Nervión: Los pocos libros

Hay barrios de Sevilla, incluso calles, que están muy vinculados con las librerías que los habitan. ¿Qué sería de La Buhaira sin Yerma o de la calle Feria sin El Gusanito Lector? Habría sido fácil empezar este recorrido por allí donde no es preciso construir una referencia o hacerlo por zonas, como Regina-La Encarnación, que destacan por su impulso transformador y se benefician de su cercanía al centro histórico.

Pero, para comenzar este paseo barrio a barrio por la ciudad de Sevilla, guiada por las indicaciones de los propios vecinos para conocer cómo es el acceso a los libros, la elección no se ha basado ni en la evidencia ni en la cantidad, sino en los primeros pasos. Porque ¿cómo se llena un espacio que está vacío?, ¿cómo empezar a escribir una página que está prácticamente en blanco?

Y, con estas preguntas, aterrizo en el barrio de Nervión, en su epicentro. Gran Plaza. Según la web del Ayuntamiento de Sevilla, en este barrio viven 16.129 habitantes de los más de 54 mil que componen el Distrito.

En Gran Plaza confluyen las avenidas Eduardo Dato, Ciudad Jardín, Marqués de Pickman y Cruz del Campo.

En Gran Plaza confluyen las avenidas Eduardo Dato, Ciudad Jardín, Marqués de Pickman y Cruz del Campo.

Es lunes. Día de lluvia. Día de Bibliobús, según el itinerario marcado en la red de bibliotecas públicas de Sevilla. Pero, como todavía tengo tiempo hasta que llegue la hora, pregunto directamente a dos mujeres que pasan. ¿Dónde están los libros?. Siguiendo sus indicaciones, me dirijo a La Gloria, una papelería que exhibe algunos ejemplares en el escaparate, abastece las lecturas obligatorias de los colegios, algún ejemplar autopublicado y alguna que otra novedad, como la última novela de Arturo Pérez-Reverte.

Allí me hablan de Manuel Machuca, el farmacéutico de la calle Marqués de Pickman que, además, escribe. Es autor de “Aquel viernes de julio”que transcurre en Nervión, y de “El guacamayo rojo”. Aunque no me esperaba, Manuel me atiende muy amablemente y conversamos sobre el barrio y sus necesidades literarias.

Manuel Machuca es farmacéutico y escritor

Manuel Machuca es farmacéutico y escritor

¿Cómo es este barrio, Manuel, porque parece envejecido, con un comercio anticuado, sin biblioteca y poca vida cultural? 

Es cierto que este barrio ha envejecido mucho y no se ha renovado. Los comercios cayeron mucho como consecuencia de la apertura de El Corte Inglés de Nervión, hace más de veinte años. Los comerciantes de aquella época han ido muriendo o jubilándose, y ahora hay mucho comercio de inmigrantes.

A nivel de equipamiento cultural esto está prácticamente a cero. Hace poco abrió La Gallina en el Diván, que es un café cultural y un oasis en el barrio, pero hay poca tradición cultural. Las librerías son esencialmente papelerías que tienen una pequeña sección de libros. Para acceder a los libros, tienes que recorrer una cierta distancia, optar por grandes superficies y es una pena. La gente no lee mucho pero sí hay lectores. Son personas con un estrato social más bien medio-bajo, que sí leen, aunque sea literatura de consumo.

¿El Bibliobús, sabes qué tal funciona?

Me parece una iniciativa muy buena pero no tengo la percepción de que esté dando sus frutos. La gente no me comenta que lo utilice.

¿Y eso de ser farmacéutico y escritor o viceversa?

Creo que me equivoqué estudiando Farmacia. Siempre me interesaron mucho las Humanidades y he desarrollado mi trabajo en torno a la función social del medicamento. He estado muy cerca del dolor de las personas, cómo se sienten las personas, sobre todo, en una época en la que medicalizamos cualquier cosa. Estamos dando pastillas para todo y la gente necesita otra cosa. Había trabajado el artículo periodístico, en el “Diario de Sevilla” y “Cuadernos para el Diálogo”, y empecé escribiendo relatos hasta que me atreví con la novela. Todo nace de enfocar mi profesión como una forma de entender el mundo, además de la necesidad de expresarme.

¿En qué estás trabajando ahora?

