Librerías de verbo estar

En un contexto de feroz competencia por el ocio, la atención mayoritaria se ha desviado de la lectura. Frente a la despersonalización de la tecnología y el consumo rápido, hay librerías en Sevilla que abogan por ser un lugar de encuentro. Espacios habitables. Una segunda casa. Hay librerías que están intentando cambiar el verbo ir por el verbo estar (y participar).

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 12 NOV 2015

Si el espacio lo permite, ya no es extraño encontrar un sofá dentro de una librería. Es una invitación a demorar el momento de la salida. Un símbolo de sentirse en casa. En la trianera Especies de Espacios lo tienen. Casa Tomada, junto a la ampliación de títulos, lo acaban de incorporar. En Un gato en bicicleta colocaron mesa y sillas por aclamación popular.

El libro necesita tiempo para que lo encuentren. A veces vamos a la librería como si fuéramos al supermercado”, asegura Joaquín Sovilla, de La Extra-Vagante, que ha sumado mesa, sillas y una nevera con cerveza a la decoración de este espacio.

Pero no se trata tan sólo de elementos decorativos, sino de una declaración de principios. “La tormenta no ha pasado, creo que nos espera una tormenta mayor. Estamos buscando fórmulas para sobrevivir y reciclarnos. Se salvarán aquellas librerías que sean capaces de generar un lugar de encuentro”, vaticina Joaquín.

Cuando en la pasada Feria del Libro de Madrid se presentaron los resultados de la encuesta realizada a a clientes de las librerías por el Laboratorio del Libro, el diario El País titulaba: ‘Los lectores quieren que las librerías recojan el espíritu de la biblioteca’.

Y es que las bibliotecas llevan años intentando ser lugares de encuentro pero la diferencia entre ambas es obvia: para las primeras, responde a su carácter de servicio público. Las pagamos entre todos. Es, diríamos, su obligación. Para las segundas, como negocio, es una opción y es necesario tener músculo financiero que permita la generación de ese espacio. La creación de un hábito que tarda en solidificar.

Hay librerías en Sevilla que, además de presentaciones, clubes de lectura y todo tipo de actividades cada vez más envolventes y relacionadas con otras facetas culturales, están haciendo un esfuerzo por abrir sus puertas todo lo que sea necesario (y un poquito más).

Rayuela mágica

Si no abusáramos tanto del término magia, podría decir (y me creeríais) que lo que sucedió en Rayuela la noche del 24 de octubre fue mágico, como el título de la actividad prometía.

No todos los días, y no en muchos sitios, los niños tienen la oportunidad de pasar la noche en una librería, con su saco de dormir y su linterna, sin padres, con libertad absoluta para coger cualquier libro y compartiendo una actividad festiva en torno a la lectura.

Rayuela, proyecto que Miguel Ángel Escalera y Lola Gallardo pusieron en pie en 1996, no sólo fue la primera librería especializada en literatura infantil que abrió en Sevilla, y una de las más veteranas a nivel nacional, sino que es un referente por la línea pedagógica de su trabajo.

Aunque la asociación de niños y libros está resistiendo mejor el impacto de la crisis económica, a las librerías que trabajan en este ámbito no les son ajenos ni los desapegos sociales ni los problemas educativos o del sector editorial. Pero actividades como la de la ‘Noche mágica’ sirven para renovar la confianza en el futuro. No lo digo yo, lo dice Vera, que tiene nueve años. “¿A qué leer es superguay?

Todos los que participan en esta actividad, que incide en ese concepto de estar y habitar una librería, saben que se traen algo muy emocionante entre manos.

A Miguel, el librero, le entusiasma especialmente porque está concebida para una franja de edad, entre 7 y 11 años, que empieza a pensar que los cuentos no son para ellos. “Quizás tenemos nuestra parte de responsabilidad y nos hemos infantilizado mucho. Vemos a madres con niños de dos y tres años en los cuentacuentos, cuando los niños a esa edad lo que quieren es escuchar los cuentos de sus padres”.

