Tartessos, del mito a la realidad

POR Sergio Harillo Sánchez / Gestor cultural y autor del blog Cultura de Sevilla 

SEVILLA, 22 FEB 2016

La búsqueda de Tartessos ha sido una constante en la historia de la Arqueología, alimentando las teorías de un buen número de investigadores. La editorial sevillana Libros de la Herida acaba de publicar Tartessos. Un nuevo paradigma, que reúne las investigaciones que el escritor y filólogo Alberto Porlan (Madrid, 1947) ha dedicado al mítico reino de Gerión y Argantonios.

Porlan lanza su propuesta para resolver el misterio de la ubicación de Tartessos, aventurando que su hallazgo “representaría uno de los mayores éxitos de la historia de la Arqueología al simbolizar esta civilización las bases de la cultura atlántica y, por ende, de parte de Europa”.

Tartessos. Un nuevo paradigma es el resultado de treinta años de investigación. Un volumen que se puede dividir en dos partes bien diferenciadas, como reconoce su autor: “la primera es un teorema que se puede demostrar excavando, y la segunda es una conjetura que, a día de hoy, no se puede demostrar con los datos que tenemos, pero la planteo”.

Empecemos por el principio. ¿Dónde está Tartessos?

Muchos han sido los autores que han intentado ubicar a Tartessos sobre el mapa actual. Los textos griegos lo sitúan en el otro extremo de su mundo, es decir, donde el Mar Mediterráneo se abre al Atlántico, un lugar donde se funde lo real con lo mitológico.

La falta de pruebas físicas ha llevado a los investigadores a debatir intensamente sobre si Tartessos estaría en el Guadalquivir o en Huelva, e incluso se han relacionado con este pueblo algunos yacimientos como el extremeño de Cancho Roano.

Para encontrar el tesoro siempre ha hecho falta un mapa, y Alberto Porlan lo sitúa en Ora Maritima, un texto latino compuesto por Rufo Festo Avieno en el siglo IV d.C. a partir de una serie de textos antiguos de origen griego y semita.

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Alberto Porlan presentó esta obra en el CICUS de Sevilla FOTO: Stefania Scamardi

El texto narra el periplo que tuvieron que seguir los griegos a lo largo de las costas de la Península Ibérica para llegar desde el fin del mundo hasta Marsella, la colonia que los focenses fundaron en la actual costa francesa.

Para Porlan, este texto recoge la mítica expedición que habría tenido lugar en torno al 546 a.C., cuando la expansión del imperio persa amenazaba con destruir la Grecia jónica, y de la que hablan algunos autores griegos como Heródoto, ya en el siglo V a.C.

La ciudad griega de Focea mandó una embajada hacia el fin del mundo con el objetivo de encontrar un lugar donde asentarse lejos de la amenaza persa. Y vaya que si encontraron ese lugar, ni más ni menos que llegaron a Tartessos, donde Argantonios los recibiría en su capital, Eritia, y les ofrecería fundar una colonia en sus cada vez más mermados territorios.

Si los focenses huían de los persas, Argantonios también tenía su particular enemigo, los semitas, que dominaban parte de la actual costa andaluza y amenazaban la integridad de Tartessos. Con los griegos como aliados, Argantonios se aseguraba un equilibrio de las fuerzas.

La embajada regresó a casa con la propuesta del rey tartessio y jamás regresó. Focea fue destruida y, en opinión de Porlan, también Tartessos. Griegos y Tartessios sufrieron el mismo destino. Tras la muerte de Argantonios y la desaparición de Tartessos, que Porlan fecha en torno al 540 a.C., los semitas se apoderaron de todo el territorio y los griegos focenses se asentaron en Sicilia, Córcega, Cerdeña y la costa sur francesa, donde estaba la colonia de Marsella.

Ora Maritima desgrana punto por punto cómo llegar a Tartessos, describe los accidentes geográficos, las jornadas de viaje, el río que hay que surcar para llegar a la capital y dónde se encontraba ésta

Pero, ¿por qué tiene tanta importancia Ora Maritima?

