Yerma Librería: fidelización y personalización

Un barrio es más barrio cuando lo habita una librería, sobre todo, si el barrio es una mezcla entre zona residencial y de paso, funcional y con escasa vida cultural, y la librería es pequeña, independiente, de ambiente cálido y basada en la atención personal y la recomendación. Así es Yerma Librería, uno de los establecimientos más veteranos de Sevilla. Acaba de cumplir 22 años. Que se dice pronto.

POR Sonia Domínguez / Sevilla, 16 OCT 2015

Parece obvio pero no lo es tanto. Una librería no se explica sin la pasión por la lectura; una pasión que, en el caso de la librera Rosa Rojas-Marcos, comienza en la infancia (“desde pequeña he sido una lectora empedernida”), estalla en la juventud gracias a la única biblioteca pública que existía en la ciudad y se mantiene como una constante vital, a pesar de los desvelos empresariales y de las montañas de papeleos, devoluciones y envites del sector.

Leer es vivir. Son sinónimos. No concibo que tú puedas vivir sin estar compartiendo historias, es parte fundamental de tu crecimiento personal, del día a día, del ocio y del disfrute”.

Rosa estudió Educación, en la rama de Lengua, y estuvo trabajando como profesora muchos años, tanto en el sector público como en el privado.

Hace 22 años que Rosa Rojas-Marcos es librera. FOTO: Pepa Ponce

Hace 22 años que Rosa Rojas-Marcos es librera. FOTO: Pepa Ponce

Yo soñaba con tener una librería pero lo veía como algo muy lejano. No sabía si saldría bien porque no tengo espíritu empresarial. Después de la Expo 92, no tenía claro si volver a la educación o no, y uno de mis hermanos que trabajaba en el sector de la distribución me animó. Me dijo que la zona de Ramón y Cajal estaba creciendo como barrio, que se estaban instalando más facultades y sólo había una librería chiquitita. No lo tenía muy claro pero, al final, me lancé. Hace ya 22 años”.

El cumpleaños lo han celebrado en septiembre, cuando Rosa, Mar y Eva estaban recién llegadas de las vacaciones de verano y en plena campaña escolar. Entonces es cuando inician uno de sus períodos más intensos de trabajo, entre septiembre y hasta después de Reyes, con las actividades de animación en tres institutos de la ciudad y la campaña navideña.

Yerma conjuga la narrativa, la poesía y los libros infantiles, con un fondo especializado en psicología, filosofía y educación, entre otras áreas

Yerma es una librería que conjuga la narrativa, la poesía y los libros infantiles, con un fondo especializado en psicología, educación y filosofía (“son temas que me gustan especialmente. Tengo un público muy fiel de ensayo filosófico”), junto a económicas, derecho, trabajo social y turismo.

Los libros en el escaparate, junto a algunos objetos de artesanía literaria, la madera y la letra en cursiva del nombre son un oasis en un barrio en el que abundan cafés, restaurantes, bancos, supermercados y tiendas de ropa, que dan servicio a la población flotante de las universidades, los institutos y los juzgados.

Es una zona muy difícil y muy especial. Los vecinos no se mueven por el barrio, no hay ese sentido de comunidad. Es muy difícil encajar, aunque ya llevamos mucho tiempo y hemos visto crecer a los niños que venían a mirar sus cuentos desde pequeñitos”.

En ese entorno, Rosa creó hace 22 años una librería acogedora, en la que la madera va definiendo los espacios. “Cuando viajaba a Londres o a Praga, siempre me metía en las librerías y soñaba con esas librerías británicas con chimenea dentro. La chimenea no la he podido meter pero tenía claro que quería que los libros estuviesen en un entorno bonito y con la madera, que pega mucho con los libros”.

No tiene ningún sentido tener una librería si no sientes pasión por los libros. Es un gusanillo. Pica muchísimo. Hay un momento, a la hora de cerrar, tanto al mediodía como a la noche, que bajo la persiana y me quedo aquí haciendo trabajo. Ese rato que estoy sola con los libros lo disfruto una barbaridad. El trabajo interno de volver a seleccionar, de pensar, de recolocar, de mirar el catálogo”.

Aunque intentes acotar y seleccionar, hay grupos que no lo entienden y te mandan cantidades astronómicas

Esta es la visión que hace que el oficio de librero tenga esa halo de romanticismo. Pero hay otra parte del trabajo que absorbe gran parte del tiempo y de las energías, y es el administrativo. “Muchos papeles y números que me acabo llevando a casa porque el trabajo no se acaba cuando cierras la persiana”. Y, en el día a día, infinidad de gestiones “en las bibliotecas, en el Rectorado, en el banco”. Números, facturas, albaranes, más números.

