De libros, librerías y lecturas

Como cada mañana, las persianas de las librerías de Sevilla han vuelto a abrirse. El Día de las Librerías ya pasó. Ahora, quedan el trabajo cotidiano y los desafíos.

Hoy ya es un día como cualquier otro. No hay elogios, ni performances lectoras ni descuentos. No hay visitas de políticos ni de medios de comunicación. Libreros y libreras vuelven a sus rutinas, a sus montañas de papeles, a la programación de actividades y a su trato cotidiano con quien las sigue prefiriendo como punto de acceso al libro entre todas las demás opciones.

Precisamente, en ese ejercicio diario de selección y recomendación, de trato personal y de fomento de la lectura, incidía el vídeo promocional que el Ayuntamiento de Sevilla presentó como primer gesto simbólico de apoyo a estos comercios locales de carácter cultural. El Día de las Librerías es todos los días.

En Sevilla, hay lectores que no necesitan ser convencidos ni de las bondades de la lectura ni de los valores de las librerías. El escritor Pablo García Naranjo es uno de ellos. Compra para él en Reguera y acude con su hija Claudia de siete años a Rayuela.

Hay lectores que no necesitan ser convencidos ni de las bondades de la lectura ni de los valores de las librerías. FOTO: PEPA PONCE

Hay lectores que no necesitan ser convencidos ni de las bondades de la lectura ni de los valores de las librerías. FOTO: PEPA PONCE

Isabel Sira es otro ejemplo. Compagina con naturalidad formato papel y digital, es usuaria de biblioteca pero hay una librería, La Extra-Vagante, a la que considera “mi casa”.

“Quien lee mucho necesita que su librero sea de confianza”, asegura. “Leer tiene un componente de evasión, también de vivir otras vidas y de placer, por eso es necesario que en la librería te entiendan, te conozcan y no te traten sólo como a alguien que va a comprar y ya está”.

El crítico Fran G Matute mantiene con la librería Palas una relación que se remonta a los años ochenta. Han pasado tres décadas pero sigue encontrando en ella “la misma calidez en el trato, la misma conversación amable, discreta e inteligente, el mismo e impecable escaparate que cada mes muestra con una precisión exquisita qué es lo que hay que leer”.

Sergio Harillo, gestor cultural, encontró en Un gato en bicicleta “un refugio”. “Entré como cliente y ahora soy amigo”. En su opinión, este espacio ha sabido adaptarse a las circunstancias. “Una librería ya no puede ser sólo depósito de libros, sino un pequeño centro cultural, privado, pero centro cultural, al que vas tanto a una representación teatral como a un concierto, a comprarte una camiseta de un diseñador o un libro”.

Pero, con todos los cambios que se están produciendo en el acceso y compra de contenidos, es difícil trazar una tipología de lectores: los ocasionales, que sólo buscan rapidez y comodidad; los prácticos, que compran los títulos allí dónde se venden; los que sólo leen en bibliotecas, los que se descargan de manera gratuita de internet, los que acumulan pero no leen, los que reseñan pero no compran… Y ¿cómo no?, los que no leen nunca o casi nunca. Un 35% de la población española según el CIS.

¿El motivo principal? Ni gusta ni interesa.

Cuando todavía quedaba mucho camino por recorrer en la creación de hábitos lectores, llegó la tecnología a plantear nuevos desafíos y a poner patas arriba al ecosistema del libro. Se están alterando tanto nuestros hábitos cotidianos que todavía no se sabe cómo acabará evolucionando ni el libro ni nuestras formas de leer.

La crisis económica tampoco ayuda. Los recortes en bibliotecas y educación son evidentes y la escasa relación entre sector público y privado también. Pero, además, las librerías trabajan de manera individual, inmersas en su día a día y sus problemas, lo que dificulta cualquier acción conjunta. “Tendríamos que ser más beligerantes pero para eso necesitamos estar juntos”, asegura Miguel Ángel Escalera, librero de Rayuela y vocal de la Federación Andaluza de Libreros (FAL)

Librerías vivas

Según el Mapa de Librerías de Cegal, en Andalucía, con una población de más de 8 millones de habitantes, están activas 603 librerías. 170 están registradas en la provincia de Sevilla pero, cuando se trata de buscar cuántas son en la ciudad, qué especialización tienen y en qué barrios trabajan, ya no existen ni estudios ni análisis propios. Tampoco diagnósticos sobre el sector.

