Un gato en bicicleta: librería como mediadora cultural

Un gato en bicicleta ha superado la barrera de los cinco años con un modelo de librería y galería de arte. No ha sido fácil llegar hasta aquí, en una ciudad como Sevilla, en la que lo contemporáneo y lo cultural encuentra más resistencias que adhesiones reales. Que resulta más atractivo para el que viene de fuera que como escenario cotidiano. Pero Jesús Barrera y Raquel Eidem son persistentes y, tras el verano, reinaugurarán la librería con una sala multidisciplinar y talleres de artistas.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 30 MAY 2016

Si Jesús y Raquel persisten es porque encuentran motivos suficientes para propiciar una renovación cultural desde dentro, apostando por la creación artística, por la literatura independiente, sobre todo la poética, y por la ruptura de barreras mentales y sociales.

Jesús Barrera, publicista, es la cara de esta librería especializada en arte y poesía. Raquel Eidem tiene en el piso de arriba su taller de alfarería y con su “creatividad desbordante” se encarga de los escaparates y de todos los cambios físicos que suceden en este espacio del número 8 de la calle Regina.

Un gato en bicicleta abrió en 2011, poco antes de la inauguración de las Setas de Sevilla y ha acompañado las transformaciones de la calle Regina. Después de haber cumplido cinco años, y tras el verano, se reinaugurará con un cambio de concepto centrado en el artista y su taller. Nos lo cuenta Jesús, en una entrevista sincera, con más de un taco y más de un pensamiento para la reflexión.

“Los grandes lectores lo son de boquilla, la gente de la cultura no es gente cultural, sino que busca sus propios intereses”

PREGUNTA: Después de la inconsciencia de abrir una librería especializada en arte porque no encontrabais ese tipo de libros en la ciudad, ¿con qué choca esa ilusión y esa apuesta?

RESPUESTA: Al principio estaba contento, veía que había aceptación, pero uno de los choques más a largo plazo ha sido encontrarte con la realidad de esta ciudad, de la Sevilla profunda. Como dijo Juan Luis Gavala en el manifiesto por el cierre de Especies de Espacios, Sevilla es una ciudad muy complicada. Los grandes lectores lo son de boquilla, la gente de la cultura no es gente cultural, sino que busca sus propios intereses. Por suerte, estamos en este barrio, que es mucho más abierto para este tipo de negocios. Cuando abrimos éramos los raros de Sevilla, creo que todavía lo somos, pero entonces éramos superextraños. Una librería con poquitos libros, de arte, muy especializados, con galería, la gente nos decía: “pero ¿este qué negocio es?”, “uy, vais a durar muy poco”.

gatoenbicicleta

Un gato en bicicleta se inauguró antes que las Setas y ha acompañado la transformación de la calle Regina

P: Ese poco, de momento, son cinco años. ¿Qué es lo más bonito que os ha pasado?

R: ¡Buah! De todo. Sigo aquí por las cosas que pasan. Por ejemplo, que un poeta como Iván Onia esté emperrado en que quiere presentar aquí su libro porque le tiene un cariño especial al Gato, eso es muy bonito. En el mundo del arte se ha creado una red de amigos, nos llamamos coloquialmente la pandi, se han conocido en inauguraciones, se hacen amigos y, al final, se crean sinergias entre ellos, con artistas, con escritores. Ser como un mediador entre la gente de la cultura es muy bonito.

P: ¿Y lo más duro?

R: Hacienda. Esa nunca perdona. Hay muchas cosas pero Hacienda es lo peor. Al principio tuve una mala gestión por falta de previsión, es normal en una persona que viene de letras y que empieza un negocio, pero esa gran dama me ha hecho aprender mucho con el tiempo. También aprendes a vivir con muy poco. Eso es una de las cosas buenas que tiene la librería.

P: Tampoco es que tengas mucho tiempo para hacer otras cosas porque ¿cuántas horas de tu vida le dedicas? ¿El 98% de tu tiempo?

