El lápiz y los márgenes de Rivero Taravillo

Antonio Rivero Taravillo descansa de las palabras con más palabras. De los versos propios con versos ajenos y viceversa. Pese a sus múltiples definiciones -traductor, ensayista, novelista, editor, profesor, crítico vocacional- y sus innumerables viajes, la poesía es el núcleo de su trabajo. Una poesía bocetada a lápiz y en los márgenes de cualquier soporte que admita la escritura, ya sean libros, periódicos o folletos publicitarios, que más tarde pule y corrige.

Es un autor prolífico, aunque, hasta el momento, sólo cinco de sus poemarios han sido publicados. El último de ellos, titulado ‘Lo que importa’ (Renacimiento), se encuentra en las mesas de novedades de las librerías. Como la idea de este reportaje está anclada en una de sus frases, conversamos ampliamente con él una apacible mañana de junio. 

¿Realmente Sevilla alcanza condición de metrópoli en lo poético?

Sevilla siempre ha primado la poesía sobre la prosa. Es mucho más fácil citar nombres de poetas que de narradores y es una característica que se mantiene en el tiempo. No es una moda pasajera. Ha habido, y hay, editoriales que, en el conjunto de España y fuera de ella, mantienen muy alto el listón en cuanto a producción.

Si piensas en editoriales de poesía en español, surgen cuatro o cinco y una de ellas es Renacimiento, que ha sido fundamental desde finales de los años setenta en la difusión de la poesía, en sus distintas colecciones. Desde hace poco más de un lustro, La Isla de Siltolá ha empezado con gran fuerza, hasta el punto de que hoy en día es la primera editorial en España en publicación de autores jóvenes, en dar la alternativa poética a quienes comienzan. Eso es muy loable y va dejando una huella importante. No me olvido de la colección Vandalia, que publica la Fundación José Manuel Lara y que convoca el Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado.

Como la poesía tiende a lo artesanal, a la atomización, hay una gran actividad de pequeñas editoriales. Bien es verdad que el gran público, si es que existe ese gran público, desconoce a estas pequeñas editoriales. Además, en la provincia, tenemos al Grupo Surco en Coria del Río o Palimpsesto, una revista importantísima que se publica en Carmona y que no tiene la distribución que se merecería.

¿Y a nivel de creación?

Hay muchísima gente que escribe poesía, de diferentes calidades: desde una generación que comenzó en los años 50, que podría representar Aquilino Duque, hasta los chavales de 20 años. Hay varias generaciones en activo que coinciden. En los premios Adonáis hay una gran presencia de sevillanos, que lo han ido ganando o han obtenido el accésit.

“Sevilla, la marca Sevilla, suena como un lugar conectado con la poesía”
Has hablado de editoriales, de poetas, de público. Me falta el papel de las instituciones.

Juan Carlos Marset tenía un proyecto muy ambicioso para la Casa de los Poetas, en Santa Clara, que no tuvo ni continuidad en el tiempo, ni dotación económica. Pepe Serrallé, como director actual, ha hecho de la necesidad, virtud, con una buena programación. Con una sede propia, estable, con biblioteca, habría sido muy interesante pero, no siendo así por cuestiones extraliterarias, lo han hecho bastante bien.

Sevilla tiene un potencial latente que debe apoyar: la conexión con Iberoamérica. De hecho, el proyecto inicial de Casa de los Poetas tuvo un prestigiosísimo consejo asesor, en el que estaban representadas las primeras figuras de la poesía en español. Actualmente, la poesía en español sólo tiene una competidora: la inglesa. Nuestra poesía es de una gran calidad, riqueza y extensión. Perú, México, Argentina, Colombia y Sevilla, la marca Sevilla, suena como un lugar conectado con la poesía. Esa vinculación la tiene, aunque sea de forma implícita, y sería muy importante cultivar esta vocación americana.

Pero, de hecho, en Cádiz ya se celebra un Festival Iberoamericano de Poesía…

El Festival de Cádiz es estupendo, ya ha realizado su segunda edición. Aquí puede haber otro festival, o actividades no concentradas en el tiempo, que mantengan ese vínculo durante todo el año.

He leído que tu primer poema era una emulación de Juan Ramón Jiménez. ¿Lo conservas?

Sí, era un poemita de Juan Ramón y lo conservo, en algún sitio está. Lo recuerdo vagamente. Decía “cantan, cantan, los pájaros que cantan”. Mi poema hablaba de la lluvia, jugaba con esa estructura de repeticiones. La emulación fue el comienzo de todo, ese decir “esto también lo puedo hacer yo”. A partir de un modelo hagamos una cosa similar. La imitación es una de las fuentes de la creación poética.