Ahora mismo estoy revisando “3.000 viajes al Sur“. Son cuatro relatos independientes, con títulos de nombres de mujer, que suceden en un día, en una estación, y los personajes aparecen en todos los relatos para darle un contexto. Se basa en mis experiencias como voluntario en el Polígono Sur, aunque en la novela el barrio se llama barrio y la ciudad se llama ciudad.

Le deseo suerte y recorro la calle Marqués de Pickman hasta Clemente Hidalgo para echar un vistazo al Centro de Literatura Cristiana, una librería especializada con más de 30 años de trayectoria. Manuel Díaz Valladares me comenta que no se mueven ni un ápice de su especialización, que sus lectores no se han pasado a la lectura digital y que, al estar tan centrados, tienen clientes de toda Andalucía.

Regreso a la Gran Plaza entre un gran movimiento de gente y voy dejando atrás fruterías, cafeterías, bazares, panaderías, el Mercado de Nervión, ferreterías y vendedores ambulantes, que también tienen algunos libros gastados en sus mantas.

En los siguientes quince minutos, ésta será la conversación más repetida:

– ¿Me podrían decir dónde para el Bibliobús?

– ¿Eh?

– El Bibliobús, una biblioteca ambulante que pasa por aquí todos los lunes.

– Ni idea.

Ni jóvenes, ni mayores, ni trabajadores de la zona, ni quiosqueros, ni vecinos. No saben de qué les estoy hablando.

Nadie espera con libros en las manos.

Por fin, un conductor de la empresa municipal de Transportes, TUSSAM, me enseña la señal de la parada pero no es capaz de confirmarme si el servicio está activo. Allí me quedo esperándolo pero, aquel día, ni rastro del Bibliobús. ¿Habrá sido la lluvia? ¿Habrá cambiado de parada? ¿Tendría que mejorar el Ayuntamiento la promoción de este servicio? ¿Será un espejismo?

UNA INICIATIVA CIUDADANA PARA EL FOMENTO DE LA LECTURA

Hace unos meses, ABC publicaba una noticia sobre una biblioteca vecinal en La Ranilla, una de las barriadas de Nervión. En tiempos de recorte de presupuestos y, ante la ausencia de proyectos públicos, había sido una iniciativa ciudadana la que había permitido reunir miles de libros para favorecer el fomento de la lectura entre el vecindario.

Así que, un viernes, busco el edificio del Centro Cívico de La Ranilla, inaugurado en enero de 2013 y que, por su proximidad con el distrito Cerro-Amate, también está a disposición de los vecinos de Candelaria, Madre de Dios o Los Pajaritos.

Un grupo de voluntarios han organizado este espacio para que sea usado como punto de lectura

Un grupo de voluntarios han organizado este espacio para que sea usado como punto de lectura

Tampoco tenía cita marcada pero, cuando llamo a la puerta de Clara Márquez, técnico de animación sociocultural de los centros de La Buhaira y La Ranilla, no tiene ningún problema en enseñarme el espacio e, incluso, me invita a participar en la reunión mensual de voluntarios que están tratando de darle forma al proyecto. Pero, antes, me explica.

En Distrito Nervión y San Pablo no hay una sola biblioteca municipal. No es una demanda nueva. Hace tiempo que los vecinos vienen reclamando una biblioteca. Pero, cuando se abrió el centro, no se dotó ni económicamente ni de personal para poder montarla. Celia, una vecina, nos preguntó al Centro Cívico si tendríamos inconveniente en darle uso a una parte de las instalaciones que estaban infrautilizadas.

A la dirección del centro le gustó la idea. Celia presentó la propuesta a través de E-Democracia y la Junta Municipal del Distrito la aprobó. La delegada promovió que nos trajeran las estanterías y, a partir de ahí, muchas personas nos hicieron donaciones. Igual que se ceden otros espacios del centro, la zona de la biblioteca está cedida temporalmente a la Asociación Teléfono de la Esperanza. 

Actualmente, hay un grupo de personas trabajando en la organización de los fondos documentales que nos han cedido y, nosotras, lo que estamos haciendo es dinamizar a los voluntarios. El futuro es que se constituyan como asociación. En principio, la idea es que el sistema de préstamo sea libre, como el bookcrossing, y que los voluntarios vengan a organizar las devoluciones, las actividades, los consejos de lectura y a mantener la biblioteca vecinal”.