R: El 99% es de la librería. Hay gente que sabe desconectar pero yo soy incapaz. Si veo que algo no está saliendo bien, que no estoy llegando a objetivos, no puedo quedarme en casa o irme a tomar una cerveza. Tengo que buscar la manera de sacar más rentabilidad al espacio. El otro día leí La librería de Penelopé Fitzgerald (Impedimenta) y me llamó la atención porque, aunque no tiene nada que ver, es un pueblo inglés, años sesenta, me sentía muy identificado con lo que contaba la protagonista. Los problemas para adquirir el local, cuando todo parece que va bien pasa algo… Esa es la realidad del librero. A veces le pregunto a Esperanza, de El Gusanito Lector, ¿tú cómo lo haces? Y la respuesta es no teniendo vida. Nuestra vida es esto. Creía que era yo el único pero no. Hay algunos más. Conozco otros libreros que han cerrado por eso. Juanlu -Especies de Espacios- o Almoraima -Birlibirloque- se agotaron. O tienes mucha fuerza de voluntad y sabes lo que quieres o lo tienes que abandonar porque hay días que dices: ostia, no he vendido nada, que es normal en los negocios, pero te preguntas ¿qué estoy haciendo mal?

“El ámbito cultural es un desastre pero si le echamos la culpa a la sociedad, si no cambiamos desde nosotros mismos, la situación no cambiará”

P: ¿La pregunta es qué estoy haciendo mal o que nos pasa como sociedad?

R: Tenemos que empezar a mirar los fallos propios. Es verdad que en este país el ámbito cultural es un desastre pero si le echamos la culpa a la sociedad, si no cambiamos desde nosotros mismos, la situación no cambiará. Soy muy persistente en ese sentido. Creo que el cambio tiene que venir desde uno mismo. Hay mucha gente en el barrio que me ha dado las gracias por tener la librería. Me han dicho: gracias por darnos un oasis cultural, por poder hacer algo distinto y salir de la rutina. Que haya alguien que pelee. Los años de Zoido han sido muy duros para la cultura. Hay que persistir.

maniquí

El Gato es una de las librerías más inquietas, no sólo en la organización de actividades, sino en la mudanza de su propio aspecto

P: ¿Qué respuestas surgen cuando te haces esa pregunta?

R: Cambios. Hacer cambios que pueden ser físicos en la organización de la librería, como de selección de pedidos. Las distribuidoras saben que conmigo no tienen nada que hacer, les digo que me dejen de novedades porque, al final, acabo con más libros guardados que libros expuestos. Quiero esta editorial con estos libros. Para mí ese es uno de los mayores retos, la selección, porque ojalá pudiera leérmelo todo. Vas estudiando a las editoriales, la línea, y dices: en esta sí confío, en esta no. En Impedimenta confío, Minúscula, Blackie Books; en poesía Ediciones en Huida, La Isla de Siltolá, Cangrejo Pistolero, Arrebato, por ejemplo.

P: La apuesta por la poesía es valiente…

R: Pero es que no te imaginas la de público que hay para todo tipo de poesía. Es el sector que está más minado, no sé porqué nunca se le ha dado la cabida que debe tener cuando hay tantísima gente que escribe poesía, tantísima editorial que edita poesía y tantísima gente que lee poesía. Lo que más vendo es poesía. Y los mismos editores me dicen que, como yo la vendo, no lo hace nadie. Será que mi librería invita a leer poesía… Es muy curioso. Hay muchos estudiantes, preuniversitarios y universitarios, que les gusta mucho la poesía. A mí Luna Miguel no me gusta nada pero tanto Luna Miguel, como Irene X o Marwan, han conseguido que muchos adolescentes, sobre todo chicas, empiecen a leer poesía, entren en ese mundo y busquen a otros autores.

P: Mencionabas a los jóvenes. También tenéis un espacio infantil. ¿Ha cuajado?

R: Sí, ha cuajado. Es el parque del barrio los días de lluvia. Fíjate. Cuando abrimos la librería, ese espacio no existía, lo teníamos como almacén pero, al mes o así de abrir, nos dimos cuenta que había mucha gente con niños en el barrio. El Gato es una librería con mucho color, los cuadros, los libros, los colores excitan mucho a los niños y verse ahí en medio sin poder hacer nada, ponían nerviosos a los padres y se ponían nerviosos ellos mismos. ¿Por qué no ponerles un rinconcito? Y funciona muy bien, los padres pueden mirar los libros tranquilamente y a los turistas les encanta.

“La calle Regina es una gran mentira. Como le llamaban el Soho, tomó ese cariz underground, cuando la gran mayoría de sevillanos viene aquí a dar el paseo y hacerse la foto para ponerla en Instagram”

P: Por la zona en la que estáis ese es otro de vuestros públicos pero ¿es el mayoritario?