Con tres palabras se construye un poema

Con tres palabras construye un poema

Siempre has considerado la poesía como el núcleo de tu trabajo, lo primero, pero, curiosamente, no has publicado mucho. 

Es lo primero en su doble acepción: aquello con lo que comencé y mi prioridad. La poesía es un raro equilibrio entre sentimiento y pensamiento, que podrían ir juntos en aquello que se quiere expresar, y el empleo del lenguaje, las palabras, la manipulación de esa materia que tenemos al alcance de la mano. Es una búsqueda del equilibrio entre lo conocido y lo novedoso, la norma y su vulneración. Esa forma de jugar con el lenguaje se manifiesta de forma fundamental en la poesía.

Es cierto que he escrito mucha poesía y que no he publicado mucho. No he sido particularmente activo. He tendido al trabajo solitario y no he tenido grandes relaciones que me hayan facilitado publicar. Hoy en día es más fácil, con tiradas cortas y, desde hace años, vengo haciéndolo con regularidad. Estoy en una vena creativa bastante fértil y la quiero ir sacando.

“Pensar en modo poesía hace que la poesía surja de manera natural”
¿A qué se debe esa fertilidad?

Desde hace varios años imparto talleres de poesía y eso me obliga a mantener abierto el tránsito entre la poesía y yo. Si, en algún momento, a lo mejor había crecido la maleza en ese camino, ahora lo tengo que mantener expedito y me obligo a reflexionar sobre poesía, a leer mucho. Pensar en modo poesía hace que la poesía surja de manera natural.

En mi caso, la mucha lectura de poesía invita a escribir poemas, aunque sólo sea por un efecto llamada o por una espoleta. Determinada palabra, o determinado verso, activa una bomba que tú desconocías que tenías ahí. Esa capacidad de dar el salto a partir de la obra de otros, que no es necesariamente inspiración en ella, sino una conexión rarísima, produce ese momento inicial en el cual ya se vislumbra el poema. Eso es frecuente.

Cada vez me resulta más importante escribir poesía no acerca de uno mismo, sino del mundo, a través de la observación y de la capacidad de reacción ante los estímulos. Hay constantes estímulos en todas partes, la capacidad poética está ya en la manera de observar. En la observación tienes un germen de la expresión.

Los viajes ejercen de estímulo a la escritura de Antonio Rivero Taravillo. En la imagen, en Connemara (Irlanda). FOTO CEDIDA

Los viajes ejercen de estímulo a la escritura de Antonio Rivero Taravillo. En la imagen, en Connemara (Irlanda). FOTO CEDIDA POR EL AUTOR

Resulta curioso porque la realidad se empeña en no ser poética.

La realidad se empeña en no ser poética pero hay poesía en cualquier paradoja, no por su vena sensiblera, sino en cuanto a la magia, por sangrante que a veces sea. La paradoja tiende a ser un elemento poético. La armonía de contrarios se manifiesta muy a menudo. Lo sorprendente, lo paradójico, el envés de la realidad, esa zona en sombra, esa magia de lo insólito, siempre tiene una posibilidad poética.

¿Cómo es tu proceso de escritura? Tengo entendido que aprovechas mucho los viajes.

Viajar me estimula muchísimo. Hace poco hablaba con Toni Montesinos sobre que el escritor cuando viaja no está pensando en los monumentos o en los museos, sino que piensa en los artículos que va a escribir. Esto es una especie de casi enfermedad. El escritor pisa lugares pensando en las páginas que va a escribir sobre ellos. Al margen de eso, el cambio de aires me provoca escribir. Ese desplazarse, en trenes y en aviones, siempre me ha estimulado. Los poemas que he escrito en Londres, aunque no traten de Londres, sí pueden manifestar un estado diferente de conciencia.

“Cuando surge la idea emborrono varias páginas a lápiz, lo hago de manera compulsiva”

Primera versión de uno de los poemas de Rivero Taravillo. FOTO CEDIDA POR EL AUTOR

¿Escribes en cuadernos?

Esto es un secreto. Tengo cuadernos que empleo muy poco. He empezado muchos poemas en páginas en blanco, en los espacios de periódicos y revistas, o en márgenes de libros ajenos. Parece que esa especie de precariedad, de disponer de poco espacio, me obliga a quintaesenciar más. Un cuaderno, con muchas páginas en blanco, me obligaría a la garrulidad innecesaria. Cuando surge la idea emborrono varias páginas a lápiz, lo hago de manera compulsiva. Viene solo pero, por otra parte, cuando uno escribe poesía, las palabras ya se presentan de manera ordenada y rítmica. Puedes tener alguna caída de ritmo, pero en general todo viene acomodado a la horma del verso. 

Eres uno de los poetas con blog. ¿Cómo lo enfocas?