Cada librería afronta su trabajo de manera individual. FOTO: PEPA PONCE

Junto a esa ausencia de información, el trabajo participativo es otro de los lastres que afecta al tejido librero, dividido históricamente entre librerías y papelerías y con organizaciones que no han seducido a quienes se han incorporado en los últimos años a este oficio. ¿Sería necesaria una mayor cooperación? “Lo hemos intentado y ese es nuestro objetivo”, asegura Miguel, vocal de FAL. “Hay mucha desconfianza por parte de las librerías pero tenemos que estar ahí, todos juntos, a pesar de nuestras diferencias. Hay que incorporar a toda la gente. Eso será un camino largo”.

Viajemos por un momento a Castilla y León; una región que ha sido pionera en la puesta en marcha del sello de calidad Librería de Referencia Cultural de Castilla y León, después de dos años intensos de trabajo y en el que, en una primera fase, han sido reconocidas 21 librerías.

Los proyectos no se construyen solos de la noche a la mañana. Hemos estado tejiendo desde abajo y cimentando porque no nos podemos quedar de brazos cruzados”, cuenta Pilar Pérez-Canales, presidenta del Gremio Regional de Libreros de Castilla y León.

En este proyecto, los libreros han contado con el respaldo de la Consejería de Cultura y de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez para la puesta en marcha de la plataforma digital que evalúa y revisa las candidaturas. En su opinión, el ‘referencial’ incentiva la exigencia de la puesta al día de las librerías porque las hay que “necesitan un empujoncito”.

Algunos de los requisitos incluidos en la evaluación son, por ejemplo, que la oferta de la librería no debe estar condicionada por un mayorista o distribuidor, sino por un criterio autónomo; los autores locales deben estar representados y los clientes podrán recibir información sobre servicios de autoedición de libros.

Con un mínimo de dos años abierta, 6.000 referencias para librerías generalistas y 2.500 para especializadas, las librerías deberán contar con una base de datos de clientes segmentada por volumen de compra o frecuencia de visitas, además de elaborar y actualizar un análisis DAFO y consultar periódicamente a los clientes sobre su grado de satisfacción.

“Es muy importante sentirse respaldados. Los libreros solos no lo podemos hacer”Pilar Pérez-Canales, Gremio de Libreros de Castilla y León

“Hoy en día el librero tiene que estar al día de todas las novedades, de las mejoras tecnológicas para el negocio, del marketing, además de ser un transmisor cultural y un dinamizador. La librería debe estar viva”, afirma Pilar, librera del Espolón de Burgos.

El Gremio de Libreros de Castilla y León forma parte de la Federación de Empresarios de Comercio, que pone a su disposición un local en el que, regularmente, se desarrollan cursos de formación y actualización. Además, el presupuesto que las bibliotecas públicas tienen para adquisición de fondos está distribuido entre las librerías, y por editoriales. Por ejemplo, al Espolón le compran los títulos de Seix Barral y fondo local. Este presupuesto crecerá hasta los 15,5 millones de euros en 2016 y estará enmarcado en un nuevo Plan de Lectura para los próximos cuatro años.

En Andalucía, archivos y bibliotecas recibirán el año próximo 2,3 millones de euros y al fomento de la lectura se le destina un 0,28% del presupuesto de Cultura (168 millones de euros).

Es muy importante sentirse respaldados. Los libreros solos no lo podemos hacer”, asegura Pilar Pérez-Canales.

La óptica librera

Después de cuatro años muy duros para la cultura en Sevilla, el nuevo equipo de Gobierno en el Ayuntamiento de Sevilla sí ha mostrado una mayor sensibilidad hacia el fomento de la lectura, y la interrelación entre bibliotecas y librerías, así como al desarrollo de medidas de protección para el tejido librero como activo cultural de la ciudad.

Pero, ¿qué medidas consideran importantes las propias librerías? ¿Cuál es su óptica?

Amparo Lazo, Librería Palas: “Creo que el problemas es de fondo y no se arregla con una medida puntual. España es un país donde se lee muy poco y todo pasa por un cambio en la educación y por un fomento de la lectura desde la edad más temprana. Ahí es donde deben ir dirigidas todas las medidas posibles. Luego eso debería canalizarse a través de librerías y evitar la competencia de los colegios y los abusos de gigantes como Amazon, por ejemplo. Y, por supuesto, el blindaje de la ley del precio fijo en los libros”.