R: Vivimos más del turismo que del sevillano y llamo turista al que viene de fuera de Sevilla, que está de visita. Viene gente de Madrid, de Barcelona y ven libros que alucinan. Los libros de artista de Rubén Barroso, por ejemplo, que están muy bien de precio… El otro día me contaba que le había escrito un chico de Barcelona diciéndole que había comprado uno de sus libros en el Gato y que quería más… Tenemos ese turismo que nos da de comer, un poco a mí como librería y creo que casi a la calle entera. Vivimos todos del turismo. Es que la calle Regina es una gran mentira. Como le llamaban el Soho, tomó ese cariz underground, cuando la gran mayoría de sevillanos viene aquí a dar el paseo y a hacerse la foto para ponerla en Instagram. Decían: los hipsters tienen que pasar por la calle Regina. Y es verdad, estaban de paseo por la calle Regina. Pero de paseo.

P: ¿Qué planes tenéis después de haber cumplido cinco años?

R: Como hemos cumplido cinco años y no hemos celebrado nada, después del verano queremos reinaugurar la librería entera, con un cambio de concepto. Nuestro cliente nos considera un centro cultural, más que una librería, algo que no entiendo porque una librería debe ser un centro cultural ya de por sí. Hay gente que hace cosas maravillosas y esta ciudad no le ha dado cabida real. Seguiremos estando especializados en arte, con libros independientes, pero sentimos que estamos en deuda con los artistas y vamos a darle más cabida a cada uno como persona independiente. Cada uno va a tener su propio espacio en las paredes de la librería, además de la exposición mensual y de la colectiva de Navidad. En la parte de arriba siempre hemos hecho talleres pero vamos a hacer una sala multidisciplinar, donde podamos hacer cursos con agua, de kokedama, de jardines verticales, de grabado, y la vamos a dividir para que los artistas puedan crear allí, tener su taller, como hicimos al principio. Ahora ha entrado la editorial Advook y estamos abiertos a más propuestas. De momento, a partir de la segunda quincena de junio, vamos a hacer minitalleres y que luego te puedas tomar un vinito, que no sean sólo talleres para aprender.

Jesús

Jesús Barrera tenía 27 años cuando se embarcó en esta aventura

P: Para alguien que viene del mundo de la publicidad, llama la atención su relación alérgica con las redes sociales.

R: Odio las redes sociales. En realidad, todo publicista odia las redes sociales porque es el peor mecanismo publicitario que existe. Funciona, pero es el peor porque exige mucho trabajo y no sabes si llega realmente a quien quieres que llegue. Instagram es la que mejor funciona por el impacto visual, va más directo a nuestro tipo de cliente. Facebook se ha convertido en el coño de la Bernarda, donde está todo el mundo y nadie mira nada. Vas pasando, ves una foto, das a Me gusta y creo que se pierde todo el sentido. Twitter lo odio, no me gusta nada, lo intenté pero eso sí que es ser esclavo. Hay días que uno no tiene ganas de poner nada.

P: Pero sí está en tus planes renovar la web.

R: La web sí me quiero poner este verano a hacerla en condiciones, donde expliquemos todo lo que tenemos y demos visibilidad. ¿Poner tienda online? Con tanta cantidad de libros, y un stock que rota tanto, no sé. Es un medio muy distinto al medio real. Todas las editoriales tienen venta online, ¿tiene sentido que la tenga yo también? La web de Suricatta Gallery sí la estoy volviendo a hacer. La creé para el extranjero. La compra de arte no es impulsiva, hay gente que viene, ve y, cuando regresa a su país, nos compra obras. Hay cuadros que se han ido para Lyon, para Estados Unidos. Me encantaría dedicarme 100% al mundo del arte también.

P: ¿Tienes miedo de que en una apuesta tan grande por el arte, y con la evidencia de que cada vez se venden menos libros, acabes prescindiendo de ellos?

R: No. Quizás tendría menos pero no desaparecerían. El libro es muy importante, el arte y la literatura tienen que ir de la mano por fuerza. No tiene sentido tener arte y no tener literatura. En mi concepto de la cultura todo tiene que ir de la mano. A lo mejor me equivoco y por eso todo es más lento.