Rayuela y la Asociación La Voz que escucha son los organizadores de esta original actividad. FOTO DE ARCHIVO CEDIDA

Rayuela y la Asociación La Voz que escucha son los organizadores de esta original actividad. FOTO DE ARCHIVO CEDIDA

A Laura, del equipo de la librería que los acompaña en esta aventura nocturna, se le iluminan los ojos cuando los ve sentados leyendo o deambulando para encontrar el libro que quieren.

Adriano y Andrea, de la Asociación La Voz que Escucha, y voces cantantes en esta historia, dicen que “la magia empieza cuando se van los padres” y que lo mejor es que “no se trata de un juego de competición, sino que la pedagogía de la actividad, del misterio que tienen que resolver, es que juntos se consigue algo”.

Para los padres, es una iniciativa muy original, estimulante y divertida. “No hay mucha oferta de este tipo”, dicen los padres de Lucía. “Se fomenta la cercanía a los libros de otra manera, entre una actividad cultural y una aventura”, opinan los padres de Manuela.

¿Y los propios niños? ¿Qué piensan? Con casi siete años, Iker grita emocionado: “¡que empiece el misterio!”.

La libertad es una de las ideas claves. Son los niños los que deciden (libremente) participar y escogen (libremente) los libros que quieren. Los libreros no ponen restricciones, los niños disfrutan y los padres confían.

Adriano y Andrea explican que “estamos una hora con un juego interactivo, tienen que resolver un misterio recorriendo la librería, este año hemos usado hasta el almacén, y luego se llevan los libros que quieren a los sacos, con sus linternas, y se van quedando dormidos mientras les cantamos algo con la guitarra”.

Ambos ya tenían experiencia en este tipo de actividades en bibliotecas de Italia y encontraron en Rayuela un socio empático con el que retomar su idea. “Los padres nos están pidiendo hacer algo para los adultos”. ¿Acabaremos viéndolo? Mejor. ¿Viviéndolo?

La Extra-Vagante, lugar de encuentro

La apertura hace seis años de La Extra-Vagante en la Alameda de Hércules fue un símbolo de los nuevos tiempos que atraviesan las librerías.

Importa el fondo editorial, y mucho, pero también importa la forma y el movimiento. Las librerías ya no pueden esperar a que entre el lector, hay que salir a buscarlo, hacer mucho ruido y buscar la diferenciación. En su caso, por ubicación, personalidad y disponibilidad, la apuesta es clara: “Queremos que la librería sea un lugar de encuentro”.

Es la única librería de la ciudad que abre el fin de semana completo. Aunque empezó centrándose en literatura de viajes, novela gráfica y álbum ilustrado para niños, el abanico ha ido abriéndose hacia otras vías. Mantiene una especial relación con las editoriales locales, es muy creativa en su merchandising y cultiva el gusto por otras facetas culturales, como la música, el teatro o las artes.

En esta librería cuidan mucho la personalidad y la disponibilidad. FOTO: PEPA PONCE

En esta librería cuidan mucho la personalidad y la disponibilidad. FOTOS: PEPA PONCE

El libro no forma parte del ocio de la gente y no es una cuestión económica, sino cultural. La economía es una excusa, cuando existen bibliotecas y opciones más económicas de acceso al libro. Para saber cómo es la cultura lectora de una ciudad, me fijo en dos indicadores: la existencia de librerías de viejo y la edición de bolsillo. Las mesas de novedades de las librerías de París están abarrotadas de libros de bolsillo, en cambio aquí terminamos vendiendo más el objeto que la historia”, argumenta Joaquín.

Sevilla es una cultura de formas. Fíjate cómo se produce el ocio. Por grupos, lo que permite tener espectadores; de pie, con una cerveza, con una conversación casi banal, y distraídos por las apariencias. La tradición no es algo que se produzca puntualmente, sino que la vida de la ciudad gira en torno a ella. Se programa la vida en función de esa tradición y las artes quedan supeditadas al resto de tiempo que nos queda”.