El blog comenzó siendo una especie de depósito de textos publicados en diferentes sitios, una especie de archivo digital. Tuvo algo de diario, de vía de escape de textos que no encontraban acomodo, y hoy en día recoge impresiones de lectura, noticias sobre las cosas que hago, aforismos, poemas que publico ahí por primera vez. Sí es verdad que procuro tener una entrada diaria que, en general, programo con varios días de antelación porque el horror vacui me asusta. 

“No me interesa hacer sangre ni criticar lo malo, salvo cuando lo malo es una impostura dañina o viene respaldado con engaños”

Y ejerces la crítica en el blog ‘Estado Crítico’.

Practico la crítica literaria con libros que me interesan o que merecen la pena. No me interesa hacer sangre ni criticar lo malo, salvo cuando lo malo es una impostura dañina o viene respaldado con engaños. Procuro limitarme a lo que merece la pena y a transmitir al lector una impresión favorable. Decía Auden que la crítica de malos libros termina afectando al carácter y eso puede ser verdad. Estar siempre enfocado sobre los defectos, no creo que haga un efecto muy benefactor.

Pero, precisamente, esa ausencia de aspectos negativos es una de las críticas que se hacía a la crítica.

Entiendo que los críticos profesionales que, de algún modo, se espera su juicio sobre lo que se publica, tengan que hacer críticas negativas, si es negativa la obra que reseñan. Pero el crítico vocacional independiente, que en realidad no es crítico, sino autor y lector, debe destacar aquello que merece la pena porque, de algún modo, seleccionar ya es una forma de hacer crítica. Igual que una librería exquisita no deja entrar cualquier libro, y en ese criterio de selección hay un valor estético, el crítico debe hacer lo mismo.

Hace un año, el CICUS comenzó a publicar la revista 'Estación Poesía'

Hace un año, el CICUS comenzó a publicar la revista ‘Estación Poesía’

Otro de tus proyectos actuales es la dirección de ‘Estación Poesía’, la revista que edita el CICUS.

Sevilla siempre ha tenido una enorme tradición de revistas. Sólo hay que recordar que Borges publicó su primer poema en la revista ‘Grecia’, en 1919. Pero hubo más. ‘Papel de Aleluyas’, con la vinculación de Fernando Villalón; la revista de Renacimiento fue muy importante, aunque comercialmente no fuese viable; ‘Palimpsesto’, especializada en poesía hispanoamericana, que tiene un carácter anual.

En un tiempo en el que se ponía en duda la pervivencia del papel, yo pensaba que hacía falta publicar una buena revista sobre poesía, que primase la calidad, con independencia del nombre que firme los poemas, abierta a todo tipo de generaciones y tendencias. Siempre pedimos varios poemas para elegir uno, que permita un juego de contrapesos y de equilibrios entre temas y tratamientos. Hay que abrir la poesía a cualquier voz que tenga algo que decir y acompañarlo de reseñas. Convencí al CICUS y ya estamos preparando el quinto número. La idea era hacer una revista sobria pero cuidada, con una tipografía y una presentación que ayuden al disfrute de los textos. 

“Hay que vencer cierta pereza consistente en leer solamente a aquellos que conoces”

Cuando existen tantísimos medios y formas de difusión, ¿qué papel crees que cumple una revista de poesía hoy en día?

Actuar de trampolín para los más jóvenes o de sala de espera, de anticipo, para el libro de otros poetas consolidados. Mezclar en un mismo número voces diversas, tanto de generaciones, como de estéticas y procedencias geográficas, permite a los lectores y a los poetas codearse con otros que no se hubieran encontrado en el camino. 

Hay mucha gente joven que está haciendo excelente poesía. Con la edad uno tiende a buscar zonas de comodidad, en las lecturas y en las escrituras también, así que hay que vencer cierta pereza consistente en leer solamente a aquellos que conoces. Editar una revista así me permite estar leyendo siempre voces jóvenes y muchos de ellos son auténticos descubrimientos. Hoy, además, se ha normalizado la presencia de mujeres, que están haciendo muy buena poesía. No me lo tomo como una cuestión de género, sino que se constata una presencia mayor de voces femeninas. 

Comentabas antes que también habías impartido clases de poesía. He leído una frase tuya, en la que decías que, hoy en día, se había producido una “eclosión creativa de quienes renuncian a ser buenos lectores de lo ajeno para ser malos escribas de lo propio”. 

Es verdad que hay mucha gente que se está lanzando a escribir cuando lo que debiera hacer es leer. La tecnología ha facilitado la expresión no filtrada de textos pero, a cualquier poeta en ciernes, que alguien que ha recorrido un camino previo como explorador le pueda facilitar una serie de pistas, es fundamental. Le ahorra no solamente tiempo, sino traspiés.