¿Qué es lo peor?, le pregunto. “Las novedades que te intentan meter continuamente y que te pasas todo el día echando para atrás. Se pierde muchísimo tiempo. Y, aunque tú intentes acotar y seleccionar, hay grupos que no lo aceptan y te mandan cantidades astronómicas. Es diario. Se lo decimos a los editores, lo hablamos todos los libreros, pero no hay manera”.

Es lo que llaman el tsunami de las novedades, imposible de asumir para las librerías independientes, no sólo por motivos de espacio sino de criterio. “Hace un rato, estaba viendo los boletines para seleccionar de cara a Navidad y pasas muchas páginas en la que no encuentras nada de interés para tu librería”.

Además, “el espacio es muy, muy reducido. Cada vez que me planteo que quiero apostar por una editorial o un autor, para meter una cosa, tengo que sacar otra. Hay libros que se mueven y libros que no se mueven mucho pero tú quieres que estén”.

Si vas de paso, quizás no te fijes, pero los habituales de Yerma ya saben qué apuestas sobreviven a las novedades, en función de cómo están colocadas.

El punto fuerte de Yerma es el trato. Sin duda. Fidelizas con la atención y la recomendación

Son esos habituales los que han creado en la librería un “ambiente de amistad” que hace que, a la mínima que te descuides, Rosa haya captado tus gustos literarios y sepa qué recomendarte entre esa avalancha de títulos. Una amistad que se hace extensible a escritores de la ciudad, que tienen en esta librera a una primera lectora de manuscritos.

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Los habituales de Yerma perciben qué libros resisten a la entrada y salida de novedades

El punto fuerte de Yerma es el trato. Sin duda. Fidelizas con la atención y la recomendación. Entra muchísima gente preguntando ¿y qué me leo ahora? Yo misma ya sé a qué clientes les voy a recomendar el libro que me estoy leyendo, visualizo a esas personas”.

Rosa Rojas-Marcos reconoce que el oficio de librera le ha enseñado a leer de otra manera. “Al principio me causaba ansiedad porque me llevaba tanto para leer a casa que la montaña nunca bajaba. Ahora, hay libros que leo, libros que sobreleo, libros de los que busco críticas porque no me gustan y, en otros casos, se recurre a gente que me da su opinión sobre libros leídos”. Pero lo más importante: “aprendí a dejar un libro si no me está gustando”.

¿Tienes esa sinceridad con el cliente?, le pregunto. “Si vienes, no preguntas nada, coges un libro y te lo llevas, es tu responsabilidad, Pero, si preguntas mi opinión, sí soy sincera. A veces ha salido un libro de un autor muy consagrado que no vale y les digo: yo no me lo llevaría. Mentir sería echarme piedras sobre mi propio tejado. Si te doy una recomendación, es porque me lo he leído”.

Los mejores momentos en la librería son cuando alguien entra y te dice que le ha gustado mucho lo que le has recomendado. Es gente que se desplaza a verte a propósito. Es lo más gratificante”.

Luchamos porque el libro siga teniendo un precio fijo. Sin el precio fijo del libro, nos hundiríamos. Mañana

Con la caída de un 40% en la venta de libros desde el inicio de la crisis económica, las librerías independientes están viviendo un momento complicado, que se acentúa todavía más por la propia crisis del sector. “Hay muchos frentes abiertos. El libro electrónico, la falta de ayudas públicas, la saturación del mercado, las distribuidoras y los grandes grupos”.

Rosa reconoce que su punto débil es el mundo online. “Necesita una dedicación, alguien especializado, y cuando hay una sobrecarga de trabajo, sobrecargas sobre lo que más te gusta” y que lo que peor lleva es cuando alguien le pide un descuento. “Es algo que pasa con cierta asiduidad. Te sorprendería la gente que te pide descuento. ¿Cuándo van a El Corte Inglés también lo piden? Hay mucha gente que no sabe que luchamos porque el libro siga teniendo un precio fijo. Sin el precio fijo del libro, nos hundiríamos. Mañana”. 

Además, se queja de la inexistencia de ayudas públicas, con los concursos para la adquisición de fondos en las bibliotecas, la dinamización en institutos y barrios, el control del libro de texto, o campañas de fomento de la lectura, aunque reconoce que con el cambio de gobierno municipal se aprecia otra sensibilidad. Y, entre los propios libreros, hay como un resurgir del espíritu colaborativo.

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  1. Manuel Machuca

    Rosa es una librera ejemplar. Una gran lectora, una excelente consejera para encontrar buenas lecturas. Es todo un placer dejarse llevar por ella. Y Mar Cruces, su brazo derecho, es igual. Como escritor, mis manuscritos pasan por ella antes que por nadie y su opinión para mí tiene un peso que ni ella imagina. Sé que hay otros excelentes libreros independientes en esta ciudad, pero ella es mi librera de cabecera. Y bien orgulloso que estoy

    1. Author
      Sonia Domínguez

      Hay pequeños tesoros repartidos por los barrios y Yerma es uno de ellos. ¡Muchas gracias por tus comentarios, Manuel!

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