, introspectivo y que tienes que hacer individualmente”.

“La tecnología nos tiene desconcentrados y la lectura es hermana de la concentración y del silencio, que son bienes escasísimos”

Se lee menos porque hay menos tiempo y hay menos serenidad. ¿Cuánta gente lee con el libro en las manos y el móvil en las rodillas?”, se pregunta. “La tecnología nos tiene desconcentrados y la lectura es hermana de la concentración y del silencio, que son bienes escasísimos”.

¿Recuperaremos un poco la cordura?. “Por una parte soy pesimista pero, al mismo tiempo, creo que la lectura se está revalorizando porque, con la vida que llevamos, si eres capaz de conquistar un rato de lectura estás consiguiendo algo muy valioso. La lectura en papel se ha convertido en un refugio, en un bastión para un montón de cosas como, por ejemplo, descansar de las pantallas. El rato de lectura en papel es un oasis”.  

 

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