En mi caso, coordiné el módulo de poesía en el primer Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla. Me sigo reuniendo con un grupo de ex alumnos para mantener esto vivo. Los talleres permiten una efervescencia creativa muy importante. Puede que haya una inflación de talleres, y también es verdad que un taller no hace a un escritor, pero al escritor que ya tiene ese núcleo inicial sí le puede ayudar porque da rudimentos y estrategias. La primera sería la capacidad crítica y autocrítica. 

“El trabajo de poeta es un trabajo solitario, que no está pidiendo recompensas mundanas”

¿Hablamos de tu biografía de Luis Cernuda? ¿Hasta qué punto se convierte en una obsesión un trabajo de investigación que dura diez años?

Descubrí a Cernuda en un manual de poesía de COU y, desde que empecé a escribir, fue dejando un poso. Pero no fueron diez años dedicados en exclusiva. Cuando ya había escrito varios artículos sobre él, y lo tenía bastante trabajado, se celebró el centenario de su nacimiento y se publicó un epistolario muy importante. Pensé que era el momento de consolidar todo lo que se había publicado sobre Cernuda y añadirle una investigación propia y trabajo de campo. Me lo permitía la doble condición de admirador y de paisano. Iba a ser un proyecto amplio de toda su vida pero, como hay un ecuador clarísimo que es la partida al exilio, hice el primer tomo que presenté al premio Comillas y tuve la fortuna de ganarlo. Eso fue un acicate tremendo porque contrataron el segundo tomo y me dieron un anticipo generoso, que gasté viajando a los sitios de Cernuda.

Ha sido muy enriquecedor. Meterte en el pellejo de un gran poeta, ya sea como traductor o como biógrafo, aporta muchísimo. Además, Cernuda madura de verdad como poeta cuando conoce la poesía inglesa. Como eso es algo que yo sigo trabajando, esa sintonía me ha permitido entrar mejor en su poesía.

La casa natal de Luis Cernuda, en estado ruinoso, se encuentra actualmente en venta

La casa natal de Luis Cernuda, en estado ruinoso, se encuentra en venta

¿Cómo trata Sevilla a Cernuda?

No soy partidario de utilizar el viejo argumento de estar en deuda. En general, los poetas nunca son suficientemente reconocidos ni hace falta que lo sean. El trabajo de poeta es un trabajo solitario, que no está pidiendo recompensas mundanas. Sevilla, o los lectores cultos de Sevilla, reconocen a Cernuda y eso basta. Lo que sí es lastimoso es el estado de su casa, de la calle Acetres, que está en ruinas y ahora en venta. Sería una buena oportunidad para recuperar esa casa. Un arquitecto, Antonio Barrionuevo, hizo un proyecto de recuperación de la casa, me lo planteó y lo respaldé. Sería una buena sede de la Casa de los Poetas o de alguna fundación.

Se han perdido muchas casas de poetas. A lo sumo queda una lápida. En el mundo anglosajón son muy frecuentes las casas museo. La de Cernuda es hermosa y está muy viva en ‘Ocnos’, con la evocación de la infancia. Merecería restaurarse como un lugar de cultura.

En cambio, sí había una propuesta del PP para su estatua. 

La propuesta de la estatua era atrevida y quizás no era su tiempo. Me parece más interesante, aunque más costoso, lo de la casa. Cualquier puede comprarla y hacer ahí un bar.

¿Se podría hacer algo para fomentar la lectura de poesía?

Hay un obstáculo para el disfrute de la poesía, del cual somos cómplices, de manera involuntaria, los propios poetas. La mayor parte de la gente no se acerca a la poesía porque somos muy autorreferenciales y no saben por dónde entrar. Hay una idea extendida de que la poesía no se entiende, que es ajena a lo que puede ser un motivo de disfrute para cualquiera.

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‘Lo que importa’ ofrece una gran variedad de registros

Hay muchas formas de poesía. Una persona normal, enfrentada a un buen poema que pueda concernirle, porque trata sobre un asunto de su incumbencia, como el amor, la pérdida de un ser querido, una denuncia social, un poema bien tratado, sin aspavientos, sin hermetismos, puede llegarle. Los árboles impiden ver el bosque. Entre todo lo que se publica es difícil que una persona no habituada a la lectura de poesía encuentre esas joyas que realmente le puedan interesar.

En Reno Unido, por ejemplo, se publican poemas para el metro, poemas que aprendimos en la escuela, poemas para todos los días, poemas para funerales. Hay antologías, hay una intención de que la poesía llegue a más personas.

No estaría mal que un diario de circulación nacional o una revista semanal publicara siempre un poema de calidad. Que viniera en el cuerpo general del periódico y que, incluso, quien va buscando la sección de deportes se lo encuentre. Muchos prescindirían de la lectura pero hay que salir al encuentro.

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