En ese contexto, La Extra-Vagante concibe su trabajo como una “cuestión pedagógica”.  Joaquín Sovilla piensa que las librerías no pueden competir ni con Amazon, ni con el libro electrónico, ni con una sociedad que aparta “todo lo que implica reposo y contemplación”. ¿Qué tienen para ofrecer, en cambio? Su espacio. La libertad de compartirlo y darle vida.

Han diseñado un espacio muy acogedor, con zona infantil y de adultos; tienen una programación cultural estable y quieren que la gente se sienta a gusto y no los vea como un lugar de paso. “Creemos en eso, en la creación de espacios. Poco a poco, vemos que sí se va creando ese hábito pero cuesta”. Y no es suficiente.

Falta, en su opinión, una decisión política de apoyo a las librerías, mediante la compra de libros por bibliotecas y el fomento de la presencia del libro en la calle.

“Soy del Gato”

Un gato en bicicleta tiene una comunidad de fieles desde que abrió sus puertas en la calle Regina. Fieles entre los poetas, que la han elegido naturalmente como su casa, y entre los artistas que también la sienten así. Porque ‘el Gato’ (“soy del Gato” es una expresión común) es un híbrido entre librería y galería de arte, un puente que enlaza ambos mundos.

Los caminos de la literatura y el arte son infinitos. FOTO CEDIDA

Los caminos de la literatura y del arte son infinitos. FOTO CEDIDA

Jesús y Raquel, pareja y socios, publicista y ceramista respectivamente, estaban un día quejándose de la inexistencia de librerías especializadas en Arte y, al siguiente, haciendo un plan de empresa para suplir esa carencia que tenía una ciudad como Sevilla. “Inauguramos un mes antes que Las Setas, fuimos de los primeros en llegar a la zona. Si nuestra óptica era contemporánea, teníamos que estar al lado del icono arquitectónico contemporáneo”.

Hoy, casi cinco años después, resisten, aunque haya días que no se venda ni un solo libro. “Se venden otros productos pero libros no. Estamos obligados a diversificarnos porque los libros no se venden. Lo que pasa es que en Sevilla la gente no lee. Quien lee, lee mucho, pero no es lo general”.

Además, critica “la gran mentira del IVA. Se repite que el IVA de los libros no ha subido, que se mantiene al 4% pero el papel, la imprenta, todo ha subido al 21%. ¿Acaso eso no se refleja?”.

En este espacio, la entrada y salida de gente es continua, quizás porque nunca se dice que no a un rato de conversación.

Pusimos las sillas por aclamación popular. Hay mucha gente que ve esto como una familia, como su casa. Cuando vienen a una presentación, hay charla antes y después. Es un tipo de lector que no lee por leer. Le interesa toda la cultura y busca la exquisitez de la narrativa”. Y, a cambio, se encuentra con un espíritu muy abierto, ecléctico, llámese libro, obra de teatro, exposición, concierto o taller. “Hay que optimizar el espacio, ni un centímetro del local se queda sin usar”.

Por su ubicación, también son una referencia para los turistas que, curiosamente, buscan poesía, relatos y cuentos para aprender el idioma.

Su apuesta es la edición independiente. “Nuestra manera de competir con las grandes superficies del libro es diferenciándonos. Aquí, el 70% de los libros, son autoeditados o de editoriales independientes, además de la especialización en Arte”. Y no es pose. Es un convencimiento. Jesús nunca recurre a los cash.

Entre los fieles se valora mucho su carácter de “centro cultural”. Se han convertido, incluso, en productores. Suya fue la idea, y suya la producción, de transformar el libro ‘En azúcar de sandía’, editado por Blackie Books, en una exposición. Cada uno de los capítulos de esta novela de Richard Brautigan fue interpretado visualmente por 37 artistas. El resultado se expuso en una bodega en Jerez de la Frontera. ¿Porqué en Sevilla no?, le pregunto. “Por problemas burocráticos”.

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