Eduardo Baraja, Librería Céfiro: “En principio, mantener el precio fijo de los libros y su IVA reducido. En segundo lugar, fomentar la lectura en los centros de enseñanza”.

Rosa Rojas-Marcos, Yerma Librería: “Apoyo de la administración en cuanto a difusión, compras a las librerías de la localidad y campañas de concienciación en contra de la fotocopia de libros y de la venta de libros en centros que no son librerías”

Joaquín de los Santos, El oso y su libro: “Los libreros creo que pocos más podemos hacer para mejorar la situación. A lo mejor una mayor unidad serviría para hacernos fuertes y tener más repercusión mediática. La administración, por supuesto, que podría hacer más. Principalmente, asegurar que todo libro que se venda en España lo vendan en una librería del tipo que sea, y no editoriales directamente, ampas, colegios, etc”.

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En los últimos años, han surgido en la ciudad nuevos modelos de librerías

María José Barrios, Casa Tomada: “¿Medidas de apoyo? A mí me gustaría que todas las compras públicas de libros que se hacen (bibliotecas, centros educativos, instituciones) se repartieran por igual entre los libreros de una ciudad. Que si se inventan un “sello de calidad” no sea una gansada como la que anunciaron hace unas semanas (¿número de títulos y porcentaje de ingresos? ¿En serio?). Que se facilitara el acceso a las ferias del libro, entendiendo que con la bajada de ventas es muy difícil para una librería pequeña pagar esas cuotas, asumir el coste de un trabajador extra, trasladar los libros, etc. Que hubiese más apoyo para comprar libros en los centros docentes (sé por gente cercana que en muchísimos de ellos están trabajando con libros piratas y fotocopias: si los chavales se acostumbran a eso en el propio colegio, mal vamos). Que se destinara un pequeño fondo para actividades como las de la Noche en Blanco: con el dineral que cuesta montar otras cosas más grandilocuentes, ¿cuánto supondría destinar 100€ para que cada espacio montase una actividad gratuita de tres o cuatro horas, y tener a docenas de miles de personas en Sevilla encantadas toda una noche? Que haya más divulgación de la lectura y de la literatura no sólo para niños, sino para adultos que han perdido el contacto con ella y han olvidado cuánto se disfruta… En fin, que se pueden hacer mil cosas”.

Esperanza Alcaide, El Gusanito Lector: “Cuando empezó la crisis económica, la Junta de Andalucía tomó una medida. Dio la orden de que bibliotecas y colegios se dotasen en las librerías del entorno. No se ha hecho. Sólo voy a dar un dato. El gobierno de Zoido se gastó un millón de euros en las luces de Navidad. El presupuesto de las bibliotecas era de 14.000 euros. Este Ayuntamiento está dando pasitos. Tiempo”

Luis Gallego, La Fuga: “El Estado protege a las librerías con el precio fijo del libro. Poniéndonos militantes, es la demostración de que un mercado regulado favorece la diversidad. Hay que mantener esa protección porque no hay otra manera de competir frente a las grandes cadenas. Otro tipo de apoyo sería que las bibliotecas públicas compraran en las librerías, no a las distribuidoras o grandes superficies, que revientan el precio fijo. Si las bibliotecas tuvieran recursos podrían, por ejemplo, comprar en las librerías, haciendo un bote, que se reparta entre todos los libreros de la ciudad pero ¿están dispuestas a eso las propias librerías?

Bien cultural excepcional

Otra de las preguntas que hemos querido formularles a libreros y libreras de Sevilla es cómo justifican que una administración pública desarrolle medidas de protección para un sector privado y qué valores sociales y culturales aporta una librería.