Hay más de 3.000 libros esperando ser leídos

Hay más de 3.000 libros esperando ser leídos

En la reunión de ese día, las voluntarias hablan de crear un consejo de lectura, que les sirva como grupo para hacer recomendaciones a los lectores. “Si tú no estás habituado a leer, como te hagan una mala recomendación no vuelves a coger otro libro en la vida”, comenta Lola Romero Herrera. Están esperando la llegada de más estanterías para poder abrir y todavía tienen que trabajar en acciones de promoción y animación lectora pero tienen muchas ganas de comprobar cómo la iniciativa promovida por Celia se hace realidad.

Pero, ¿quién es Celia?

Celia Castro Castells resulta ser no sólo vecina del barrio, sino también una de las promotoras del café cultural La Gallina en el Diván, ese “oasis” del que hablaba el farmacéutico. Hace años, se trasladó a vivir a Nervión por motivos de trabajo y la impresión inicial de barrio frío y comercial se fue modificando poco a poco, cuando se instaló en la barriada de La Ranilla. “Es un barrio muy cómodo, tienes todo lo que necesitas en el día a día, y está muy bien comunicado con el centro. Le falta lo que me gusta, la cultura”, cuenta.

Esta psicóloga convertida en emprendedora siempre ha tenido muy presente la necesidad de fomentar la cultura en los barrios. Recuerda que “hace unos años, con una asociación que se llamaba Descentrados, presentamos un proyecto al Ayuntamiento para rehabilitar el antiguo Mercado Cruzcampo para que lo usasen las asociaciones y poder acercar la cultura a los barrios. Pero los tiempos del Ayuntamiento son eternos. Te dicen “no se puede hacer”, cuando “no se puede” significa que no se ha hecho nunca. Y ese proyecto se quedó parado”.

Aunque la iniciativa de la biblioteca vecinal sí prosperó, también se ha encontrado con otra medida del tiempo. La idea está sobre la mesa desde mayo de 2013 y, casi dos años después, todavía no ha abierto sus puertas. Es un proyecto ciudadano pero debe cumplir la normativa de uso de los centros cívicos.

Mi idea era que hubiese un espacio, en el que la gente pudiera compartir los libros. Quien fuera, sabría que no va a haber un listado ordenado alfabéticamente”. Ella se ha desligado del proyecto pero desea que “abra. Será, entonces, cuando empiecen a verse los fallos de funcionamiento”.

Mientras tanto, en el café cultural tiene una pequeña selección de libros y puede programar actividades culturales, como clubes de lectura, cuentacuentos para niños, teatro para adultos, cursos, presentaciones. La palabra, en sus distintas formas, está muy presente en su programación porque ella no vacila cuando dice que la lectura no es necesaria. Es vital. Estaremos en la era de internet pero, sin lectura, se queda todo cojo”.

Muchas de las actividades de este café están relacionadas con el libro y la palabra

Muchas de las actividades de este café están relacionadas con el libro y la palabra

La idea de La Gallina en el Diván gusta pero está costando que cale en el barrio. No sé si es falta de información sobre que aquí cerca pasan cosas o que no hay tradición. Cuando la gente quiere ir al teatro, van al centro. No piensan que pueden tenerlo cerca de casa. Pero, poco a poco, estamos notando ciertos cambios en el barrio, estamos viendo otros espacios y creemos que, de aquí a unos años, no vamos a estar solos“, confía Celia.

Quizás estos pequeños pasos, o quizás el hecho de que en Nervión residan, al menos, otros cuatro escritores sevillanos, como más tarde me cuenta el periodista y poeta Alejandro Luque, contribuyan poco a poco a dotar al barrio de vida propia.

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  1. Mª José Collado

    Deseo que el barrio se revitalice. La gallina en el diván está apostando por ello y ofertando muchas actividades. Suerte a todos los emprendedores de la cultura.

    1. Author
      Sonia Domínguez

      Es un camino lento pero, si ellos perseveran y todos nosotros los apoyamos, estoy convencida, Mª José, que conseguirán su objetivo. ¡Gracias por tu comentario!

  2. Ángel León Márquez

    ¿Serían tan amables de indicarnos los nombres y apellidos de los otros cuatro escritores sevillanos (además de Alejandro Luque) que residen en el Distrito de Nervión?. Nuestra Red Ciudadana está trabajando para que este nuevo gobierno municipal ponga en marcha y dote de presupuesto, personal, ejemplares y medios a la Biblioteca Pública Municipal del Centro Cívico de La Ranilla y esa información nos sería de gran ayuda y utilidad.
    Reciban un cordial saludo y muchas gracias por el trabajo que desarrolláis.

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