El texto latino desgrana punto por punto cómo llegar a Tartessos, describe los accidentes geográficos, las jornadas de viaje, el río que hay que surcar para llegar a la capital y dónde se encontraba ésta. No es el primero que utiliza el texto, ya lo hizo Adolf Schulten (1870-1960), arqueólogo, historiador y filólogo alemán que dedicó gran parte de su vida al estudio de Tartessos, buscándolo sin descanso y ubicándolo en el entorno del Guadalquivir.

Alberto Porlan reconoce que él mismo se equivocó hace unos años cuando ubicó, por error, Eritia en una de las islas fluviales del río Barbate, en la provincia de Cádiz.

Siguió el periplo de Avieno y ubicó la capital de Tartessos en un punto concreto, en 1989 se llevaron a cabo algunas prospecciones arqueológicas, que contaron con el conocimiento y permisos de la Junta de Andalucía, pero la ciudad no apareció. Era imposible que apareciera, la isla se inundaba en determinadas épocas del año y ¿quién iba a construir una ciudad en un terreno inundable?

Vuelta a empezar.

Cogió otra vez el texto de Avieno y lo tradujo nuevamente, analizando algunos datos que había descartado en su primera aventura. Y apareció Eritia, que no estaba en esa primera isla inundable, sino río arriba, tras pasar “las tres bocas que saca el río por oriente”.

Porlan da unas coordenadas exactas y pone un punto sobre el mapa. Sólo hay que empezar a excavar.

¿Qué hace falta para que empiecen las prospecciones arqueológicas?, le pregunto.

Hace falta interés oficial. Yo soy un teórico y mis investigaciones están en este libro. Mi trabajo termina, acaso, con una prospección superficial. Pero estoy convencido de que más pronto que tarde se llevará a cabo esa excavación”.

Pero, ¿cómo es posible reconocer, dos mil quinientos años después, los mismos accidentes geográficos?

No podemos saberlo, pero estamos hablando de un ámbito geográfico muy concreto. Es un circo rodeado de montañas cuyos arroyos llegan hasta el centro de la llanura y forman un lago. Ese lago tiene una salida por occidente y después de un corto recorrido y pasar un desfiladero produce una gran marisma. El río pudo haber cambiado de curso, pero nunca demasiado porque el ámbito al que está circunscrito está cerrado”.

La puerta de la mitología

La traducción e interpretación de Ora Maritima viene acompañada en el libro de todo un capítulo dedicado a la mitología griega.

Para los helenos el más allá se encontraba en los confines del mundo, un lugar inhóspito al que nadie osaba llegar. Porlan sostiene que ese lugar donde habitaban Hades y su esposa Perséfone estaba aquí, en Andalucía. Es lógico pensarlo, para los griegos el fin del mundo estaba aquí y “donde acaba nuestro mundo, el otro, el de los muertos, viene a continuación”.

¿Cómo se convierte la realidad en mito?, le pregunto. “Porque era cierto, los griegos habían estado aquí, conocían cómo era el fin del mundo y lo describen”.

Hay una serie de elementos que se pueden rastrear en la geografía de la zona y también en la etimología, la Sierra de Fates sería la puerta del Hades, aquella que tuvo que atravesar Odiseo para llegar al fin del mundo guiado por Circe. Tras las puertas del Hades estaría la laguna Estigia, que Porlan asimila con la laguna de La Janda, desecada a mediados del siglo pasado en lo que el autor considera “un atentado ecológico que debemos reparar sin más demora”.

Cuando la embajada focense llega a Tartessos reconoce todos estos hitos y al regresar a la metrópolis se les ordena callar lo que saben y jurar que no contarán lo que han visto, pues desmontarían por completo las creencias griegas. Y es aquí donde empiezan las conjeturas para Porlan, que sitúa por edad y por fecha a Pitágoras en esa embajada. A su regreso se le ordenó no revelar lo que había visto; lo acató, pero se marchó de Grecia asegurando que había regresado de entre los muertos y fundó la secta pitagórica – órfica (Orfeo, el único mortal que había ido al Hades y había regresado) para transmitir su conocimiento a unos privilegiados que alcanzaban la confianza necesaria como para formar parte del selecto ‘club’.

