¿Todavía hay que preguntarse para qué leer?

Puede que el Día de la Lectura en Andalucía sea el único superviviente de un Pacto Andaluz del Libro, firmado en 2001, que se ha desdibujado con los años, al igual que se está olvidando la existencia de un Consejo Andaluz de Bibliotecas, que no se reúne desde 2012, o el Observatorio Andaluz de la Lectura. Idénticas fechas desde su último encuentro.

Pero la lectura es una “conversación de siglos”. Lo dice el filósofo Emilio Lledó en la alocución con la que el Centro Andaluz de las Letras (CAL) celebra este año, como cada 16 de diciembre, un Día de la Lectura que sí resiste y se festeja con medio centenar de actividades por toda la geografía y con especial incidencia en bibliotecas municipales y provinciales e institutos. Hay que seguir llamando la atención, en un ambiente de fiesta y pizca de reivindicación, sobre la importancia de la lectura. Una actividad no sólo saludable, sino necesaria. Todos los días.

El futuro, y me molesta hablar de futuribles, el desarrollo de los países, no es tanto el petróleo que haya en su subsuelo ni las fábricas que podamos tener”, reflexiona el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en su alocución.

Es la creatividad, la originalidad, y todo eso se consigue por medio de los libros e, indirectamente, claro está, por las bibliotecas y el sistema de enseñanza. No debemos aportar sólo bienes materiales de consumo, sino bienes creativos, consumo de ideas”.

Hasta el 18 de diciembre se celebran en todas las ciudades y algunos pueblos de Andalucía encuentros con autores e ilustradores, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas, exposiciones, recitales y lecturas.

La Biblioteca Infanta Elena, de titularidad estatal y gestión autonómica, se suma a la iniciativa, con cuentacuentos, espectáculos de animación y de títeres. La Red Municipal de Bibliotecas, dependiente del Ayuntamiento de Sevilla, lo hace simbólicamente, apoyando en la difusión. Por motivos presupuestarios, entre diciembre y febrero se suspenden sus actividades.

En plena campaña navideña, pocas son las librerías que le prestan atención. En El Gusanito Lector hubo presentación de un libro y concierto de jazz. Nada organizado en la calle desde la Federación Andaluza de Librerías, aunque la posibilidad se había planteado cuando concluyó la Feria del Libro. Pequeñas editoriales independientes desconocen su existencia. ¿Escritores? ¿Lectores?

Dice Juan José Téllez, director del CAL, que no son tiempos para organizar una gran “algarabía callejera. Ojalá pudiéramos hacerlo”. Pero es una buena oportunidad, como todas esas fechas “fetiche” que pueblan nuestro calendario, para celebrar “la salud de la literatura andaluza”.

Tal día como ayer, en 1902, nacía en El Puerto de Santa María Rafael Alberti. Y, en 1927, el Ateneo de Sevilla acogía la reunión de poetas que, homenajeando a Góngora en el tricentenario de su muerte, se convirtieron en Generación.

Esa tradición se mantiene viva porque la creatividad no ha entrado en crisis. Otra cosa es la crisis de la industria y la necesidad de apoyar a los escritores, a los editores y a los libreros”, explica Téllez.

Es una buena fecha para recordar que, en este tema, la responsabilidad es colectiva.

¿Para qué leer?

Desde 2011 no se actualizan en Andalucía los datos de hábitos de lectura pero, según las últimas estadísticas realizadas a nivel nacional, en esta comunidad un 57,4 % de la población ha leído en el último año, frente a un 26,3 % que declara no leer nunca o casi nunca.

Entre los lectores, un 26,6 % lo hace por motivos de trabajo o de estudio. Un 51 % por otros motivos. Un 55,1 % lee en papel y un 16,6 % en formato digital.

Esta región, que es la tercera española en producción editorial (un 10,5%), gasta de media al año en libros y publicaciones periódicas 23,1 euros.

