La memoria dormida de la lectura en Sevilla

La Fototeca municipal rescató para el cartel de la última edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión una fotografía de 1950, que revela que la memoria de la lectura en Sevilla está deslavazada y dormida.

En 2017 coinciden tres aniversarios que podrían ayudar a despertarla.

Hace 25 años que se inauguraron las dos primeras bibliotecas municipales -Triana y Polígono Sur-, la Feria del Libro Antiguo llega a las 40 ediciones, mientras que la de la primavera cumple 50 años. 

POR Sonia Domínguez / SEVILLA, 10 ENERO 2017

Una inmersión en el Archivo municipal vacuna contra la prisa y la inmediatez. Sus procedimientos siguen perteneciendo a tiempos pretéritos como consecuencia de la escasa atención administrativa y presupuestaria. Fichas bibliográficas, periódicos microfilmados, un documento de petición por cada consulta, las consultas de una en una…

Pero, una vez asumida la lentitud como regla de juego, es difícil no dejarse seducir por los hilos que el tiempo ha ido dejando en periódicos, fotografías y publicaciones que en las dependencias de la calle Almirante Apodaca custodian con pocos medios pero con mucho celo.

Llego al Archivo para contextualizar esta imagen, con la que el fotoperiodista Gelán ilustró la Fiesta del Libro del 24 de abril de 1950 y que 66 años después tuvo una nueva vida en la Plaza Nueva, en las casetas de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

La Fototeca rescató esta imagen de 1950 para la 39ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión

Salió publicada en la portada de El Correo de Andalucía, compartiendo protagonismo con la política internacional, y en la crónica interior contaba que, a pesar de la afluencia de gente y del descuento del 10%, las ventas habían ido regular por los dispendios en la recién terminada Feria de Abril.

Entre los más libros más vendidos, Nada de Carmen Laforet, el Romancero Gitano de Federico García Lorca, novelas policíacas para los jóvenes, “novelas entretenidas” para las mujeres y “cosas más sesudas” para los hombres.

Que retrata el puesto de la Librería Atlántida en la calle Sierpes lo sabemos gracias a la Fototeca y a las gestiones de los libreros de lance, como José Manuel Quesada.

Él nos dirige hasta José Antonio Gancedo, el muchacho espigado y repeinado que mira atentamente a la cámara tras el mostrador. Tenía entonces 14 años y con 80 cumplidos se acuerda de aquel momento desde su domicilio actual en Los Remedios.

Era amigo de Miguel García Gutiérrez, a quien su padre, distribuidor de libros y periódicos, abrió la librería ante su negativa a estudiar. El joven propietario, por cierto, no sale en la foto.

Lo que la imagen calla es que tan sólo un año después, en junio de 1951, Atlántida pasaría a manos del librero Juan Beltrán Díaz y que, tras su muerte en 1984, su viuda María Luisa Aguilar la mantendría abierta hasta 1994.

Lo que la instantánea no explica es quién y cómo se encargaba de la promoción del libro y la lectura en una ciudad que nunca ha destacado por sus infraestructuras bibliotecarias.

En su libro Arte y cultura en la prensa, Inmaculada Concepción Rodríguez Aguilar destaca que Sevilla entra en el siglo XX “sin bibliotecas, con muy pocas librerías, y llena de tabernas”, mientras que un artículo de ABC de 1969 destacaba que eran “pocas, mal instaladas y casi sin lectores”.

Rafael Cid, técnico de la Biblioteca del SAPH, comenta que en 1864 el entonces archivero municipal, José Velázquez y Sánchez, estudió la posibilidad de crear bibliotecas públicas de horario nocturno para que pudiesen acudir los trabajadores; una idea que, posteriormente, en 1917, Santiago Montoto hizo efectiva en Triana hasta los años 30.

Pero aquel sueño de libros disponibles para toda la sociedad, no sólo para quien tenía dinero y podía comprarlos, no cuajó sorprendentemente hasta la década de los 90.

Desde entonces, la evolución de las bibliotecas municipales ha sido más lenta de lo deseado y su distribución por la ciudad sigue siendo incompleta.