Platón persiguió esos secretos y se hizo con ellos a través de la compra de una serie de libros que describían todo lo que había visto Pitágoras en Tartessos. Un tiempo después aparece Atlantis, que para Porlan no es más que la exageración y mitificación de lo que recogían los textos pitagóricos.

“Lo fácil es decir que no existe porque no se ha encontrado. El sistema académico desconfía de la imaginación, la considera peligrosa, pero ¿qué es la ciencia sin imaginación? Primero imaginar, y luego demostrar”Alberto Porlan

Tartessos sigue siendo una gran incógnita, de hecho hay muchos historiadores que, ante la falta de pruebas, aseguran que dicho reino nunca existió.

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FOTO: Stefania Scamardi

Porlan levanta por primera vez la voz en la entrevista. Le molesta que se ponga en duda lo que para él es “una sociedad avanzada, organizada y culta con un largo bagaje cultural que se puede rastrear en el denominado alfabeto tartessio, en las construcciones megalíticas o en la cerámica campaniforme”.

Lo fácil es decir que no existe porque no se ha encontrado. El sistema académico desconfía de la imaginación, la considera peligrosa, pero ¿qué es la ciencia sin imaginación? Primero imaginar, y luego demostrar. La imaginación nunca peca de excesiva, peca de inapropiada, de extravagante, de errónea, pero nunca de excesiva si es apropiada. Y para el pasado sólo tenemos eso”, asegura.

Reconoce que no le extraña que se ponga en cuestión su teoría, e incluso lo ve como algo normal. Ya le ocurrió con Los nombres de Europa, publicado en 1998 y donde aventura la hipótesis de que “en tiempos no históricos existió un sistema de poblamiento territorial único y sagrado que se correspondería con lo que hemos llamado el pueblo indoeuropeo”.

Hasta el momento no ha sido invitado por ninguna institución o universidad europea para exponer su idea, tuvo que hacerlo en la Universidad de Krasnoyarsk, en Rusia. Lo dice resignado, pero asegura que cuando publicó ese libro, en el que invirtió dieciocho años de su vida, lo hizo para que se comprobara y “ante mi extrañeza, nadie lo hizo”.

Esa falta de interés por nuestro pasado más remoto nos lleva a la última pregunta: ¿valoramos lo suficiente en España nuestra historia y nuestro pasado?. Porlan se echa hacia atrás en la silla y pone cara de ‘has metido el dedo en la llaga’.

No nos merecemos nuestro pasado, en el sentido de que no lo hemos respetado jamás”, afirma de manera categórica para después citar una serie de yacimientos gaditanos como la Laja de los Hierros, la Laja Alta de Jimena de la Frontera o el Tajo de las Figuras, auténticos “tesoros históricos, porque deben considerarse así” que han sido maltratados sistemáticamente hasta su práctica destrucción.

La Laja Alta de Jimena de la Frontera contiene una serie de pinturas rupestres, con modelos de barcos, ¡en lo alto de una sierra!. Hasta hace poco la gente se divertía yendo a pegarle perdigonazos a las pinturas”. Peor suerte ha corrido el Tajo de las Figuras, “que durante años ha sido mostrado al público a base de cubos de agua que se lanzaban contras las pinturas, de varios miles de años de antigüedad, para que se viesen mejor. Está prácticamente destruido. Signos ibéricos, tartéssicos, cretenses, chipriotas… desaparecidos por la dejadez y la falta de conservación por parte de las autoridades”. Escuchando este relato se comprende mejor lo que acaba de ocurrir en Huelva donde unas excavadoras han destruido un yacimiento de cinco mil años de antigüedad.

Quién sabe, lo mismo la aparición de Tartessos contribuya a poner en valor un patrimonio que es de todos. Alberto Porlan con su libro pone la lupa sobre un lugar concreto, sólo hay que ir allí y excavar. Puede estar en lo cierto o puede no estarlo, pero, ¿nos vamos a permitir continuar en la duda?

FOTO de portada: Stefania Scamardi

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  1. Rafael Velis

    Madre mía, que batiburrillo hace éste hombre. La Historia deben hacerla historiadores, periodismo los periodistas, etc, oye una manía que tengo. Por cierto, el artículo muy bueno, como siempre.

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