La Fuga: una librería inserta en comunidades

En el imaginario de las librerías sevillanas, La Fuga es una isla centrada en el pensamiento de izquierdas y Luis Gallego, un valiente, un resistente (o un loco… pero ¿cómo lo hace?) porque afronta él solo todo el trabajo, el visible y el invisible, que conlleva una librería. ¿Solo? Sí, pero no. Se apoya en su comunidad. “La Fuga es una herramienta para determinadas comunidades, sobre todo política y poética, artística también. Considero que esto es un trabajo colectivo”.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 12 NOV 2015

Si las palabras no estuvieran tan gastadas, llegaríamos a la esencia de lo que quiere decir Luis de La Fuga cuando asegura que la fortaleza de su librería es que “está inserta en determinadas comunidades” y que esa relación con colectivos políticos, poéticos y artísticos, esa colaboración y utilidad, es lo que transforma un proyecto individual en una idea compartida. Él mismo reconoce que el término comunidad “es un lugar común pero yo me lo creo. Como soy parte de esa comunidad, hoy por ti, mañana por mí, y si te puedo ayudar, te ayudo.

La Fuga Librerías está celebrando este mes de noviembre su undécimo aniversario. No lo hace solo, sino junto a El Topo Tabernario, XI+II. Y la editorial Libros de la Herida, impulsada por José María Gómez Valero y David Eloy Rodríguez, tiene en este librero a un cómplice, un compañero de camino, en la programación de su décimo cumpleaños.

Estos días, tiene más motivos para estar contento: la concesión del premio Librería Cultural 2015 a Traficantes de Sueños, con la que comparte enunciados y una red informal de trabajo, significa un reconocimiento a la idea de que se pueden vender libros de otra forma. Que el oficio de librero puede ser un medio y no un fin.

“Hay otras formas de entender el mundo a nivel teórico, poético o narrativo, que son posibles, aunque no vendan lo que venden los otros”

Traficantes de Sueños lleva ya veinte años y ha sido el referente para muchas librerías, entre ellas La Fuga. Han demostrado que se puede hacer, que puedes centrar tu librería en otros productos que no sean los best sellers, que puedes abrir un espacio más o menos humilde para potenciar determinadas líneas políticas.

La política es abrir posibilidades, demostrar que hay otras formas de vivir distintas a la hegemónica. Hay otras formas de entender el mundo a nivel teórico, poético o narrativo, que son posibles, aunque no vendan lo que venden los otros”, asegura.

Librería a secas

Luis Gallego fue cocinero, antes que librero; un oficio al que llegó por distintas casualidades vitales.

En 2004, se nos planteó la posibilidad de abrir una librería cafetería, aquello no salió pero, cuando me vi metido en el proyecto, tiré por la librería. Siempre he estado cerca de los movimientos sociales, con una militancia más o menos activa, conocía a la gente de La Palabra Itinerante y había estado dos años en el mercadillo cultural del Pumarejo vendiendo libros de poesía y cómics. Me lancé.

Han pasado once años, algunos mejores y otros peores, pero la claridad y especialización con la que enfoca su trabajo, y las relaciones fuertes con su entorno, explican porqué La Fuga atraviesa un buen momento. “Sigo subiendo, cada vez un poquito más.

Intento ser útil a las comunidades con las que me relaciono. Hay muchas formas de colaborar, no sólo económicas, sino cediendo el espacio, programando actividades. Si me hablan de un libro, saben que lo voy a defender y la gente viene a pedirme libros que no encuentran en otro lado. Intentamos mantener una relación simbiótica. Las librerías reclaman apoyo pero nosotros tendremos que dar algo, ¿no? La supervivencia se garantiza porque eres útil a la comunidad.