“Todavía se sigue vendiendo el mundo del libro como algo de la élite, de una élite sociocultural media alta”

P: ¿Qué tendría que pasar para que Un gato en bicicleta vuelva a la Feria del Libro?

R: Que se actualice, que sea del siglo XXI. La Feria del Libro necesita una renovación de concepto. La concepción que tiene ahora mismo es de los años noventa. Su distribución es cerrada, en un cuadrado y casi todo mira para dentro de la plaza. Tienes que romper una barrera para entrar, a nosotros no nos cuesta nada porque somos del ámbito pero ¿y para el resto? La gente que no suele leer tiene miedo, entra y huye. ¿Porqué no hay un acercamiento real a la gente de a pie en el mundo del libro? Porque todavía se sigue vendiendo el mundo del libro como algo de la élite, de una élite sociocultural media alta. Que sí, que el Ayuntamiento está haciendo ahora una campaña de fomento de la lectura pero la lectura tiene que estar en la calle y no está. La educación cultural tiene que estar en la calle, te la tienes que encontrar y hasta que eso no paseque se ve que no va a pasar todavía. La cultura es ocio, es algo muy importante para cada uno de nosotros, pero es ocio y la Feria del Libro, estando en la plaza, no es ocio. El emplazamiento debe cambiar, yo me iría directamente al Parque de María Luisa, como en Madrid que funciona muy bien en el Retiro. La gente tiene que ver esos eventos como algo que va a disfrutar, no ir porque un amigo recita, voy una vez y no vuelvo. Cuando cambie un poco, quizás vuelva. De momento, mejor quedarme en mi burbujita y que la gente venga a buscarme.

segunda mano

Hay que renovar conceptos para que el libro y la cultura estén en la calle y sean accesibles para todo tipo de públicos

P: Cuando se habla tanto de renovación en el sector del libro, ¿qué tendría que pasar?

R: Por una parte, el diseño. Hay editoriales con muy buena calidad pero los libros son horrendos. El diseño debe incorporarse al sector del libro. ¿Y que más tiene que cambiar? Hay que eliminar las barreras. Todo el mundo puede leer, todo el mundo debe ser partícipe de la lectura, no es solamente algo que concierne a un sector. Ya no estamos en los salones ingleses del té. Si Belén Esteban vendió tantos libros por algo será… Nos duela o no, rompió esa barrera de todo el mundo puede leer. ¡Manda cojones que se lean el libro de Belén Esteban pero esa barrera se rompió! ¿Por qué la gente no lee? ¿Por qué la gente piensa que es un coñazo ir a una presentación? ¿Por qué el libro infantil funciona tan bien? Porque el niño no tiene barreras sociales. A lo mejor hay que fijarse un poco en el libro infantil.

P: Uno de vuestros proyectos más interesantes ha pasado desapercibido para la ciudad. Un gato en bicicleta se convirtió en productor de arte, con una exposición basada en un libro, que ahora está en Morón de la Frontera.

R: Sí, estuve un año para montar la exposición. Cuando leí el libro En Azúcar de sandía de Richard Brautigan (Blackie Books), pensé que tenía una plasticidad brutal, cogí 36 capítulos más la biografía y les propuse a los artistas que yo veía que tenían relación que los interpretasen. Les encantó la propuesta. El único hándicap es que sólo podían leer el capítulo que les había tocado. Se trata de leer la novela a través de las artes visuales: ilustración, pintura, instalación, arte textil, diseño. De jugar con todas las representaciones de las artes visuales. Ha sido muy bonito porque la expusimos en Jerez el año pasado, en una antigua bodega, fue muchísima gente a verla y, a raíz de esa exposición, dos artistas de allí se han animado a abrir una galería de arte y otra amiga, María Valero, ha abierto su propia tienda-galería. Conseguimos romper una barrera.

En Morón sacaron el concurso Project Arte para el Espacio Santa Clara y se presentaron 40 proyectos expositivos. En Azúcar de sandía ha sido uno de los escogidos, acabamos de inaugurar el ciclo, y ya han pasado por allí algunos colegios para enseñarles cómo se puede narrar.

P: En Jerez sí, en Morón sí, ¿y en Sevilla?

R: Creo que me da mucha pereza la burocracia y, además, ya estoy queriendo organizar otra distinta.

Comenta