Los libros –pobrecitos- no pueden defenderse a sí mismos. En la mitad pobre del mundo son inalcanzables; en la mitad rica se distinguen ya mal de una chocolatina o de un electrodoméstico”, escribe Santiago Alba Rico en su ensayo ‘Leer con niños’.

¿Para qué leer?”, se pregunta. “Es verdad que la lectura enseña pero también enseña cosas erradas o perjudiciales. La lectura libera, pero también ata a prejuicios y sinsentidos. La lectura entretiene, pero es más entretenido el sexo, la montaña rusa o la televisión. La lectura informa, pero también manipula. La lectura hace pensar, pero ¿quién quiere pensar? La lectura puede cambiar el mundo, pero hoy casi nos conformaríamos con conservarlo”, responde.

¿Todavía hay que seguir insistiendo en esta pregunta?, ¿todavía seguimos preguntándonos para qué leer?

Estamos a escala global en un cambio de paradigma. Las formas de comunicación ya no pasan por la lectura, sino por lo audiovisual. Eso no es dramático en sí mismo pero la narración audiovisual no permite las oraciones yuxtapuestas, necesarias para desarrollar un pensamiento complejo y para hacer frente a una realidad social cada vez más compleja”, argumenta Téllez.

Grabado del artista extremeño Pedro Acedo

Grabado del artista extremeño Pedro Acedo

Las palabras son armas”, explica Esperanza Alcaide Rico, librera de El Gusanito Lector. “Si no te pueden callar, no te han ganado. No te ha ganado ni el machismo, ni el capital, porque tienes argumentos para el otro y para ti. Al menos yo lo veo así. Es una herramienta imprescindible para vivir”.

El biólogo Eduardo Parody, que ya tiene en las manos su primera novela ‘La soledad del escribido’ (Triskel), publicaba recientemente en Sevilla Actualidad una apasionada defensa de la lectura, titulada ¡Lee!. Reconoce que la escribió por impulso y que para él, como mínimo, la lectura permite ejercitar un músculo que pasa la mayor parte del tiempo inactivo: la imaginación.

Con defensores más o menos entregados y detractores más o menos indiferentes, cada día se suman nuevas investigaciones de todo signo sobre la lectura. De la más reciente se hacía eco ayer Núria Vila, en el blog de la catalana Escola de Llibreria.

La organización The Reading Agency hacía públicos los resultados de un estudio, que analizaba estas variables: la lectura por placer puede aumentar la empatía, mejorar las relaciones con los otros, reducir los síntomas de la depresión y el riesgo de demencia, así como mejorar el bienestar a lo largo de la vida y mejorar los resultados educativos.

Fomento de la Lectura 

Opinaba Miguel Cisneros, miembro del colectivo Traductores Suicidas, que “el fomento de la lectura no ha de venir del sistema, que ya sabemos que la desdeña, sino de fuera del sistema, de los márgenes”.

En un artículo publicado en Red Boocle, red social sevillana que aglutina a lectores, librerías y editoriales, argumentaba que “tal vez la mejor defensa del hábito de la lectura no sea una proclamación victoriosa de sus beneficios morales o espirituales, sino su práctica visible y callada. Tal vez el rostro de un lector empedernido mientras lee diga mucho más que las palabras que este pueda decir después”.

Pero ¿esto es así? ¿Sólo así? ¿A quién le compete la responsabilidad del fomento de la lectura?

Según el escritor y periodista Juan José Téllez, en la base, obviamente, estarían los autores “que militan en el oficio” porque de ellos depende escribir y hacerlo bien.

También las “instituciones públicas, que no deben abandonar a su suerte a las bibliotecas y a la industria del libro”. Al sector educativo, “que debería hacer una reflexión profunda sobre qué tipo de literatura se está fomentando y si vamos por el camino adecuado. Si es más importante conocer a los clásicos o seducir a los jóvenes con otras lecturas”. Y, por último, a las familias. Si madres y padres, si los adultos no leemos, si no hay libros en casa, no hay raíz posible. Por suerte, “ante tanta devastación”, la literatura infantil es la que más signos de vitalidad está demostrando.