Sevilla, la Bella Durmiente

Esta fotografía también parece preguntarnos qué espacio ocupaba el libro en Sevilla, cuando todavía faltaban dos años para la anulación de las cartillas de racionamiento.

En las obras de Nicolás Salas se encuentran algunas respuestas.

Para la ciudad y la provincia comenzó la década plana, los años de transición entre la posguerra y el desarrollismo de la década de los setenta (…) Sevilla no creaba problemas de orden público y, además, hacía muy bien el papel de sala de fiestas de España; todos los visitantes ilustres venían enviados por el Gobierno de Madrid. La ciudad corría con los gastos y encima ponía los aplausos”.

¿Y en lo cultural?

La década de los 50 fue de transición para la cultura sevillana en línea con las demás actividades. Sevilla fue la Bella Durmiente”.

El autor de Sevilla. Crónicas del siglo XX enumera la lista de librerías, algunas con imprenta, otras con editorial, que poblaban las calles Sierpes, Rioja, Tetuán, Sagasta o Francos. Y para que no nos creamos modernos alude a ese término tan actual, lugar de encuentro, que hoy bibliotecas y librerías se esfuerzan en recalcar como factor distintivo.

Eran algunas librerías lugares de visita fija, hubiera o no novedades que comprar o simplemente conocer; lugares de encuentro entre amigos de los libros, para tomar un café a media mañana o una copa de manzanilla antes del almuerzo, y por la tarde -noche, una copa de buen valdepeñas. Catedráticos, pintores, escritores, escultores, periodistas, abogados, médicos, gente, en fin, sensible a la cultura en todas sus manifestaciones, tenían en algunas librerías céntricas su lugar de reunión, además de en los salones bajos del Ateneo”.

Las librerías mencionadas pertenecen, si acaso, al territorio de la nostalgia, cuando no al olvido. Viuda de Tomás Sanz, Pascual Lázaro, Eulogio de las Heras, Atlántida, Jiménez y Compañía, Librería Internacional Lorenzo Blanco, Balmes, El Rosario de Oro, Oliam, Antonio Rivas, Herrera, Peraltó y Padura

Una reconstrucción pendiente ¿y oportuna?

Si bien existe abundante bibliografía sobre el comercio del libro en el siglo XVI, y se publican artículos sobre bibliotecas privadas, tertulias literarias o sobre determinados momentos históricos, como la fundación de la Generación del 27, la investigación sobre la lectura en Sevilla está pendiente.

Rafael Cid explica que los estudios existentes, muy vinculados a la Universidad, “tienen que ver con aspectos transversales, como la relación de títulos publicados en una determinada época, sus impresores, el comercio del libro o sus características como objeto formal, tamaños, tipo de letra o encuadernaciones” pero que, de momento, “hay poco investigado sobre la lectura”. 

La historia de esta fotografía es sólo un hilo del que tirar. El resto es una historia deslavazada que duerme en distintos archivos públicos y privados, de medios de comunicación y, con suerte, en la memoria de quien todavía está en activo y puede contarlo.

Collage de artículos periodísticos e imágenes de librerías y bibliotecas.

¿Qué sabemos sobre aquellas bibliotecas obreras que nacieron en Triana y Macarena a principios de siglo? ¿Qué presencia tuvo el libro en la Exposición Iberoamericana del 29? ¿Qué datos existen sobre los primeros intentos de organización de la Feria del Libro en 1948 y 1953? ¿Por qué no cuajó como evento anual hasta 1967? ¿Por qué en la década de los 70 la ciudad sólo disponía de dos bibliobuses y dos viejas salas de lectura? ¿Qué papel jugaron las librerías militantes en los cambios políticos y sociales de finales de los setenta? ¿Cuánta gente sabe o recuerda que en los orígenes de la Feria del Libro Antiguo está una librera catalana que no ha fallado a su cita con Sevilla desde 1978? ¿Qué podrían contarnos las historias individuales de Mercedes Rivas, María Nevado, Concha Buzón, María Fulmen, Luis Andújar, José Manuel Padilla, Juana Muñoz Choclán, Abelardo Linares o José Luis Rodríguez del Corral? ¿Qué movimientos vecinales consiguieron la aspiración de tener bibliotecas en sus barrios y cuáles fracasaron? ¿Qué impacto ha tenido en los barrios la presencia (o ausencia) de bibliotecas o librerías?