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La innovación es una de las tareas pendientes de muchas librerías

Amparo Lazo, Librería Palas: “Las librerías, como ya se ha dicho en muchas ocasiones, son el eslabón más débil de la cadena del libro. Su desaparición afectaría a toda la industria editorial, sobre todo a las pequeñas editoriales independientes que no llegan a las grandes superficies y eso arrastraría en su caída a distribuidoras, imprentas y demás elementos de la industria del libro. Y al ser el libro un bien cultural excepcional, debe englobarse en un plan general de apoyo a la cultura, al mismo nivel que salas de teatro o cines”

Joaquín de los Santos, El oso y su libro: “Creo que las librerías no están especialmente protegidas. Lo que está protegido es el sector del libro pero tanto para las librerías pequeñas, como para El Corte Inglés o Carrefour. Creo que la protección del libro es necesaria ya que, si le aplicamos un IVA al 21% y una liberalización de precios, sería la muerte del sector. La pregunta es ¿es el libro un bien de primera necesidad para la sociedad? Si la respuesta es positiva, como creo, eso justifica las medidas especiales de protección”

Eduardo Baraja, Librería Céfiro: “La librería es un centro difusor de la cultura y en él debemos ayudar y orientar a las personas que quieren leer algo y no saben cómo conseguirlo. Por esa razón es una empresa privada que debe tener un trato especial (no he dicho privilegiado) para que su labor tenga una parte fundamental en el desarrollo personal de la ciudadanía”

María José Barrios, Casa Tomada: “Con la barbaridad de libros que salen al año, es importante contar que la pequeña librería funciona como filtro y también como escaparate para acercar los libros que, a su juicio, merece la pena que los lectores conozcan y que, de otro modo, probablemente quedarían invisibilizados por los grandes grupos. La mayoría de las pequeñas editoriales, muchas de ellas con apuestas arriesgadas, valientes y de mucho valor literario, jamás podrían competir con las grandes en un espacio puramente virtual. Y la mayoría de los lectores que disfrutan como aficionados pero que no tienen una formación especializada, que no son filólogos, o escritores, suelen sentirse muy perdidos entre tantísima oferta. Ahora que en Internet todo el mundo opina de cualquier cosa, ahora que sabemos que tantos medios culturales tienden a barrer para casa, el librero independiente combina, humildemente, dos cualidades: está bien formado e informado, tiene muchas lecturas a sus espaldas, y sobre todo: no necesita vender uno u otro título, así que ¿para qué va a recomendar un libro que le parezca malo cuando tiene otra docena a mano que le parecen maravillosos? La clave, por supuesto, está en ganarse la confianza de sus lectores”.

Rosa Rojas-Marcos, Librería Yerma: “Creo que una ciudad sin librerías supone un empobrecimiento cultural enorme de la misma, y es necesario que las administraciones y la gente, en general, tome conciencia de su importancia, de preservarlas, de acudir a pedir asesoramiento, de comprar en las librerías, etc”

Esperanza Alcaide, El Gusanito Lector: “Una librería no es un comercio más, forma parte del tejido cultural de la ciudad, del país. Somos animadores y promotores de la lectura. Aquí tenemos cuatro clubes de lectura, hacemos presentaciones, conciertos…. Somos espacios culturales que nos autofinanciamos y no pedimos financiación. Lo que pedimos es que no nos hundan. Trabajar en igualdad de condiciones”.

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Educación y hábito lector es una de las reivindicaciones más comunes entre los libreros y libreras. FOTO: PEPA PONCE

Juan Luis Gavala, Especies de Espacios: “Por un negocio privado, no debería hacer absolutamente nada. Lo que sí tiene que hacer es mejorar la educación pública, no machacar a los jóvenes con lecturas obligatorias. Nos guste o no, al 70% de la población no le interesa lo que pasa dentro de un libro”.

Manuela Oliva, Librería Reguera: “Las medidas especiales de protección se justifican porque no vendemos patatas ni tomates, trabajamos en un área sensible, que fomenta la cultura. Mientras las grandes superficies confunden al cliente, nosotros somos muy honestos. Es necesaria una mayor conciencia sobre la importancia del comercio local”.

Miguel Ángel Escalera, Rayuela: “Somos negocios privados y no se trata de que nos financien, pero sí de que ayuden alisando los caminos porque somos un elemento que crea ciudadanía y cultural. Si la gente no lee, dejará de ir a las librerías y las librerías se cerrarán. Hay que crear lectores porque los lectores son mejores ciudadanos. Si hiciéramos eso, las librerías no necesitaríamos que nos protegieran. Si hay lectores, habrá una librería que recomiende un libro y emocione a alguien leyendo”.

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