Sobre los poderes públicos, al igual que en educación o en sanidad, el área cultural ha sufrido durante los últimos años enormes recortes. El presupuesto destinado a bibliotecas, según datos recogidos por el documentalista Julián Marquina, ha bajado de 106 millones de euros en 2008 a 43,55 millones en 2016.

Los próximos cuatro años son todavía una incógnita, a la espera de los resultados de las elecciones generales del próximo 20 de diciembre.

Andalucía destinará el año próximo 2,3 millones de euros a archivos y bibliotecas, un 1,5% del presupuesto global de 168 millones, mientras que los distintos programas de fomento de la lectura que desarrolla el CAL contarán con 474.134 euros. Un 0,28% del total.

El recorte ha sido estructural”, explica Juan José Téllez, quien destaca que “la cultura no es un gasto, sino una inversión a futuro que debe fomentarse desde lo público”. “En ninguna otra comunidad, que no esté asociada a una lengua propia, existe un organismo como el CAL, que difunde la lectura y el trabajo de los autores. No podemos seguir con la tijera de los recortes en algo tan útil, rentable y barato como son los libros. Algo se está recuperando, algo se está gestando”.

Actualmente, además de la programación anual de actividades, el Centro Andaluz de las Letras está en contacto con una serie de universidades que investigan parámetros lectores, se están buscando simpatías entre las empresas privadas y hay una colaboración más intensa con la Federación de Libreros. “Somos una pieza más del engranaje pero hay ganas de poner en marcha todo esto”.

¿Y la educación?

Pablo Póo Gallardo es profesor interino de Lengua y Literatura en Secundaria y, después de su experiencia en trece institutos desde 2009, ha publicado un ensayo titulado ‘La mala educación’ (Triskel Ediciones).

Como norma general, en los institutos no se fomenta la lectura”, opina.

El peso total de la tarea del fomento de la lectura recae sobre los hombros del departamento de Lengua y Literatura (debe de ser, entiendo, que no hay libros relacionados con nada más que no sea Lengua o Literatura). Esta tarea, además, es llevada a cabo desde un enfoque erróneo: se elaboran unas listas de “libros de lectura obligatorios” que son evaluados con un examen de lectura que pretende comprobar si el alumno en cuestión ha leído el ejemplar propuesto. Creo que no hay mejor manera de fomentar el tedio hacia la lectura”.

Dinámica lectora en la Biblioteca del Colegio Andalucía del Polígono Sur FOTO CEDIDA

Dinámica lectora en la Biblioteca del Colegio Andalucía del Polígono Sur. FOTO CEDIDA

El fomento de la lectura debería ser una tarea global en la que estuviera involucrado, no sólo todo el claustro de un centro, también toda la comunidad educativa. Familias, ahí os quiero ver ahora”.

Además, “los alumnos deben elegir con libertad los títulos más cercanos a sus intereses para, así, fomentar un hábito que asocien con el placer y la libertad; nunca con una imposición. Y ya, de paso, les ayudamos a conformar un sentido crítico propio”.

La realidad enseña otras posibilidades. En Sevilla capital, institutos como el Chaves Nogales o el Martínez Montañés, y colegios como el San José Obrero o el Andalucía demuestran que hay otra forma de hacer cotidiana y activa la lectura.

Precisamente, en este colegio del Polígono Sur los niños han respondido a nuestra pregunta de “¿para qué leer?”. “Leer me hace aprender y conocer cosas nuevas”, escribe Arabia. “Me transmite alegría”, dice Rocío. “Leer me transmite emociones, aventura y viajes”, explica Luis. Y han escrito sus mensajes sobre un objeto muy simbólico: una llave.

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