Es más. ¿Todo esto importa? ¿Reconstruir el pasado ayudaría a mejorar la situación actual y a emprender proyectos que nunca se han llevado a cabo? ¿Qué dice de Sevilla como ciudad su actual paisaje de librerías y bibliotecas? ¿Cómo nos relacionamos con ellas los lectores? Es más. ¿Quiénes son y dónde están los no lectores?

En 2017 coinciden tres aniversarios que podrían servir de eje para formular preguntas y respuestas. Para posicionar la lectura en el plano social y cultural.

Las primeras bibliotecas municipales -Triana y Polígono Sur– cumplen 25 años, la Feria del Libro Antiguo llega a las 40 ediciones, mientras que la de primavera celebra su 50 cumpleaños.

En un momento en el que el Plan de Fomento de la Lectura está todavía lejos de presentar proyectos concretos, y en una ciudad tan dada a las efemérides (Año Murillo, Expo 92, Adriano, la Circunnavegación de la Tierra), el libro y la lectura también tienen la(s) suya(s).

FOTO de portada: En 1953, y coincidiendo con una visita de dos semanas de Franco a la región, se organizó la I Feria Regional del Libro.

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  1. M.Carmen García-Hidalgo Torres

    El retraso en el uso y demanda de la biblioteca como un servicio público que debe ofrecer la comunidad es impresionante en Sevilla. Sólo así se entienden los desiertos existentes en la ciudad (zona de Nervión o los Remedios). Esto ha condicionado nuestro pasado y también influye en la actualidad al no tener costumbre de ir a la biblioteca como existe en otros países de Europa e incluso en otras Comunidades Autónomas. No sólo no se lee porque, tal como dice la fotografía de tu estupendo artículo “prefiere lo que le entra por los ojos antes que molestarse en reflexionar”, sino por la falta de tradición. En fin, mucho que decir al respecto. Y gracias a estos libreros cuyos nombres nos recuerdas se suplió en cierto modo ese papel que, a mi modo de ver, debían haber abanderado las bibliotecas.

    1. Author
      Sonia Domínguez

      ¡Muchísimas gracias por un comentario tan argumentado!

  2. José Antonio Gancedo Escribano

    Buen trabajo,articulo interesante.Gracias Sonia por tu trabajo

  3. jlgavala

    Interesante. Y más interesante aún comprobar que poco ha cambiado, y que el futuro es más o menos el mismo.

    1. Author
      Sonia Domínguez

      Mientras buscaba y leía la documentación, me acordaba de ti. Supongo que sabías que pertenecías a una antigua estirpe de libreros-editores de la ciudad que se remonta al siglo XVI… Yo sí creo que ha cambiado mucho, aunque haya cierta sensación de déjà vu.

  4. gregorio gonzález perlado

    Continúo interesado por la Historia, unas veces doméstica, otras ampulosa, en general dormida. Despertarla es una de esas acciones que procuramos practicar docenas, o más, de seres ambulantes. Tú eres una de ellos. Este artículo, que leo con retraso, pero leo, lo muestra.
    Al repasarlo recuerdo mis largas estancias en librerías desde hace decenas de años, los continuados encuentros con ‘mis’ librerías madrileñas, Antonio Machado, Visor y, sobre todo, Hiperión, en donde tanto he aprendido. El tiempo lo mantiene en un presente continuo.
    Habitas una ciudad sin tradición librera, vienes a concluir en tu denso informe-reportaje. Cierto que Sevilla fue ‘arrasada’ por las huestes de la dictadura, para convertirla en lugar de fiestas y vacuidades. Yo conocí aquella ciudad en aquel tiempo, casi 50 años atrás. Pese a ello, aprendí a estimarla, incluso a quererla y añorarla.
    Tu actuación en este informe y otros que elaboras para tus letras anfibias, entiendo que irán modicando los usos y abusos de esa ciudad que te habita. Pues porque te habita, como lo hace, mantienes en la red esta revista ilustrada.
    Mi sincera felicitación.

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