'Poesía a pie de calle' es uno de los proyectos colectivos en los que participa La Fuga

‘Poesía a pie de calle’ es uno de los proyectos colectivos en los que participa La Fuga FOTOS: STEFANIA SCAMARDI

Por eso, considera que hay resignificar también el propio concepto de librería. “Cuando se dice librería alternativa, librería política o independiente, a mí me gusta llamarlo librería a secas. Cuando piensas en una librería, piensas en que los libros tienen una cierta coherencia. Seleccionas lo que puedes defender. Lo otro son supermercados culturales”, opina.

Con un fondo especializado en política, filosofía, poesía y arte, aunque también hay narrativa, novela gráfica y libros infantiles, La Fuga no es un espacio cerrado. Todo lo contrario. Lo que pretende es ser coherente. Su trabajo no está tan sometido a los vaivenes del mercado ni a la sobresaturación que imponen los grandes grupos editoriales. Las novedades son seleccionadas al detalle.

Una librería es un escaparate. Tengo una sección de feminismo, y no de autoayuda, porque la puedo defender. La coherencia implica la defensa de cada libro que has seleccionado.

He intentado que la gente considere esto como un espacio neutro, que todos se vean representados en la tradición política emancipatoria o de izquierdas. Intento representar esa diversidad: el anarquismo, el feminismo, el marxismo. Que sea un espacio de encuentro, que no sea un gueto. Cualquiera que venga es atendido lo mejor que pueda. Incluso cuanto más alejado de mi posición, mejor, porque podemos hacer pedagogía política, poética, enseñarle otros materiales que a lo mejor desconoce o que no tienen una visibilidad tan fuerte.

Redes

Desde La Fuga se coordinó la distribución de El Gran Pollo de la Alameda, libro que recoge buena parte de las luchas contra la gentrificación de la Alameda de Hércules, una zona que “mantiene la estética pero ha vaciado el discurso”; está muy vinculada al colectivo poético La Palabra Itinerante y a artistas como Niño de Elche, que eligió este espacio para la imagen de portada de su último disco, ‘Voces del Extremo’. Colabora con el proyecto arteypensamiento de la Universidad Internacional de Andalucía, con el Observatorio de la Deuda de Sevilla, con el Topo o con el espacio Tramallol, a los que apoyará en la construcción del archivo digital Contra la pared.

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A este librero le gusta pensar en su librería como una herramienta colectiva. FOTO: Stefania Scamardi

Con una media de 50 actividades al año, una de sus singularidades es la biblioteca de audios que, a través de internet y con licencia libre, va alimentando para que no se pierda ninguno de los proyectos en los que colabora.

Otra particularidad es que cuenta con una red informal de apoyos con librerías como Katakrak (Pamplona), La Hormiga Atómica (Zaragoza), Bakakai (Granada), La Ciudad Invisible (Barcelona) o Cambalache (Oviedo). “Hablamos del oficio sin problemas porque hay una idea en común: queremos vender libros para poder dedicarnos a una línea política determinada.

¿Y en Sevilla, se da también esa colaboración?, le pregunto. “Aquí hay otros intereses en los que no coincidimos. No sé porqué otras librerías de Sevilla venden libros, no sé si lo fundamental es el mercado o la vida. Lo fundamental es potenciar las comunidades donde me inserto como librería, aunque a lo mejor le saque menos rentabilidad.

El cumpleaños de La Fuga y El Topo ha finalizado con la presentación del cómic ‘Exploradoras’ de Nathalie Bellón, editado por Libros de la Herida, y con una gran fiesta de aniversario, con conciertos y con un espacio de discusión sobre “¿Momento político actual?, ¿hay vida más allá del 20D?, ¿qué hemos hecho para merecer esto?”

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  1. Ana Deincon

    Cuánto echo de menos La Fuga, al Luis y a los pitis en la puerta, entre remeno y remeno de libros, títulos y demás artesania….

  2. Pingback: La Fuga: una librería inserta en comunidades | Valor de cambio

  3. Cristóbal Suárez Artidiello

    ¡Larga vida a La Fuga y a Luis, mi librero y mi librería!, Desde la helada Ushuaia, un abrazo.

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